Foto: Jason Miller/Getty Images.

Nadie sabe hasta dónde hubiera llegado el cubano José Fernández en Grandes Ligas, si un accidente de bote no hubiera cortado su vida cuando apenas comenzaba a despegar en el mejor béisbol del mundo.

Pero el corto tiempo que vivió en MLB, fue suficiente para deslumbrar a los aficionados y especialistas, quienes veían en él a un potencial Salón de la Fama, por su rendimiento y el carácter de líder que poseía.

El reportero de MLB.com, Joe Frisaro, compiló una lista con los cinco mejores lanzadores derechos en la historia de los Marlins, con José Fernández como primera elección.

“La interrogante que surge al pensar en el legado del serpentinero cubano es qué tan lejos hubiera llegado. El abridor falleció a los 24 años tras un accidente náutico el 25 de septiembre del 2016 — una semana después de su última apertura en las Grandes Ligas, que el lanzallamas calificó como su mejor presentación en las Mayores. Ponchó a 12 en ocho entradas — la salida más larga de sus carrera — en una victoria por 1-0 sobre los Nacionales el 20 de septiembre”, escribe Frisaro.

Hablamos de un poderoso serpentinero, que apenas jugó cuatros temporadas, lo cual da más brillo a esta selección. En ese tiempo, fue Novato del Año de la Liga Nacional en el 2013 y dos veces convocado al Juego de Estrellas.

“Tras su llegada de Cuba, Fernández inmediatamente se convirtió en una sensación en el estado de la Florida y llamó la atención de la Gran Carpa. Su arsenal era eléctrico y cada vez que lanzaba, lo hacía con gran emoción y energía”.

Para más señas, en cuatro campañas, dejó registro de 38-17 con un equipo perdedor, y un excelente promedio de carreras limpias de 2.58. Su debut fue aún más impresionante, si tenemos en cuenta que los Marlins perdieron 100 desafíos. En ese 2013, José ganó 12 y perdió seis, con promedio de 2.19 en un equipo que sufrió 100 derrotas.

“Tenía una gran alegría en el terreno. Los otros muchachos decían lo mismo cuando él lanzaba. Aunque te enfadaban algunas de las cosas que hacía, lucía como uno de los niños de Pequeñas Ligas o algo por el estilo. Ésa era la alegría con que José jugaba y la pasión que sentía cuando estaba en el terreno”, dijo Don Mattingly, tras la muerte de Fernández.

En su casa, el enorme Marlins Park, había pocos capaz de derrotarlo. Tanto fue así que, en 42 aperturas como local, obtuvo resultados fenomenales: 29-2 y su promedio era galáctico, con 1.49. Solo existía una palabra para resumirlo: fenomenal.

«Todos sabemos el impacto que tuvo en las Grandes Ligas, todas las cosas buenas que él (hizo) como cubano, como emigrante. Creo que fue el sueño de todo cubano de llegar a Estados Unidos, triunfar y tener el sueño americano y hacer lo que más le gustaba, que era jugar al béisbol. Una cosa increíble», dijo sobre el su amigo, también cubano y estrella de MLB, Aledmys Díaz.

Fernández fue una estrella truncada cuando empezaba a tejer su leyenda. Su último juego fue una joya de pícheo que, vista desde la distancia, parece ahora una despedida.

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