Con el desarrollo del Mundial de fútbol se invisibiliza mucho más la Liga Nacional Cubana, que arriba a su última fecha, quizás con una rivalidad sin precedentes, y que a pocos les interesa.

En la caldera de los Diablos Rojos de Santiago de Cuba se decidirá el próximo sábado el campeón de Cuba, tras el empate a 19 puntos de Diablos y Tiburones de Ciego de Ávila.

En el maltrecho terreno de Morón, salen los Tiburones de Ciego de Ávila a un partido de puro trámite frente a Granma, en la penúltima fecha de la llamada Liga Nacional de Fútbol.

Sale la banca, el líder goleador del conjunto, Sander “Keko” Fernández, apenas da uno o dos saltos para mantenerse activo, cuando el sol de las tres de la tarde de un verano, lo fuerza. Tiene problemas musculares, todavía es duda, pero dice que lo intentará. Sería una baja tremenda para el duelo final, pero los Tiburones tienen otras armas.

El uniforme que los avileños utilizan jornada tras jornada de la Liga Nacional es el del seleccionado de Colombia. Año tras año, sucede lo mismo con la asignación de la vestimenta oficial para cada equipo, la Federación Cubana de Fútbol, tiene arte para desaparecerlos, para retrasarlos. Los escándalos asoman una y otra a la Federación y nadie lo asimila.

Los dirigidos por el DT Yulier Herranz, que a su vez es el comisionado de fútbol en Ciego, saben que los tres puntos de la penúltima fecha están en sus bolsillos y que a Santiago le irá parecido en su localía contra Pinar.

De la formación titular, solo coloca al defensa villaclareño y del team Cuba, Yoisel Piedra. El santaclareño se adapta a la formación avileña luego de ser solicitado como refuerzo cuando el Expreso se quedó en la zona de descenso.

Piedra lo tiene claro: “Llegué para mantenerme en forma porque sería demasiado tiempo sin jugar, y para ser campeón con Ciego”. Jugaría a tope contra Granma, aunque los orientales no iban en busca de nada en los 90 minutos.

En la primera mitad jugaron bastante desolados, dado que, a esa hora se disputaba el Alemania-Suecia de la Copa Mundial y el público no fue a acompañarlos hasta el término de ese choque que podía determinar la eliminación teutona del torneo más importante de fútbol. Luego llegarían y colmarían las gradas, sin techado, del estadio moronero. Los primeros 45 minutos quedaron en 1-0 y, tras el complementario, se culminaba el 3-1, que pudo ser más de escándalo, pero todo se jugó a media máquina.

Iba a escribir, la “pizarra reflejó”, pero realmente, aunque había una pizarra de concreto donde colgar algunos cartones que llevaran el score, nadie se ocupó de ello. A pura memoria.

Así deambula el Nacional de Fútbol, con terrenos desdeñables, sin identidad, y con dos históricos como Villa Clara y La Habana en el descenso. Para destacar: el resucitar de otros imprescindibles como Pinar del Río (que debe terminar tercero) y Cienfuegos.

Que la última fecha todavía no presente a un campeón muestra que la rivalidad ha sido más clara en esta ocasión.

Santiago no arrolló como la temporada anterior, y a Ciego le basta un empate en la grama oriental para alcanzar el título nacional. Para los avileños sería el sexto trofeo, todavía muy alejado del Expreso que, con 15 campeonatos, es el máximo ganador en lides domésticas.

Por definir quedan las mismas viejas situaciones con el fútbol cubano: mal estado de las canchas, problemas de transportación, atrasos con los horarios, poca seriedad en las sedes, detalles como el informativo, con las pizarras, y ya de grado mayor, como el asunto de las vestimentas, y los tacos.

Al término, luego de 90 minutos, bajo 35 grados de temperatura, el futbolista cubano toma un hielo de cualquier forma y tamaño y se lo coloca en sus piernas. “Está demasiado frío, quema”, le grita Tomás Cruz, uno de los goleadores avileños de la penúltima fecha, a un entrenador. No hay resolución al problema. Es eso o nada. Mientras el mundo se mueve de la mano del Mundial, así andan Cuba y su liguilla, estancada. Al menos, habrá rivalidad por el título.