En la noche del miércoles, 28 de agosto, le tocó a la cubana Kaliema Antomarchi vestir su judogi, para subir al tatami número dos del “Nippon Budokan” en los Juegos Olímpicos de Tokio.

Rodeada de oponentes de primer nivel, aprovechó el escenario para ofrecer una lección de entrega en cada combate y, de paso, maquillar la imagen de una disciplina deportiva que había estado lejos de sus mejores resultados.

La representante de la Mayor de las Antillas tuvo que enfrentar un camino complejo en su división de los 78 kg. El primer combate de Kaliema Antomarchi fue en la ronda de octavos de final frente a la croata Karla Prodan, a quien derrotó por Waza-ari en punto de oro, con técnica de Soto-makikomi.

Esa victoria le otorgó el boleto para encarar a la número uno del ranking mundial, la francesa Madeleine Malonga. Antes de iniciar el combate, se vieron las caras en tres oportunidades y en ninguna de ellas la cubana logró derrotar a la principal exponente de la división.

Sin ningún tipo de complejos salió al área de combate Kaliema Antomarchi. La europea lucía más fuerte físicamente, pero el ímpetu y la agresividad de Antomarchi igualaron las acciones. Tanto fue así, que Malonga logró proyectar primero a la caribeña, con una técnica de Ko-uchi-gari, que le valió para tener un Waza-ari a su favor.

Kaliema, tal vez en el mejor combate de su carrera, no bajó la guardia, y con alrededor de un minuto y 30 segundos en el reloj, se lanzó para buscar proyectar a la mejor judoca de la división. Con un poco de talento, y otro de vergüenza deportiva, aplicó una técnica de Ura-gatame para igualar el pleito.

Así concluyó el tiempo reglamentario y tuvieron que apelar al punto de oro. La atleta de Francia, contra todo pronóstico, tuvo que “sudar” para imponerse a la antillana. A esas alturas, con posibilidades para ambas, la del Viejo Continente sacó el extra y con un Ko-uchi-gare definió el combate, enviando a la cubana a luchar una medalla en el repechaje.  

Con el boleto a la discusión de la medalla de bronce en juego, Kaliema Antomarchi enfrentó en el repechaje a la holandesa Guusje Steenhuis. En una pelea que superó los ocho minutos -tercer combate seguido que encontró la decisión en el punto de oro- la cubana consiguió el Ippon con maniobra de Harai-makikomi.

Luego de seis horas de competencia, y un desgaste elevado por la exigencia de los combates y el tiempo de duración, Kaliema llegó a la discusión del metal bronceado. En esa instancia, tuvo que enfrentar a la titular del mundo, la alemana, Anna-María Wagner.

Wagner no demoró en marcarle un Waza-ari, con técnica de Uchi-mata. En esa ocasión, la judoca de Cuba no pudo revertir la pelea. Finalizaron los cuatro minutos y la medalla la consiguió la alemana. La cubana se quedó muy cerca del podio, con un quinto puesto que parece injusto para tanto sacrificio.

De igual forma, sin demeritar su valor, hay ocasiones en que las medallas son un simple complemento. Ese diploma olímpico vale como reconocimiento a la entrega, pues ella mantuvo despiertos, expectantes, a muchos cubanos, y a no pocos de ellos los hizo saltar de sus puestos con cada proyección, con cada triunfo, y les devolvió los deseos de seguir una delegación cubana cada vez más endeble.

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