Solo falta una subserie para el comienzo de los muy esperados play offs de la pelota cubana y los aficionados sienten que su alegría es directamente proporcional a sus preocupaciones.

Los aires de los nuevos tiempos siguen chocando contra los grandes muros mentales que se levantan imponentes y desafiantes alrededor de nuestro territorio nacional. Seguimos preocupados con los directores de equipos, esos que andan divorciados de la tecnología y se niegan a escuchar lo que a gritos nos dicen los números y las estadísticas.

Las estadísticas en el beisbol son determinantes a la hora de valorar a un equipo o jugador, es un condimento indispensable para trazar estrategias de juego, para confeccionar alineaciones, realizar cambios y sustituciones o simplemente para hacer vaticinios y proyecciones. En Cuba, como en otros tantos aspectos del juego, nos hemos quedado rezagados al respecto.

Aquí no sabemos de zonas calientes ni frías de los bateadores, desconocemos el rango defensivo de los jugadores al campo, no tenemos a mano la potencia de los tiros a las bases ni sabemos las distancias que recorren las pelotas cuando se van más allá de los límites del terreno. Es una utopía buscar gráficas de rendimientos individuales y hay que escarbar debajo de rocas si queremos datos muy específicos que se manejan en otros lugares del planeta.

Sin embargo, con las herramientas que disponemos, podemos extraer un poquito más el jugo a números y porcientos, podemos ayudarnos aún más a interpretar lo que está pasando en el terreno de juego.

La mayoría de nuestros directores de equipos hacen caso omiso muchas veces a las estadísticas que se esconden entre líneas, continúan aferrados a la vieja escuela del instinto y la observación, del average puro, de presentimientos y de votos de confianza.

Todos los días, estrategias disparatadas, alineaciones disfuncionales y cambios sorprendentes inundan los partidos y las hojas de anotaciones, pasando inadvertidas en muchas ocasiones, a los ojos de los aficionados, huérfanos de información.

¿Alguien sabe que Alexander Mayeta (IND) en más del 83% de las veces es incapaz de impulsar a los corredores que encuentra en posición anotadora? ¿Quién conoce que Orlando Acebey (IND) es capaz de traer en casi el 40% de las veces a esos corredores hasta el plato, solo superado en el campeonato por el increíble Danel Castro (42.71%)? ¿Sabe Víctor Mesa que su lanzador Dairon Duran es el segundo al que menos carreras le anotan en la entrada en que releva (0.39), solo aventajado por Alberto Civil (LTU, con 0.38) y el gran Jose A. García (ART, con0.37)?

¿Conocen los rivales que a Yosvany Torres (PRI) le batean de rollings en más del 65% de las veces? ¿Qué estrategia hacen los jugadores al campo cuando en el cajón de bateo esta Yuniesky Larduet (LTU) si no saben que es el pelotero que más conexiones hace por el centro del terreno (87)? ¿Tendrá alguien presente que Jorge A. Yhonson (LTU) es un zurdo que le batea 393 de AVE a los de su propia mano?

Estos son solo unos ejemplos, la probabilidad y la estadística tiene que ser parte del béisbol. Muchas veces nos preguntamos el por qué de ciertas derrotas, nos desgastamos buscando culpables y crucificamos a la persona equivocada.

Bases por bolas intencionales para lanzarle al mejor hombre conectando con corredores en circulación, relevistas que dan mucho más bases por bolas que ponches que vienen a trabajar con las bases llenas, toques de bola de sacrificio para adelantar a hombres en las bases que tienen excelentes porcientos de robos, abridores que no encajan con ciertos contrarios puestos una y otra vez contra ellos, o emergentes que no rinden en ese rol, son algunas de las estrategias desastrosas que vemos todos los días en nuestra serie nacional.

Directores novatos o testarudos, inocentes o desbordados de optimismos, abundan en nuestra pelota y andan pidiéndole peras al olmo sin mirar estadísticas.

Ahora se acercan los play offs y la Serie del Caribe, por supuesto que no hay tiempo para tapar baches, ni las cosas se arreglan de la noche a la mañana. Nuestro béisbol obsoleto seguiremos exhibiéndolo en las pasarelas internacionales y continuaremos recibiendo esos golpes que tanto nos duelen, que estremecen nuestra idiosincrasia y nuestro orgullo nacional.

Mientras, en casa, seguiremos lavando los trapos sucios y gritando con las venas hinchadas de la garganta por nuestros equipos favoritos, la sabermetria moderna continuará tocando infructuosamente las puertas de directores y analistas, y seguiremos tirándoles piedras verbales a las personas equivocadas. Nos vemos en el estadio.