¿Qué seguidor del béisbol en Cuba no se ha encontrado envuelto en una discusión llevada a cabo en cualquier rincón o contexto, donde ha salido a relucir alguna que otra comparación entre un pelotero local y uno que ha desarrollado su carrera en la MLB?

En realidad, siempre ha sido algo común de nuestra idiosincrasia como cubanos a la hora de discutir el cuestionarnos las cosas los unos a los otros y, sobre todo, el tratar de hacer prevalecer el criterio propio por encima del contrario, en especial cuando a temas de béisbol se refiere. De ahí se han derivado tales comparaciones como las de quién fue mejor receptor Ariel Pestano o Iván Rodríguez, la polivalencia de Armando Capiró y Roberto Clemente, o la espectacularidad de Germán Mesa contra Ozzie Smith, por solo poner algunos ejemplos. Pero estas disputas, siempre y cuando se mantengan dentro de la subjetividad de los aficionados, no crean ningún tipo de problema.

Sin embargo, en más de una ocasión algún narrador, comentarista o miembro de la prensa especializada en general, se han hecho eco de este tipo de temática y han esgrimido estadísticas como sólido argumento para la comparación.

Partamos de un hecho básico: este tipo de análisis dista mucho de ser el correcto, ya que la evaluación de parámetros a distintos niveles de béisbol no se realiza a la ligera, por muy sencillos que parezcan acápites como el de hits, dobles o cuadrangulares.

La acción de conectar un jonrón en las Grandes Ligas no tiene igual valor en la Liga japonesa; ni obtener una base por bolas en “La tierra del sol naciente” es lo mismo que hacerlo en Cuba. Las comparaciones, a nivel estadístico, no deben hacerse nunca entre torneos distintos, ni siquiera dentro de la misma Serie Nacional, la cual no podemos ver como un torneo único e ininterrumpido debido a las disimiles estructuras que ha presentado la misma, así como el nivel competitivo que ha fluctuado a lo largo de su historia.

Ya no digamos si nos atrevemos a comparar la SNB —en cualquiera de sus etapas— y la MLB, sin demeritar nunca la calidad que ha tenido nuestro torneo doméstico en ciertas épocas, ni la de nuestros peloteros que han demostrado su valía donde quiera que se han presentado.

Aunque el filme Money Ball puso el tema en boca de todos, la sabermetría había llegado mucho antes a la MLB.

Para trasladar parámetros estadísticos de una liga a otra, la sabermetría posee una herramienta llamada “Equivalencia de Ligas”, cuya principal función es la de transportar las estadísticas obtenidas en distintos niveles del béisbol a su equivalente en otra, además de tratar de predecir el impacto que tendrá un jugador al cambiar de liga. También tiene otros usos, ya que en algunos sitios y revistas —en su mayoría norteamericanas— es común halar el rendimiento proyectado de un atleta de cara a temporadas futuras, aunque este nunca haya puesto un pie en Las Mayores.

Pero la principal función de este tipo de análisis es la de ser una de las principales armas con las que cuenta la Gerencia General de una franquicia a la hora de confeccionar una nómina y, por lo general, su utilización no es de dominio público.

Por ejemplo, cada organización de la MLB toma en cuenta sus propios criterios a raíz de la fuerte competencia que existe entre ellas. No obstante, esto es aplicable prácticamente a toda competición que existe en el mundo, desde los prospectos que se hallan jugando en las Ligas Menores a la hora de promoverlos o bajarlos de nivel, la diferencia entre la Liga japonesa (NPB) y la coreana (KBO), incluso dentro de la propia MLB al caracterizar la Liga Americana y la Liga Nacional de una manera distinta.

Normalmente la “Equivalencia de Ligas” incluye correcciones de ramas sumamente complejas del análisis sabermétrico como lo son el “Ajuste de Parque” (terrenos), o la “Expectativas de Carreras”. No obstante, en este artículo nos centraremos solamente en lo referido a la habilidad intrínseca de un pelotero en su traslación de una liga a otra.

Por supuesto, comparar el rendimiento de un atleta en un torneo y traducirlo en su equivalente en otro no es tema sencillo, ni que carezca de obstáculos con los que lidiar. Entonces, ¿cómo es que se logra? La Equivalencia de Ligas se consigue con al menos dos pasos básicos —que no necesariamente son los únicos—, al combinar la comparación del jugador con otros atletas de similares características que han dado el mismo paso, y los resultados individuales de ese atleta como parte de una liga determinada.

Para ello primero hay que tener una muestra muy grande de casos similares de jugadores que anteriormente hayan pasado de un nivel a otro. Después se hacen los ajustes pertinentes para reducir la muestra lo más posible como, por ejemplo, las características físicas que tenga cada atleta o la posición en que se desempeña.

Para comprenderlo mejor tomemos como ejemplo a un joven prospecto que se desempeña como segunda base en la clase AAA y su principal herramienta es el bateo de poder. Para tener una idea de lo que puede ser su rendimiento en la MLB se analizan a todos los jugadores que comparten sus características y que han pasado de un nivel a otro, y el rendimiento que han tenido después del cambio. Esto te permite tener una idea de cuál será la proyección futura y el impacto que ese jugador una vez pase a jugar en el “Big Show”.

En la adquisición de Ohtani por los Angels tuvo mucho que ver las predicciones realizadas por la sabermetría. FOTO: Tamada de Yahoo News.

Luego entran a jugar los resultados estadísticos obtenidos por el jugador y las particularidades de cada torneo. Un claro ejemplo lo encontramos en la Liga de Japón, donde las estadísticas de poder están dramáticamente devaluadas con respecto a la MLB. Ello significa que a la hora de evaluar a un bateador nipón es más confiable hacerlo desde el punto de vista del average o el OBP. Ello esto significa que cuando la gerencia de los Angels evaluó a Sohei Ohtani como bateador, no solo tomaron en cuenta a todos los bateadores japoneses que jugaron en ambas ligas, sino que probablemente también se fijaron en estas estadísticas que obtuvo en su carrera mientras jugo en su país natal y que podía ilustrar la clase de bateador que es.

No obstante, como ya hemos dicho, no existe una única fórmula y cada equipo de la Gran Carpa cuenta con su propio equipo de análisis para este tema, enfocado en conseguir la predicción más exacta posible.

En Cuba, indicadores como el propio OBP no ilustran realmente la disciplina del bateador a la hora de pararse en el plato, a causa de los archiconocidos serios problemas de control que presentan los lanzadores cubanos. Sin embargo, cada jugador cubano que llega al sistema de Las Mayores no deja de ser evaluado de esta forma. De hecho, hace algunos años el sabermétrico del sitio digital Baseball Reference, el periodista norteamericano Dan Rosenheck, realizó una visita a Cuba donde nos confesó la importancia vital que tuvo este tipo de análisis en la firma de José Dariel (Pito) Abreu por parte de los Chicago White Sox.

Rosenheck, quien por aquellos años era muy cercano a la Gerencia General del equipo, describió el exhaustivo estudio que realizaron acerca de las estadísticas de Abreu y su potencial impacto una vez llegara al “Big Show”. Los resultados del estudio los dejó impresionados y ellos consideran que se llevaron a un jugador de gran calibre por una ganga de contrato. Por su parte, como todos sabemos, Abreu no los hizo quedar mal.

En resumen, la “Equivalencia de Ligas” consta como una herramienta infaltable a la hora de hacer negocios en pos de conformar un equipo de béisbol. Ella se encarga de tratar de sacar una idea general al comparar y predecir los resultados que puede tener un pelotero al moverse en el mercado. Este tipo de análisis como todo en la ciencia es relativo y hay cuestiones extradeportivas que pueden condicionarlo, como las lesiones, por ejemplo.  No obstante, no por gusto en la actualidad se encuentra instaurado en todas las franquicias de la MLB a la hora jugar el “Moneyball”, ya que el por ciento de acierto es sumamente elevado.

Por ello, ningún análisis que pretenda ser medianamente serio puede pretender comparar a nivel estadístico a dos jugadores que se han desarrollado en contextos distintos, por más que disfrutemos ensalzar la calidad de nuestros ídolos locales, pues desgraciadamente muchos de nuestros grandes atletas no pudieron probarse al máximo nivel del béisbol y todo lo que pudieran haber hecho —o no—, cae irremediablemente en el campo de la especulación. Entonces, amigos aficionados y colegas del medio, siempre recuerden que las comparaciones desde la subjetividad son válidas para la añoranza, pero casi siempre se estrellan contra las estadísticas.