A Tommy Lasorda se le apagó la llama de la vida. Quienes de veras creían inmortal al veterano consejero de los Dodgers lo vieron partir en la noche de ayer, a los 93 años.

Solo 48 minutos resistió al ataque traicionero del paro respiratorio. Cuando llegó al hospital, ni sus títulos, ni su alcurnia, ni siquiera su carácter, pudieron salvarlo del abrazo de la dama flaca vestida de negro que venía por él.

Entonces Tommy Lasorda comenzó su verdadero paso por la inmortalidad, por ese tiempo en que lo van a recordar por los años que pasó envuelto en los avatares de sus amados Dodgers mas que por sus años de jugador (donde fue un estelar lanzador zurdo).

71 años pasó el experimentado guerrero al servicio de esa franquicia de Grandes Ligas. Toda una vida. A estas alturas se puede pensar que pocas personas lleguen a aguantar siete décadas en un solo lugar. La única explicación posible, es la acertada: amas lo que haces.

Dos Series Mundiales, cuatro títulos de Liga Nacional y ocho coronas divisionales marcaron el paso por la banca de los Dodgers del nacido en Kansas allá por 1927.

Tuvo la suerte incluso de que el reloj de arena no se le agotó antes y pudo ver la última victoria del equipo de sus amores, cuando se impusieron en la Serie Mundial después de seis juegos contra un Tampa Bay que no dio cuartel ni pidió tregua, y solo fue derrotado por las lagunas en su picheo y una decisión algo tonta de su entrenador.

Los de Dave Roberts finalmente le regalaron el trofeo al hombre que, justamente, había sido el último en ganarlo para Los Ángeles en 1988. En una foto una vez salió posando ante un cartel quizás escrito de su puño y letra, que decía: “estoy cansado de que pase el tiempo y no lleguemos al Clásico de Otoño”. O de llegar y terminar en fiasco. Este año, aunque hubo sobresaltos, no hubo sorpresas. Dodgers campeón, y a celebrar.

Se dice que hablaba perfectamente español, y que había lanzado durante dos temporadas para Almendares en los años 50, y que había ganado dos veces en el apartado de promedio de carreras limpias. Allí compartió sitio con otro grande, Willie Mays.

Pero si de algo pueden recordar los cubanos a Lasorda, es de Sidney 2000. Cuando fue llamado a dirigir el equipo norteamericano que intervendría en la justa, Tom dijo que iba a ganar esa medalla, y se la dedicaría al exilio cubano de Miami.

Según comenta Wilfredo Cancio Isla, periodista cubano radicado en la ciudad del sur de Florida, los exiliados aún estaban muy dolidos por lo que había sucedido con Elián González, así que la victoria prometida por Lasorda con esos matices, levantó algo el ánimo.

Una vez en el torneo, se enfrentaron a Cuba dos veces. La primera, fue en la ronda preliminar, en un juego donde Cuba molió a los jóvenes profesionales norteamericanos, a golpes y batazos. El desafío se caracterizó por ser muy físico, de encontronazos y jugadas cerradas, donde Cuba terminó imponiéndose 5-1.

Tommy Lasorda no se amilanó. Siguió su camino y con el mismo balance que Cuba, seis triunfos y un fracaso, llegó hasta la final. Ahí la cosa sería distinta.

Tommy Lasorda en Cuba
Eduardo González Martínez | Play-Off Magazine

Las indecisiones dentro del equipo cubano, del que ya se rumoreaba que recibía órdenes desde La Habana, llevaron al mánager Servio Borges a decantarse por Pedro Luis Lazo para abrir ese juego crucial, algo que dejó a todos atónitos. Pero ese día, a los norteamericanos no le importaba si era Lazo o José Ibar. Alguien iba a pagar los platos rotos.

Cuando cayó el último out, con Yasser Gómez como víctima de un tremendo fildeo del patrullero derecho norteamericano, Estados Unidos era campeón olímpico por primera vez, privando a Cuba de alzarse con la triple corona consecutiva, luego de sus triunfos en Barcelona y Atlanta.

“Cuando tomé el trabajo de entrenador del equipo de Estados Unidos no lo hice porque fui un Dodger. Los hice porque soy norteamericano y mi trabajo era hacer regresar esa medalla a donde pertenece: Estados Unidos”, dijo Lasorda el 27 de septiembre de 2000.

Por supuesto, que cuando pasó por Miami, la ciudad a la que le había prometido el oro, el homenaje fue apoteósico. “Lo sentimos como una pequeña victoria, pírrica, pero victoria al fin”, comentó Cancio.

Esa victoria del equipo norteamericano, ESPN la catalogaría como el número 4 en el top ten de mejores cierres del deporte olímpico, justo al lado de la remontada cubana protagonizada por las Morenas del Caribe en esa misma cita de Sidney para lograr la triple corona seguida, algo que más ningún otro equipo de voleibol ha hecho.

Los últimos 14 años de su carrera, Tommy Lasorda siguió ligado a los Dodgers. Quizás a muchos les sorprendió que no falleciera en su silla de consejero del mánager general, pero el elevado al Salón de la Fama de Cooperstown en 1997 prefirió mantenerse a salvo y resguardado en estos días de crisis donde la pandemia azota Estados Unidos de manera increíble… pero claro, quizás es porque no había temporada.

Tal vez, si se hubiera estado jugando, el Dodger eterno habría exhalado ahí, en su rincón preferido, en el estadio que amó, entre quienes jamás lo olvidarán. Descansa en paz, número 2. Tu dorsal ahora está en el firmamento.

Tommy Lasorda
Eduardo González Martínez | Play-Off Magazine

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