Por Charly Morales Valido

Ya me tienen un poco cansado los conspiradores que no paran de incordiar con un “malvado” complot: imponernos el fútbol como pasatiempo nacional, al tiempo que se destierra a la pelota del corazón de los cubanos.

Si los dejas, te dicen que todo es culpa del gobierno español y su Ley de la Memoria Histórica, que por obra y gracia genealógica convirtió en súbditos de La Zarzuela a cubanos reyoyos, lo mismo pichones de isleños que prietos lucumís.

Tan maquiavélica componenda es posible por la complicidad del ICRT y la Comisión Nacional de Béisbol. Los primeros, por saturarnos con lo mejor del fútbol mundial; los segundos, por haber convertido en un chiste algo que hasta hoy fue sagrado: la pelota.

Hace rato se escuchan las voces de alarma. Los profetas de este Apocalipsis llaman la atención sobre la súbita proliferación de madridistas, culés, rossoneros, hooligans y algún que otro xeneize. Se rasgan las vestiduras e invocan a los pioneros del Palmar de Junco, a Armandito el Tintorero, y se preguntan qué dirían de esto Eddy y Héctor. El primero no sé; el segundo, seguramente, “Mmmmmm…”.

Para ellos es una epidemia la conversión de los antiguos placeres,donde se armaba el pitén, en cotos del fútbol, con esqueletos de mesas escolares a guisa de portería, y sin más accesorio que un balón parapatear o gambetear. ¡Qué desastre -dicen los viejos-, cuando en este país solo se hablaba de fútbol cada cuatro años, en el Mundial!

Lo peor -protestan los críticos más homofóbicos-, es la adoración homo-erótica a tipos como Cristiano Ronaldo, siempre en busca de un pretexto para sacarse la camiseta y lucir el “six-pack”. Todos quieren ser metrosexuales o hipsters. La pinta parece importar más que el talento, y tal parece que nos invaden los clones de CR7.

Cristiano Ronaldo

Cristiano Ronaldo. Ilustración: Javier Guillén

Algunos exigen al gobierno que tome cartas en el asunto, alegando que se está matando la idiosincrasia del cubano. Sacan patrióticos argumentos como que el “baseboll”, gato viejo, o como quiera que le llaméis, sirvió, en el territorio insular, para conspirar contra la Corona española. Es curioso, sin embargo, que nunca se haya reivindicado al batos.

Pero pongámonos serios ya: córtenla con la paranoia, que no es para tanto.

A mí, personalmente, no me quita el sueño si alguna bula papal, edicto real o editorial oficialista decreta al burrito 21 o al quiquimbol como deporte nacional. La vida es más rica y otras cosas me preocupan más.

Me inquieta, por ejemplo, que La Habana llegó a tener casi 250frontones y, ahora, a casi nadie le importa un pepino la pelota vasca, o su primo criollo, la cancha, que ha pasado a ser deporte de pijos.

Me preocupa la extinción de la crítica o la crónica en la prensa deportiva -ejercicios sustituidos por el abuso del lugar común,lisonjas oportunistas o metáforas de guardarraya. Me quita el sueño que se crea que la contratación de fulano o mengano en el extranjero sea la solución a la “cagástrofe” deportiva nacional.

¿Sigo? Nah, no vale la pena. Además, ya va a empezar el Alemania-México…