El Eintracht Frankfurt arrolló a un Barcelona que soñó con la épica al final, pero que terminó por despeñarse, por enésima vez, al abismo del fracaso en Europa.  

Ya no hay excusas de parte de un equipo que se vio superado por la exuberancia física de los alemanes, que conquistaron el Camp Nou como si de un campo de recreo se tratara y se ganaron, con todos los méritos, un puesto en las semifinales de la Europa League.

El marcador final del juego mostró un 3-2 engañoso y el global un 4-3 que confundiría a más de uno que no haya visto los 180 minutos de la eliminatoria, pues el Eintracht mereció imponerse, incluso, por una pizarra superior.

En un estadio catalán que aspiraba a festejar, fueron los visitantes los que salieron por la puerta ancha, con una afición que disfrutó de lo lindo el baño que le propinaban al Barcelona, incapaz de descifrar el juego rival hasta los minutos finales, cuando todo estaba decido.

Un gol tempranero tras un penalti infantil de Eric García mostró el camino de la eliminatoria y avisó a los locales que el Eintracht no estaba de paseo y que se avecinaba una noche negra para los blaugranas.

Hasta 3-0 se vieron debajo los locales, abocados al desastre, con un Camp Nou alelado ante la confianza arrolladora de los visitantes, que sumaron el segundo con un zapatazo soberbio desde fuera del área y el tercero con una pelota cruzada desde la izquierda, a la base del poste.

Pudieron ser más, porque el Eintracht era un torbellino que hurgaba en la herida del Barcelona, en los fantasmas del pasado, en los descalabros repetidos en Europa que se cuentan ya como historias cotidianas en la Ciudad Condal.

El fútbol es un estado de ánimo y en eso, en lo físico, en la confianza, en casi todos los parámetros del juego se vio superado el Barcelona, que no encuentra cómo vencer fuera de la liga.

Pudo ser un final de infarto, una remontada épica, porque tuvo oportunidades el conjunto culé para empatar al menos -se acercó con goles de Busquets y Memphis, y gozó de varios chances-, pero ya el Eintracht vivía de su renta y resistió el último intento de asalto desesperado, con Luuk de Jong y Araujo de doble nueve.

Otro año perdido para el Barcelona, que ve derrumbarse el equipo en Europa, sin importar el pedigrí de los rivales, el favoritismo, o que el conjunto llegara en una buena dinámica victoriosa.

A la Champions se llega por la liga y solo eso le queda al equipo de Xavi, como triste consuelo para un Camp Nou que no encuentra consuelo. Triunfar en Europa, todavía, es un sueño.

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