Más allá del resultado final del encuentro entre Francia y Alemania, en el debut de la selección teutona y los campeones del mundo, quien esperara otro desenlace podía pecar de ingenuo.

El gol en propia puerta de Mats Hummels, quien definió mejor que cualquier delantero galo, sentenció a una Alemania cuya agonía no es de ahora, sino que se remonta, mínimo, a cinco años atrás.

Este texto supone, más que una apología de la Mansschaft, una preocupación…y seria.

El libro de Low esta gastado. Quizás este es el primer punto para señalar para un entrenador que llegó a manejar una de las mejores máquinas de fútbol del siglo, heredada de las manos de Jürgen Klinsmann y formada por otros antes que él; un grupo de jugadores que se atragantó con Italia y España y se “merendó” varias veces a Portugal para terminar empachándose de bronce, con una sola Copa del Mundo, la espectacular de 2014 y merecido premio a una generación.

Al parecer, el mandamás y la DFB no se dan cuenta de que ya no tienen a esos hombres geniales, un grupo que tenía a un jefe en cada sección del campo: Lahm, Bastian, Klose. Esta Alemania, carece de eso. De referentes, líderes, de gente capaz de traducir en éxito el libreto de Joachim. Pero él se empeña… y ahí están los resultados. Por menos que eso, Klinssmann se fue. Solo por la vergüenza de perder el mundial de 2006.

Pero esto no es cuestión solamente del libro, pues ahora vendrán los puristas a decir que si tal esquema o más cual situación: es un tema de material humano. Alemania pasó de tener en 2017 jugadores para armar dos equipos de categoría mundial a malamente luchar por armar uno que pueda medirse a sus rivales en Europa. ¿Dónde se metió todo ese talento desaparecido de la noche a la mañana?

Y si vamos a las más profundas raíces, me atrevería a culpar incluso a la Bundesliga, donde ya no se ve ese referente del delantero alemán alto, capaz de arrollar al contrario sin elegancia, pero con efectividad. En este momento, ningún delantero de referencia del top 5 de la liga doméstica, a excepción, digamos de Gnabry, está a la altura del reto. Y ya hemos visto que el bueno de Serge no es exactamente el cañonero ideal y Timo, si nos vamos fuera…pues tampoco.

A pesar de que Alemania es bastante proteccionista con sus canteranos y sobre todo con sus jugadores domésticos, mientras los equipos más fuertes adquieren sus piezas en el extranjero no han quedado, entre los de casa, muchos puntales de confianza que no vengan de equipos segundones o de media tabla. Mucho extranjero como Haaland y Lewa, pero poco de lo demás.

Aunque algunos digan que lo de hoy no fue un “desastre total” por tratarse de Francia el rival, no hay alguna otra forma de calificar la derrota, cuando un defensa como Hummels definió en propia puerta mejor de lo que lo hubiera hecho cualquier galo. ¿De qué sirve tener 60 por ciento de posesión y tirar 9 veces al arco si al final solo uno o dos van entre los tres postes?

Con esta Alemania dominante, pero sin pólvora, no cuadra la lista con el billete.  El otro referente en el ataque es Thomas Muller, un experimentado al que no se le niega su entrega y garra, pero su cartel de “sobreviviente” ya le va pesando cada vez más.

Hay ruptura en ese equipo. No se ve como el bloque que siempre ha sido, que debería ser. El plan hay que cambiarlo, se necesita mente fresca. ¿O será necesario un descalabro similar al de Rusia 2018 para reescribir como debería jugar un equipo alemán? Porque lo que están intentando, no funciona. Ya lo decía un amigo: “al parecer van a tener que jugar con un cartón de 9 y que les tiren pelotas a ver si de rebote entra alguna”.

Cualquiera podría pensar que se está siendo mal agradecido con todo el trabajo de Low, pero es preciso decir que los técnicos tienen fecha de vencimiento y la suya, estaba definida desde hacía un tiempo. Esto es una apreciación que sale del corazón, pues la debacle del último Mundial se viene nuevamente, y al parecer, para Alemania, la noche será larga y oscura.

Los caminos no se ven con claridad y el futuro lleva un trabajo que al parecer se detuvo en algún punto, y ahora no hay nadie capaz de enrumbar el “tanque teutón” a trinchera segura. No se extrañen si Alemania se “indigesta” y, tal como pasó en Rusia, no consigue salir de su grupo, que fácil no está, pero tampoco para prever una capa caída con tanto tiempo de antelación.

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