Gracias a Dios que existen los Indios con sus 70 años de maldiciones, porque si no, en el tema de franquicias ganadoras o exitosas, los Dodgers tendrían un buen puesto entre los que llevan una oscura racha.

Fue allá por el año 1988 cuando en cinco juegos batieron a los Atléticos de Oakland de la mano de Orel Hershiser, cuando ganaron su último campeonato para sumar seis y colocarse entre las mejores entidades beisboleras de la Gran Carpa.

De ahí en adelante, nada. Han tenido buenos equipos, sí, pero peor suerte. Desde hace algunos años, incluso pareció que Dodgers iban a cambiar su destino: inversiones a chorro, altos salarios, equipos de buen team work… nada otra vez.

Desde el año 2014, se ha hecho más evidente la clase de equipo que son los Dodgers, y para lo que están preparados, al menos en el papel. Una temporada clasificatoria de ensueño con 94 éxitos y Clayton Kershaw y Zack Greinke con 38 éxitos entre los dos, además de Adrián González con 116 empujadas, hacían preveer un fuerte contendiente para la post temporada. Pero los Cardenales de San Luis los liquidaron apenas en la Serie Divisional.

El 2015 parecía otro tremendo año, y los héroes del año anterior (González, Greinke y Kershaw) volvían a acaparar titulares: 90 empujadas para uno y 35 éxitos combinados para los otros. Pero la Serie Divisional los volvió a mandar fuera, esta vez derrotados por los Mets en cinco desafíos.

Para el 2016, y con la entrada en escena de Dave Roberts (salvador y villano), lograron otra vez la cima con 91 y 71. Contaron con el aporte de Corey Seager, Kenley Jansen y, por supuesto, Kershaw.

Aunque el equipo era un hospital (28 lesionados en la temporada regular), pasaron sobre los Nacionales de Washington en la divisional y llegaron a la final del campeonato, en la cual enfrentaron a los Cubs de Chicago por el boleto a la Serie Mundial. Los Cachorros terminaron con ellos es en seis desafíos, y luego acabarían con la “maldición de la cabra”, batiendo a los Indios en siete juegos.

Sin embargo, los mayores dolores llegan en los últimos dos años. Dos Series Mundiales consecutivas, pero ningún trofeo en sus vitrinas. Astros de Houston se coronó en 2017 con una Serie Mundial de infarto que se extendió al máximo de partidos y este año les tocó bailar de nuevo con la más fea: Boston, el mejor equipo del campeonato.

Ver a Yasiel Puig dos años seguidos con lágrimas en los ojos al caer en su estadio fue un espectáculo conmovedor. Parece que, al igual que dije que si un cubano quería ganar con Cleveland era mejor que se mudara de equipo, Puig podría comenzar a pensar en lo mismo, solo que quizás pocos se atrevan a ficharlo por su temperamento explosivo. En su defensa, se está portando un poco mejor.

Precisamente, hablando del cienfueguero, fue uno de los puntales que no le funcionó al conjunto: solo 250 en la World Series, para un equipo que apenas bateó 205 en la instancia decisiva. Del otro lado, Grandal, con 200, estuvo mal durante todo el año, entre banca y lesiones. Incluso, perdió el puesto de titular que había ganado por su rendimiento en 2017.

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Manny Machado estuvo muy por debajo ante los Red Sox, y el pitcheo tampoco contestó de la mejor manera. Kershaw no pudo ganar en dos salidas, Hill iba tirando una joya y fue sustituido (en una de tantas decisiones que han puesto en la palestra pública a Roberts). En fin, todo se unió para otra humillante derrota, esta menos peleada y quizás más esperada.

El futuro incierto de los Dodgers

El futuro de los Dodgers ahora pasa por tres de sus piezas: el zurdo de oro, Kershaw; Machado y Roberts. Manny se convertirá en agente libre para el próximo año, y ahora mismo ha declarado no saber qué hacer con su carrera, si seguirá jugando béisbol para Los Ángeles o lo hará en otro sitio. Roberts termina su contrato de tres años y la directiva quiere negociar condiciones para su permanencia. Lo más probable es que se quede, pues según los dueños e inversores él “no gana aún, pero ha hecho un gran trabajo”.

El tema con Klayton Kershaw es distinto. La billetera del equipo es abultada, pero quieren reducir salarios. El 22 este año no llegó a las 30 salidas, y cierto es que en el pareo vs Boston no ganó el primero y en el segundo le dieron cuadrangulares a placer. Su velocidad no es la misma y ha perdido algunas facultades en par de años, pero aún mantiene un promedio de carreras limpias y una cantidad de ponches envidiables, aunque la cantidad de rivales retirados por la vía de los strikes este año fue inferior a la de otros.

Con todo esto en la mano, los Dodgers igualmente se quieren quedar con él, pero le han puesto a escoger entre considerar un futuro fuera o quedarse con menor salario, lo que igualmente le daría al lanzador de la llamada “mano equivocada” algo más de 35 millones por campaña. Los Yankees le han puesto el ojo encima, dicho sea de paso. Otros candidatos que se han dado en las previsiones para salir son Hyun Yiun Ryu, el lanzador coreano que derrotó a Cuba en la final de las Olimpiadas de 2008 y Grandal.

El panorama se antoja entonces complicado para un equipo al que la billetera le explotó en la cara y no logró hacerse de un título. Amenazan con desmembrarse y todo lo que quedan son maniobras desesperadas para mantener un núcleo unido. Ya decía al inicio que, si los Indios no existieran, esta racha sería una de las más desgraciadas para una franquicia ganadora. ¿Durará mucho más?