Si preguntásemos en las calles sobre los deportes que en Cuba gozan de buena salud, a muy pocos, o ninguno, se les ocurriría mencionar la equitación. Pues, además de tratarse de una disciplina que precisa tiempo y dinero en grandes cantidades, siendo en el país notablemente escaso lo segundo, su visibilidad en los medios ha estado prácticamente reducida a la transmisión de algún que otro evento internacional. Eventos que casi siempre vienen acompañados por las voces de comentaristas nacionales que, al decir de los entendidos en el tema, “están perdidos y dicen barbaridades”.

Desvinculada del INDER por completo, la mayoría desconoce los rasgos que distinguen a esta disciplina y, sobre todo, su presencia y desarrollo en la Isla. De igual manera, es poco publicitada la existencia del Club Ecuestre de La Habana, institución que agrupa y desarrolla a sus practicantes en el país.

Si bien la historia de la hípica en Cuba se remonta a principios del siglo XX, nunca fue una práctica que arrojase resultados a destacar durante la etapa republicana. En el marco de la transformación que sacudió al país a partir de 1959, los clubes cubanos de equitación, desde siempre compuestos por la élite de la sociedad o militares de academia, se evaporaron entre políticas gubernamentales y la emigración de casi la totalidad de sus miembros.

Operando sobre un terreno prácticamente virgen y con el fin de desarrollar dicho deporte, se funda en 1962 la Escuela de Equitación Camilo Cienfuegos; en 1973 se inaugura el Club Ecuestre de la Habana; y seis años más tarde, ya los jinetes y equinos cubanos estaban participando en sus primeros Juegos Panamericanos.

Actualmente el Club Ecuestre de La Habana es la base de entrenamiento de este deporte en Cuba. FOTO: Marcel Villa.

Con más bajas que altas, el desempeño de la equitación cubana da una impresión de cierta discontinuidad desde su entrada en la arena internacional; por una parte debido a la falta de recursos, por otra a las peculiaridades propias de esta disciplina. Con respecto a esta intermitencia en torneos de renombre, Bárbaro Hernández, entrenador del equipo nacional, señala el tiempo que requiere formar el “binomio perfecto” que deben constituir el caballo y el jinete, considerados atletas tanto uno como el otro. Además de ser animales extremadamente costosos, valorados a veces en decenas de millones de dólares, los equinos orientados al deporte requieren de un prolongado proceso de entrenamiento. Hernández explica que “un caballo debe tener unos 8 años antes de competir al más alto nivel”.

Si bien se trata de una elevada inversión de trabajo y capital, desde el 2008 ello ha dejado de ser un impedimento para el desarrollo de esta práctica en el país, y la misma promete resultados y continuidad para los próximos años.

Al día de hoy, la equitación probablemente sea el único deporte en Cuba que sortea las usuales barreras económicas, pues al tratarse de una práctica autofinanciada, su funcionamiento no se encuentra sujeto a los exiguos presupuestos estatales. Ello debido a su amparo por parte de la Empresa Nacional para la Protección de la Flora y Fauna, la cual dirige Guillermo García Frías, Comandante de la Revolución que muestra un marcado interés en prácticas tradicionales del campo cubano como la cría de caballos de raza.

Dicha empresa, además de celebrar subastas de caballos en las que facturan cientos de miles de dólares, desarrolla un Programa Nacional Genético orientado al mejoramiento racial, la cría, reproducción y desarrollo de las especies nacionales e importadas. Entre las razas que hoy tienen presencia en el país, distribuidas en más de 17000 ejemplares, destacan la Árabe, el Pinto Cubano y la Real Raza Holandesa. De ésta última se realizó en 2005 su primera importación, y desde entonces todos los años se importan animales de este tipo.

Actualmente son caballos holandeses los que priman en la equitación cubana. Recién arribaron a la Isla, enviados por la Federación Ecuestre Internacional, dos instructores con el fin de impartir cursos de entrenamiento; y Mazzoleni Fulvio, entrenador originario de Italia, se encuentra contratado desde hace tres años por la empresa para colaborar en la preparación del equipo.

Bárbaro Hernández, entrenador del equipo nacional, confía en el futuro de la equitación en Cuba. FOTO: Marcel Villa.

En cuanto al desempeño en el terreno internacional, Cuba ha conseguido volver a insertarse en eventos importantes. En los últimos años se ha ido a torneos anuales efectuados en Guatemala, y a partir de la última participación se logró la clasificación a los Juegos Centroamericanos de Colombia por parte de los jinetes Rodolfo Marrero y Giraldo Abreu.

Se espera que en los próximos meses, justo antes de los Juegos, el deporte vuelva a estar bajo la égida del INDER a la par que se abandere la selección nacional, sin que ello signifique su desvinculación con Flora y Fauna. “Si sigue como va, el futuro está garantizado, en solo 10 años se han visto los logros y ya tenemos muy buenos resultados”, según palabras del entrenador Hernández.

Varias son las modalidades de este deporte, siendo el Enduro y la Doma Clásica las que mayor presencia tienen en la Isla; la primera consiste en poner a prueba la habilidad, velocidad y resistencia del caballo y el jinete; la segunda tiene por objetivo que el equino realice las órdenes del jinete con equilibrio, armonía, y actividad. Otras pocas aún no entran en el repertorio del Club Ecuestre de La Habana, en especial la referente a las carreras, conocida como Turf, práctica sobre la cual pesa una prohibición desde 1967.

Lo cierto es que el desarrollo exponencial que ha tenido lugar en la última década, dibuja un panorama alentador para practicantes y amantes de esta disciplina. Con todas las condiciones creadas, la hípica en Cuba parece estar a las puertas de su mejor momento. Falta que a su resurgimiento le acompañe una mayor divulgación en los medios nacionales, preferiblemente en las voces de comentaristas que sepan de lo que están hablando.