Aventurarse a prever resultados deportivos es siempre riesgoso. Ni las casas de apuestas más reconocidas del mundo ni los analistas deportivos más respetados, ni siquiera los videntes más certeros logran acertar en la totalidad de sus pronósticos y es que en el escenario deportivo siempre hay un elemento que atenta en contra de la certeza absoluta, el factor sorpresa.

En más de una ocasión hemos sido testigos de equipo o atletas poco conocidos o con trayectorias deportivas carentes de resultados de nivel que llegan a un torneo de elite mundial y se coronan como campeones ante el asombro de los presentes. La actual cita olímpica de Tokio no ha sido la excepción y como muestra de ello tenemos la corona olímpica del luchador cubano Luis Alberto Orta.

Nadie podía atreverse a pronosticar un resultado así. Nadie podía pronosticarlo porque, primeramente, hablamos de un hombre que contaba con un título centroamericano solamente como su principal resultado y luego teníamos a un sorteo que dejó un calendario sumamente complicado para el gladiador habanero.

Pero si hay un deporte que siempre ha conseguido sorprendernos gratamente es la lucha, y esta vez Orta fue el matagigantes de turno. Derrotó a medallistas mundiales, remontó peleas en las que comenzó por debajo en el marcador, superó ronda a ronda camino a la final y demostró que estaba para lograr grandes cosas.

Luis Alberto Orta no creyó en pronósticos y ganó la final de los 60 kilogramos en la lucha grecorromana, para darle la primera medalla de oro a Cuba en los Juegos Olímpicos de Tokio, con una actuación que fue in crescendo durante todo el torneo.

Su primer contrincante fue el estadounidense Ildar Hafizov, a quien derrotó sin recibir un punto en contra, luego remontó un pleito complicado ante el ruso Sergey Emelin y llegó a las semifinales para protagonizar su presentación más dominante del torneo para vencer al moldavo Victor Ciobanu por superioridad técnica.

Llegó la final y como toda buena historia de Cenicienta, tenía que ser ante un gran rival. El hombre a vencer para tocar la gloria olímpica era nada menos que el local Kenichiro Fumita, un doble campeón mundial que tras dominar los 60 kgs durante el presente ciclo olímpico buscaba la corona olímpica en su tierra.

Pero las finales hay que ganarlas y Orta sabía que estaba ante la oportunidad de su vida. No se dejó amedrentar por el favoritismo o la localidad de su rival y dominó completamente la pelea, como para no dejar lugar a las dudas, como para dejar claro que quería corresponder de la mejor manera posible a su cita con el destino.

Orta ganó el título olímpico y lo hizo de forma convincente. De ahora en adelante solo el tiempo dirá que tan gloriosa será su carrera, pero si hay algo claro es que a partir de ahora siempre que piense en Tokio 2020 podrá decir que fue allí donde el Olimpo se rindió ante él.

Camino de Luis Alberto Orta a la final

Los pronósticos antes de llegar a los Juegos Olímpicos definen a los atletas con perspectivas de medallas y a los que asisten para cumplir con uno de los principales objetivo del olimpismo: participar. Luego, hay atletas como Luis Alberto Orta quienes, sin esperarlo, rompen cualquier vaticinio y se cuelan en la discusión de medallas.

Luis Alberto Orta, representante de Cuba en los 60 kg de la lucha grecorromana, fue la sorpresa en la primera jornada de competencias en su disciplina. Subió al colchón de pelea impetuoso, seguro de que conseguiría la primera victoria en su participación bajo los cinco aros

Su primer contrincante fue el luchador de Estados Unidos, Ildar Hafizov, a quien derrotó sin que este le anotara un punto. Luis Alberto consiguió cinco unidades y certificó su pase a cuartos de final, fase en la que le tocó enfrentar al atleta del Comité Olímpico Ruso, Sergey Emelin.

En ese pleito, el atleta ruso -subcampeón del mundo- salió como amplio favorito. El europeo impuso su ley desde el inicio, y logró tres puntos rápidamente. Después de que el marcador reflejó la desventaja para el cubano, algo cambió en él.

Con la pizarra en su contra, apeló un poco más al carácter y la actitud ganadora que a la calidad técnica y Luis Alberto Orta le dio la vuelta al marcador. En un “abrir y cerrar de ojos”, el eléctrico cubano superaba al experimentado ruso y estaba entrando, contra todo pronóstico, en la semifinal de los Juegos Olímpicos.

Llegar a semifinales era el mejor resultado de su carrera. Aun así, Orta se vio inconforme y el moldavo Victor Ciobanu era el último escollo para superar para arribar a la final del certamen. El antillano no solo se impuso, sino que derrotó por superioridad técnica, al contrario, para adjudicarse un puesto en la final de la cita multideportiva.

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