“Obtuve esta medalla para Cuba, lo cual es una gran satisfacción. Mi país lo necesita mucho”. Esto fue más o menos lo que dijo Anisley García, flamante campeona centroamericana, al ser entrevistada luego agenciarse su medalla de oro en las piscinas colombianas.

Debo decir que la jovencita habanera no deja de tener razón: sí, el país necesita muchísimo esta medalla, en parte para escalar en una tabla donde a la hora que pongo punto final a estas líneas estamos en el tercer puesto con 29 medallas de oro, superados por Colombia y México; pero también necesita mantener las apariencias, lo cual cada día es más difícil.

Hablamos de mantener las apariencias porque, ¿a quién queremos engañar? A fin de cuentas, el asunto de retener el primer lugar que no se pierde desde hace más de tres décadas en estas lides ya no resulta heroico, sino un gesto que ayude a frenar un poco el descrédito que va sufriendo nuestro deporte.

Es muy chévere, chévere en extremo me atrevo a decir, el triunfo de Anisley, las actuaciones de los gimnastas, las preseas que han ido cayendo en la natación, el performance de Otto Oñate en las pesas (un joven de solo 18 años), entre otras cosas que estarán por venir de seguro: soberbio.

No obstante, ellos, tan jóvenes, son los que deben ir a ese tipo de eventos, para que se vayan desarrollando, ganando experiencia, chocando con lides internacionales para que se vayan preparando de cara a eventos más exigentes en el futuro. Ellos. En barranquilla ahora mismo puedo citar que hay muchos atletas que no deberían estar ahí.

El punto no es nada malo: todos queremos participar en este tipo de competencias, la oportunidad de representar a Cuba en la arena internacional y hacerlo bien es algo que debe aprovecharse. Yo lo habría hecho sin pensarlo de poder haber sido un deportista lo suficientemente bueno. Pero me parece que, solo para mencionar dos casos, esos no eran los boxeadores que debían ir, ni los peloteros.

Marlies Mejías, la mejor ciclista cubana del momento, tras ganar la medalla de oro en el scracht. FOTO: Omara García / Tomada de Cubadabate.

Comencemos por el béisbol. Sabemos que en Cuba nos encanta hacer de la pelota un asunto de Estado. No el mejor manejado, pero si un asunto de Estado. El objetivo de llevar a este equipo con “la flor y nata de nuestros peloteros”, que ya tocó fondo cayendo tan bajo que hasta Alemania nos puede ganar, es intentar recuperar la gloria y permitirnos un triunfo, una medalla de oro, que oxigene nuestro pasatiempo nacional.

Fue muy bueno vencer a mexicanos y panameños, pero ya en el tercer juego se vieron grietas ante Puerto Rico. Y estos son nuestros mejores jugadores. Si ganan habrá bombo y platillo, seguro. Y si pierden, decepción total. Esto se podría haber ahorrado, o podría ahorrarse. En Cuba hay muchos peloteros que necesitan desesperadamente chocar con el juego a nivel internacional sin que sean necesariamente los mismos que van a        Serie del Caribe, Semana de Haarlem y cuanto torneo Dios cree, pensando que podemos ganar todos y al final no ganamos nada.

Esa segunda línea de peloteros, los Leonardo Segura, José Ramón Rodríguez, Denis Laza, que vivimos y morimos exaltando sus virtudes y al final para poco los tenemos en cuenta, es la que debería asistir a estos Centroamericanos. Ya los que están ahí no tienen nada que demostrar, fuese en este torneo en particular, o en cualquier otro de bajo nivel.

Los boxeadores son otro caso: ¿En serio Julio César la Cruz tiene que ir? Y cuando hablo del excepcional boxeador camagueyano, hablo de otros tantos. En el boxeo cubano hay figuras sobradas para armar un segundo equipo que asista a estos eventos en busca de roce. Nuestros boxeadores, que me lleno la boca de decir que son los mejores del mundo, están muy por encima del nivel que pueda haber en Barranquilla.

Si vamos a la gimnasia o al ciclismo, podemos encontrar a Manrique Larduet o Marlies Mejías que también están a otro nivel. Pero a ellos aún les daría el privilegio, pues necesitan medallas, currículum, más confianza. Asimismo, para la próxima edición, ya no deberían estar.

Hay deportistas que hay que reservarles para determinados eventos. Poderles decir “usted solo va a Juegos Olímpicos y Campeonatos del Mundo”, “lo de usted son los Panamericanos”, etc., no gastarlos en eventos donde claramente o estarán por encima del nivel o se quedarán muy por debajo. Eso es algo que hay que aprender en Cuba.

No creo que en Barranquilla estemos compitiendo con la mitad de la élite del área en estos momentos. Los principales rivales de Cuba, México y Colombia, no tienen allí a la primera línea de sus atletas, pues tienen de dónde escoger y refrescan sus filas. ¿Acaso nosotros no tenemos de dónde escoger? Me parece que sí. Que Cuba, por muy mal que ande, aún no es Belice, Martinica o Haití, sin ánimo de ofender.

Cada medalla es necesaria, sí, para mantener en alto el desdibujado orgullo de ser los primeros, en un ambiente cada día más competitivo, donde todos alrededor se desarrollan y vemos como nuestra Isla se va quedando rezagada. Pero, si llevando lo mejor, no logramos mantener la cima, será una caída libre espectacular ante naciones que no llevaron a sus pesos pesados.

Igual, el escenario es positivo: nuestros judocas, luchadores y boxeadores, deben aportar los créditos para conseguir la dudosa “hazaña” (como seguro será pintada) de mantenernos, cuatro años más, al frente de todos en la zona.