Marcel Hernández, un joven niño que comenzó a jugar sin los zapatos indicados, ni buenos balones en las calles de La Habana, siempre soñó con ser futbolista profesional. Por eso, cuando en 2012 recibió una oferta para jugar en Argentina, parecía un sueño hecho realidad.

Pero no es fácil para los futbolistas cubanos perseguir tales sueños.

En Cuba, inclusive los jugadores de primer nivel ganan unos 40 dólares mensuales y no pueden vivir de su pasión. En cuanto a jugar en el extranjero, el gobierno cubano vedaba la posibilidad de que sus deportistas saliesen legalmente del país. Las dos únicas posibilidades eran «fugarse» durante un torneo en el exterior o salir del país como un migrante más, solicitando un pasaporte y la llamada “tarjeta blanca”.

La primera opción implicaba ser acusado de “desertor” y exponerse a la prohibición de regresar al país o representar a Cuba en competiciones internacionales. La segunda incluía un proceso migratorio que podía dilatarse años e igualmente implicaba olvidarse de poner las cuatro letras en su espalda.

Hernández no deseaba pagar el precio que implicaban estas opciones y pospuso su sueño de jugar en Argentina.

Un año después, en 2013, el Instituto Nacional de Deportes (INDER), institución encargada del deporte cubano, aprobó una política que permite a los atletas fichar por clubes extranjeros. El proceso, sin embargo no es sencillo: implica una larga serie de gestiones burocráticas que contrasta con el ritmo vertiginoso al que se mueve el mercado del fútbol mundial.

En 2014, Marcel solicitó su pasaporte y tras casi un año de espera lo logró. Dada la corta vida profesional de un atleta, decidió que no tenía otra opción más que salir sin permiso gubernamental. Comenzó jugando en Antigua en primera división con los Greenbay Hoppers. Después, se mudó a República Dominicana. Ahora es uno de los mejores jugadores de Costa Rica.

La historia de Marcel no es un caso aislado. En Cuba, mayoría de los mejores jugadores han desarrollado sus carreras obviando los trámites oficiales. Muchos de ellos sufren sanciones que les impiden jugar con su selección o incluso volver al país.

Los deportistas de alto rendimiento, al igual que otros profesionales como los médicos especialistas, tienen el estatus de “regulados”. Esto significa que el Estado los considera imprescindibles para el desarrollo del país y les restringe la obtención de un pasaporte ordinario. A diferencia de lo que ocurre en la mayoría de países, donde las federaciones de fútbol son autónomas, en Cuba es el gobierno quien controla el proceso.

Dos futbolistas profesionales de Santos Laguna y Cuba.

Visita del Santos Laguna

Aunque la visa de salida fue eliminada en 2013, el proceso para que un futbolista cubano pueda fichar por un club extranjero implica, primero, hacer una solicitud de contratación a la federación, la AFC, quien la estudia. Después, es revisada por dos instancias del INDER: el comité de negociación y el de contratación y salida al exterior.

Al final, es el propio presidente del INDER, equivalente al ministro de deporte, quien tiene que dar su visto bueno.

Como explica el abogado Rolando Reynaldo, responsable de asuntos legales de la AFC, esto “produce que los tiempos de negociación se dilaten”. También viola los reglamentos de la propia FIFA cuyos estatutos prohíben a gobiernos gestionar la carrera de sus jugadores.

Aunque INDER ha creado una vía para abandonar el país de manera legal, los resultados son limitados. Actualmente, sólo seis futbolistas juegan fuera del país con autorización gubernamental. De ellos, solo dos, Yordan Santa Cruz y Daniel Luis Sáez, se encuentran entre las estrellas actuales del fútbol cubano.

En un país donde el béisbol era deporte nacional y una de las cartas del triunfo de la Revolución, el fútbol, poco a poco, está ocupando ese lugar.

Como ejemplo, cuando la Fundación del Real Madrid organizó en 2016 un taller en La Habana con la participación del célebre jugador español Emilio Butragueño, más de un centenar de niños acudieron.

A pesar de ello, el nivel del fútbol cubano no ha experimentado un gran auge. De las 211 federaciones en el ranking mundial de la FIFA, la cubana ocupa actualmente el lugar 174. Aunque la categoría sub 20 sí se ha clasificado para varios campeonatos mundiales, la selección nacional mayor no ha logrado hacerlo desde 1938. Uno de los problemas principales es que apenas disputa partidos. El año pasado solo jugaron tres oficiales.

En el 2017 solo dos jugadores locales lograron insertarse en clubes extranjeros. Uno es Daniel Luis Sáez, quien llegó con más de un mes de retraso al Atlántico de República Dominicana y se perdió el primer choque de un importante torneo.

“Con periodos de espera tan dilatados, se toma el riesgo de que fallen los contratos a última hora y se desalienta a que los clubes se interesen por otros jugadores. Al final nos afectamos los futbolistas cubanos, quienes solo podemos llegar al profesionalismo mediante la AFC”, señala Daniel Luis.

El otro atleta fue Arichel Hernández, quien recibió en octubre de 2017 una oferta para incorporarse al Atlético Independiente La Chorrera de Panamá; pero no fue hasta febrero de 2018 que logró involucrarse con dicho equipo.

La incorporación tardía de Arichel lo condujo a ausentarse de la pretemporada y a seis juegos. Los responsables del club valoraron la posibilidad de dejar sin efecto su fichaje, motivados por la demora.

Las autoridades cubanas pueden rechazar una oferta de fichaje, ignorando el deseo del jugador. Así le sucedió a Yordan Santa Cruz.

Este futbolista recibió una oferta de un club dominicano que cubría sus gastos y le ofrecía un salario de 300 dólares mensuales, casi diez veces más de lo que ganaría en Cuba, pero su traspaso no fue autorizado.

En junio de 2018, a Andy Baquero le sucedió lo mismo. Recibió una oferta para sumarse al Atlántico de República Dominicana, pero fue forzado a terminar la temporada en Cuba.

“La solución por nuestra parte -explica Rubén García, presidente del Atlántico FC – ha sido manejar con mucho tiempo de antelación los contratos. Es la única manera de operar con la burocracia de la isla”.

Ante estas dificultades, muchos jugadores cubanos han optado por ignorar los trámites oficiales.

Roberto Peraza, un futbolista habanero contratado en Dominicana desde 2017, prefirió hace algunos meses tramitar por sí mismo su traspaso de Bauger FC hacia otro club dominicano.

Con la liga comenzando, no esperarían a que las autoridades cubanas terminaran todo su papeleo.

Como ya una vez había perdido un contrato por causa de estas demoras, el jugador comenta, “O me iba por mi cuenta o perdía esta oportunidad”.

Pero esta solución tampoco es sencilla para quienes recurren a ella. Peraza, que en la actualidad es mediocampista del club dominicano Jarabacoa, no puede representar a la selección nacional durante los dos próximos años, por haber firmado sin permiso.

Algo similar le sucede a Marcel Hernández. Cuatro años después de su salida de la Isla, Marcel juega hoy en la primera división de Costa Rica y es uno de los mejores futbolistas cubanos. Ha marcado 17 goles en los últimos 20 partidos.

Recientemente, en la prensa nacional circuló la noticia que Hernández sería llamado para jugar con la selección nacional. Una semana después, un periódico cubano publicó una breve nota donde, sin más explicación, se desmentía la noticia y se aclaraba que la AFC no llamará al atleta.

Tomado de IWPR
https://iwpr.net/global-voices/cubas-less-beautiful-game