Por: Jorge Ebro / Nuevo Herald

Ninguna otra estrella joven ha despertado tanto interés en Miami como Yoan Moncada. El pelotero de 22 años llegó con la aureola del que pertenece a la mejor pelota del mundo y solo necesita empujar la puerta para entrar a las Grandes Ligas.

Entre los Medias Blancas se habla de que su ascenso es inminente, pero tras probar el bocado de las Mayores con Boston, Moncada se toma las cosas con calma, sin dejar de prepararse para el momento que cambiará su vida.

Dentro de todas las Estrellas del Futuro, el de Cienfuegos camina casi con la imagen de un veterano, con esa seguridad del convencido en la dirección de sus pasos y el respeto del que lleva alguna delantera. Nadie imagina cuán lejos puede llegar. Ni el cielo es el límite para un talento como el de Moncada.

Segundo viaje al Juego de las Estrellas del Futuro, ¿es este diferente al primero?

“No, es la misma emoción y el mismo deseo. Creo que es un reflejo de los resultados que he tenido y de ser notado. Salgo a jugar con la misma pasión y llevaré este recuerdo para siempre. Ya en el primero gané el premio de Más Valioso, eso es algo inolvidable”.

Este tiene el sabor especial de Miami, donde hay tantos compatriotas.

“Eso le da más calor y emoción a lo que uno pueda hacer. Es un orgullo para mí jugar delante de tanta gente que ha seguido lo poco que he podido hacer hasta el momento y me desea bien en este deporte”.

¿Será este juego la antesala del llamado definitivo a las Mayores?

“Todo es un proceso y no me desespero. Lo importante es mantenerme en la mejor forma para cuando llegue ese momento y no decepcionar a nadie, a la gente cercana y menos a uno mismo. Cuando suene el teléfono, ahí estaré listo”.

¿Tan confiado estás en ti?

“No es algo de arrogancia ni nada por el estilo, sino una confianza que nace de lo mucho que he trabajado. En lo ofensivo y lo defensivo he visto el progreso que nace de la dedicación, de estar concentrado en el objetivo de superarme”.

¿Qué te ha chocado más desde que llegaste a Estados Unidos?

“No ha sido ni el idioma que he ido dominando poco a poco y en el que me defiendo, ni la cultura ni otras cosas. Lo que más me ha chocado ha sido tener a mis padres en Cuba y estar solo en este país”.

¿Cómo luchas contra esa situación?

“Jugando más duro al béisbol, porque sé que eso los hará sentirse más orgullosos de mí. Cuando lean o sepan de mí solo quiero que vean cosas positivas. Quiero darles muchas alegrías”.