El béisbol manda en las redes sociales, las noticias explotan en cada rinconcito en una reacción en cadena. Por un lado nuestros Yuli Gurriel y Yasiel Puig acapara la atención con sus segundos jonrones en esta Serie Mundial,  convirtiéndose junto a Tany Pérez, en los únicos antillanos con dos vuelacercas o más en una Serie Mundial. Y dentro de la Isla, otro espirituano de apellido Cepeda, disparó tres vuelacercas en su debut con Pinar del Rio mientras se aferra al mítico average de 400.

 

Las noticias se abalanzan unas sobre otras. Miles de capitalinos que exigían la banca para el vástago de Víctor Mesa enmudecen con el gran slam que los salvó de la honra ante los Vegueros. Mientras en una cama del instituto cardiovascular de la Habana, el hombre que más sabe de béisbol en Cuba, Ismael Sene, está muy delicado de salud y mantiene en vela a todo un pueblo que lo quiere y lo respeta.

Bajo todo este bombardeo mediático, en medio de este ajiaco criollo de alegrías y tristezas,  una noticia pasa silenciosa por pasillos y pantanos: La actuación del Matanzas en la Serie Nacional.

Muchos retiraron sus apuestas al equipo de los yumurinos cuando el polémico VM32 los abandonó a su suerte el año pasado y algunas de sus figuras corrieron como ratas asustadas en varias direcciones.

Otro Víctor, de apellido Figueroa, tomó la bandera que quedó en el sucio fango y a fuerza de confianza y trabajo colectivo ha limpiado sus manchas.

El nuevo timonel, es figura cuando hablamos de preparación grupal, de optimización de físicos, de cargas de trabajo y de rendimiento individual, pero esta vez nos viene dando una clase magistral de salud mental, de engranajes y de confort psicológico.

Ahora mismo es el único equipo que repite dentro de esta nueva etapa, dueño de una línea central de lujo, con una alineación establecida y robusta, y un cuerpo de lanzadores con funciones específicas, y tareas especializadas.

Los aficionados esperaban la selección de un jardinero de calidad en la tanda de refuerzos, pero con la movida de Jefferson Delgado a las praderas y la entrada de Yorbis Borroto, el equipo ganó un mejor torpedero, una mejor tercera (Yurisbel Gracial) y mayor potencia de bateo en la alineación con un cuarto bate también importado (Osvaldo Vázquez)

Es uno de los equipos más estables de los últimos años, sus jugadores están adaptados a jugar series de play off, y para colmo, los refuerzos que llegaron tienen la sangre y el temple de los campeones.

¨La nueva liga¨ acaba de comenzar, se cierra el círculo de las calidades colectivas, en un abrir y cerrar de ojos descendió el bateo grupal de los equipos participantes (238 AVE), el picheo recobró sus bríos (3.45 PCL), se dan mucho más ponches que boletos (85 por 54), se abarrotan los estadios y el béisbol resurge otra vez.

Los matanceros, como buenos cocodrilos, han venido dando pasos lentos y mordidas salvajes, alejados de los malos ojos y de curiosidades mediáticas. Sin carteles de favoritismo y sin presiones externas, su afición, en silencio, vuelve otra vez a soñar con el esquivo trofeo de campeones y con coronas de laureles.

Han comenzado rindiendo a los leñadores tuneros por la fuerza, y se han llevado la serie particular a casa ganado los dos partidos que jugaron.

Subserie Industriales frente a Matanzas. FOTO: Otmaro Rodríguez

Subserie Industriales frente a Matanzas. FOTO: Otmaro Rodríguez

Las cámaras y los micrófonos andan detrás de las excentricidades de Víctor Mesa (fue suspendido por causas desconocidas por tres partidos), vigilan las movidas de Pedro Luis Lazo y alaban su cuerpo de lanzadores. Esperan por la llegada de Alfredo Despaigne y Livan Moinelo, le reservan titulares a Industriales y a los campeones nacionales de Granma y aplauden el esfuerzo de los increíbles cazadores de Artemisa.

En la Atenas de Cuba, el optimismo late lentamente en las esquinas, en los puentes, en el valle del Yumuri y en la Calle del Medio. Mientras una pregunta se susurra, trémula y desconfiada dentro de todas las casas: ¿Sera este el año de Matanzas? Nos vemos en el estadio.