A Just Fontaine le alcanzó apenas un mundial para tomar por asalto la historia del fútbol, cuando allá en Suecia anidó un total de 13 balones en las redes de sus contrarios. En 1958 Francia no ganaría la copa, pero el “Señor Dinamita” impondría un récord que aún sigue en pie.

Nacido en 1933 en Marrakech, Marruecos, Just tuvo una trepidante carrera deportiva que lo llevó a la liga francesa con solo 20 años. Con una precisión y oportunismo desconcertante, dejó su huella en cada club y colgó junto a sus botines varias copas en la primera división francesa con los planteles de Niza y Reims.

Sin embargo, el momento de consagración de Fontaine llegó en Suecia. Al mundial estuvo a punto de no asistir, pues en diciembre de 1957 precisó una operación de menisco y no fue convocado; en su lugar llamaron a René Bliart, quien sufrió un esguince grave en el tobillo antes de partir y, solo entonces, recurrieron a Just.

Seis partidos le bastaron para completar su impresionante faena: tres dianas contra Paraguay, dos ante Yugolavia y uno frente a Escocia; luego le anotó otros dos a Irlanda del Norte, uno a Brasil — en la única derrota de los franceses— y cuatro a la Alemania Federal para completar la astronómica cifra.

Marcando siete con la pierna derecha, cinco de zurda y uno de testa, Fontaine se convertía así en el jugador del momento, en un verdadero crack más allá de las fronteras galas. La Bota de Oro, por supuesto, cayó en sus manos y Francia ancló tercera en la competición por detrás de Brasil y los anfitriones.

Just Fonaine, en el Mundial de Suecia 1958.

Curiosamente, y para hacer más grande su actuación, él solo marcó en Suecia más goles que los que precisó Francia para quedarse con el título mundial 40 años más tarde, cuando en suelo propio los bleu consiguieron anotar en 12 ocasiones.

Su meteórico ascenso en el fútbol no consiguió alcanzar una década de estrellato; aunque ese breve tiempo le valió para ser escogido en 2003 como el mejor jugador del medio siglo anterior en Francia.

Aquel 1958 fue sin dudas una revelación y todos esperaban que, para la siguiente cita mundialista, Just guiara a sus compañeros a la gran final. Sin embargo, Suecia sería la primera y única aparición de Fontaine en Copas Mundiales.

Solo cuatro años más tarde, el 5 de agosto de 1962, aquejado por repetidas fracturas dobles en la pierna izquierda, el goleador de la Ligue 1 de Francia debía colgar los tacos para siempre. El marroquí tenía para entonces apenas 28 años y el talento de un genio.

 

**Esta crónica fue publicada originalmente en 2014 en el semanario Trabajadores, como parte de la sección Minuto 90.