Si alguien ha sufrido una profunda transformación en cuanto a características en su bateo entre los peloteros cubanos ese ha sido el torpedero Erisbel Arruebarrena, quien con su demostración actual en la Liga Arco Mexicana del Pacífico parece confirmar que es ahora un bateador de poder.

El Grillo, como le conoce en Cuba, nunca se había caracterizado por dar tantos jonrones en sus primeros años y, sin embargo, demostró fuerza en su regreso a la Serie Nacional, pero lo que hace hasta ahora en México es de otra galaxia.

En la última jornada se fue de 3-2, con un bambinazo, 2 anotadas y 4 impulsadas en la victoria de su equipo, y llegó a 10 vuelacercas y se coloca como líder del torneo junto a otro bateador, lo cual confirma su metamorfosis.

Basta con mirar sus estadísticas para entender que algo ha ocurrido con el Grillo, quien hasta su regreso a la pelota cubana nunca había disparado más de 8 jonrones en ninguna de sus campañas dentro o fuera de Cuba.

Pero volvió en 2019 y fue tal su impacto que terminó como líder en vuelacercas con 19, con lo cual superó ampliamente su mayor cifra en una zafra, en una muestra inusitada de poder, aunque muchos lo interpretaron como una baja de calidad evidente en la pelota de la Isla.

De hecho, si hubiera existido un premio al Regreso del Año en la pelota cubana, al menos en 2019, lo habría merecido Arruebarrena, quien dio 19 estacazos en 227 turnos al bate, lo cual deja una extratoférica frecuencia de uno por cada 11,9 turnos al bate, sencillamente de otra galaxia, sensación reafirmada cuando miramos su slugging de 634, según datos del estadístico Arnelio Álvarez de la Uz.

“Antes de llegar a las Mayores, tendía a halar la pelota y no aprovechar todo el campo. Al hacerlo con tanta frecuencia —llegó el 55.2% en 2011—, “El Grillo” perdía buena parte de un posible mejor resultado cuando ponía la bola en juego. A ese improductivo ritmo, los rodados parecían tragárselo y no conseguía elevar la pelota con efectividad, al punto de que promedió el 53% de rollings durante sus primeras cuatro campañas”, explicaba entonces en un análisis el estadístico Yirsandy Rodríguez.

El gran salto fue en el poder, pues baste decir que su mejor frecuencia anterior había sido de 34,9 en la Serie 50, distante por completo de este superlativo 11,9.

“Ves ese swing organizado, compacto, capaz de cubrir toda la zona de strike y levantar la pelota desde cualquier punto. Es cierto que es mucho menos difícil deshilar la pelota contra el actual pitcheo del béisbol cubano, pero lo que nos muestra Arruebarruena va más allá de eso: Estás viendo un trabajo limpio y técnico en el plato, del cual varios atletas jóvenes deberían aprender”, escribió Yirsandy Rodríguez.

Por lo tanto, tamaña demostración de fuerza no es solo un milagro, pues el Grillo parece haber encontrado su faceta de jonronero que ahora ratifica en la Liga Arco Mexicana del Pacífico.

En esta incursión lleva 10 bambinazos en 85 turnos al bate, para uno cada 8.5 veces, algo de otra galaxia, con un impresionante slugging de 776, que lo coloca en un nivel superlativo.

A esto habría que sumar que ha impulsado 22 carreras para el plato, y que su línea ofensiva muestra números estratosféricos: average 400, OBP de 457 y el slugging de 776.

Con estas estadísticas, nadie duda ya de que lo de Arruebarrena no es casualidad, y se ha convertido en sus dos últimos años en todo un jonronero de la pelota cubana, dentro y fuera de la Isla.

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