Luego de 28 años de espera, nuevamente un equipo matancero se alzó con la corona del béisbol cubano, al caer el telón de la 59 Serie Nacional de Béisbol, gracias al triunfo de los hombres de Armando Ferrer en tierras de Camagüey.

Esta sería entonces la décima ocasión, desde la 29 Serie, con este sistema de finales de siete a ganar cuatro, que una gran final se decide en un sexto choque, 4 juegos por 2.

Precisamente, fue Henequeneros el primer equipo que ganó en esta situación, lo hizo frente a Santiago de Cuba y fue Matanzas el último conjunto que perdió un título de esta forma, en la Serie Nacional 53 ante Pinar del Río.

Las probabilidades no rompían a favor de los visitantes, pues llegaban con sus principales cartas de triunfo agotadas, y dependiendo del brazo de Noelvis Entenza. Mientras, los de casa, sabiendo que cada juego era el último, tenían un staff mejor preparado, a golpe de Yosimar Cousín y Yariel Rodríguez. Para Camagüey, parecía la mejor oportunidad para remontar.

No obstante, a la tercera va la vencida. Esta vez Cousín no completó la segunda entrada, y aunque solo permitió dos carreras, repartió tres boletos y excedió los 40 envíos en algo más de un inning y fracción.

La respuesta fue traer a Yariel Rodríguez para que aplacara el fuego, pero el derecho, a pesar de repartir 8 ponches en tres y un tercio, también trabajó mucho, víctima de la paciencia de los bateadores de Matanzas. Cuando abandonó el box dejó una situación lo suficientemente complicada para que los Cocodrilos abrieran una brecha imposible de superar.

Por el otro lado, quizás fue la mejor salida de Noelvis Entenza en años. Con seis y un tercio de actuación estuvo nuevamente inmenso, para cerrar una temporada dónde consiguió su segundo título nacional, este con un equipo al que ya con Granma había ayudado a eliminar, cuando los Alazanes consiguieron su primera corona cubana.

Con esto, y con el apoyo desbordado de una ofensiva que vio despertar a Erisbel Arruebarruena, con Prieto, Blanco, Santoya, Raico y Jefferson en racha, fue más que suficiente para que con este nombre los matanceros y su pueblo puedan disfrutar de este éxito que les fue esquivo aun cuando fueron el mejor y más constante equipo de la última década.

Así, la «eterna promesa Matanzas», como calificara Julia Osendi ya desde 1998 a este conjunto, se consumó campeón, luego de quedar en el último lugar de la Serie anterior y con un mánager novato. Así Ferrer se convirtió en el director número doce en lograrlo, y primero desde Antonio Pacheco, en la 44 Serie.

Atrás quedaron en el intento equipos de la Atenas de Cuba que juntaron en distintos momentos a hombres de la talla de Juan Manrique, Michel Abreu, Amaury Casañas, Yoandri Garlobo, Lázaro Garro, Yosvani Fonseca o Eduardo Cárdenas….y no ganaron.

Otros que tuvieron a Jose Miguel Fernández, Joel Martínez, Guillermo Heredia, Manuel Benavides y que bajo la tutela de Víctor Mesa tocó las puertas muchas veces y, por no ganar el bueno, jamás logró el oro.

Se vio un equipo matancero con un ambiente único, celebrando todo momento, cada hit, cada jugada, cada ponche y también apoyando a todos sus compañeros, así fuera malo el desenlace. Este quizás fue el detalle medular para lograr un ascenso tan vertiginoso del fondo hasta la cima.

Este el 6to campeonato para la provincia de Matanzas, dos con Citricultores, 3 con Henequeneros y ahora por primera vez con el nombre de Matanzas. Con este nombre estuvo dos veces 2do lugar con Víctor Mesa al frente;  5 veces fue 3er lugar, 4 con Mesa y uno con Víctor Figueroa.

La final igualmente marcó el retiro de Leslie Anderson, un hombre que regresó a terminar su carrera en Cuba por una promesa a su difunto padre y miembro de aquellos equipos camagüeyanos que lucharon a brazo partido contra la aplanadora santiaguera de finales de los noventa e inicios del nuevo siglo.

También le dio a Jonder Martínez su tercer título nacional, con tres equipos diferentes: con la extinta provincia Habana, Villa Clara y ahora Matanzas, equipo con el que anunció se retiraría al final de la próxima campaña, con la posibilidad de llegar a 200 victorias.

Aunque a Miguel Borroto no le salió el salvarse en quinto juego para liquidar en casa a sus adversarios como prometió en conferencia de prensa, la verdad es que ante este equipo de Camagüey hay que quitarse el sombrero, pues tuvo muchos años de duro trabajo con una generación de peloteros que por el camino perdió varias figuras y fue capaz de regenerarse para llegar del lugar catorce al segundo, un ascenso de doce escaños.

Así cierra sus cortinas la Serie 59, que desgraciadamente no podrá llevar a sus Cocodrilos campeones a la Serie del Caribe, algo que realmente habría sido el verdadero premio a tantos años buscando ese primer lugar.

Felicidades, Matanzas.

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