Luego de lo visto ayer en la noche y parte de la madrugada cubana y con una buena victoria in extremis del equipo Cuba, al que por una vez le salieron bien las cosas, más de un comentario se ha escuchado en la calle de la posibilidad de vencer a Corea.

Incluso, cuando la oportunidad de superar a los asiáticos sea inverosímil, aún se maneja la posibilidad, traída casi por los pelos pero posibilidad al fin, de que Cuba avance aunque sea perdiendo, pues podría existir alguna posibilidad matemática.

No obstante, volviendo a la pregunta inicial: ¿se podría vencer a Corea? ¿Hay algún chance de pasar limpios a la siguiente ronda? Quien escribe, ve las opciones muy limitadas, y para eso nos basaremos meramente en el rendimiento del equipo cubano en el par de desafíos previos.

Realmente poco de malo se le puede achacar a los lanzadores. Con cinco anotaciones permitidas en 19 entradas, lucen bastante bien para las previsiones que se daban antes del torneo. Esta mañana, y antes del juego decisivo contra los anfitriones, los lanzadores antillanos promediaban para 2.37 de PCL, con 26 ponches y 13 bases por bolas, once de ellas otorgadas en el primer juego.

Los contrarios les batean para un bajísimo .203 con 13 indiscutibles y esto da la medida del desastre de los boletos contra los canadienses. Labores destacadas, la de Carlos Juan Viera y Yariel Rodríguez en el debut, mientras Lázaro Blanco y Liván Moinelo se llevaron las palmas en el segundo.

¿Qué le ha faltado a los lanzadores? Temple y control. Vladimir García y su tocayo Baños se vieron por debajo de sus posibilidades. En el caso del avileño me sigo cuestionando incluso porqué lo siguen considerando tan vehementemente como insustituible en el staff cubano. La actuación de Baños, para el olvido. Si bien se sabía que quizás no era el gran lanzador del que podría depender Cuba para buscar su pase estando Lázaro Blanco con el equipo, tiene mucho más de lo que mostró en su fugaz paso por la lomita.

Andy Rodríguez se vio quizás traicionado por los nervios y la inexperiencia a este nivel, aceptando un hit y regalando una base en su tercio de actuación. Al muchacho le falta todavía y la presión le pasó factura. Moinelo, por su parte, lleva a plausos. Defendido por Miguel Borroto tras su salida inicial, supo adaptarse al “nuevo implemento” y firmar una actuación de la que depende mucho que Cuba aún esté con vida.

Si fuéramos a evaluar, creo que el pitcheo cubano se va con una calificación de 4 en base a cinco puntos, viéndose comprometido solamente por el descontrol, factor mejorado para el segundo juego donde solo otorgaron par de boletos.

A la defensa con un solo párrafo basta, pues el .986 que exhibe el equipo está perfecto para como se fildea últimamente en Cuba. Solo una pifia emborrona el trabajo guante en mano, obra de Erisbel Arruebarurena, quien contradictoriamente es miembro de uno de los equipos que mejor defiende en el campeonato cubano: Matanzas. No obstante, para la defensa, 5 puntos. Todas las carreras fabricadas a Cuba han sido limpias, así pues no hubo costo para esa única marfilada.

Quiere entonces el destino que se reseñe de último el rendimiento ofensivo.

Hablar del bateo cubano es llover sobre mojado. Y los números no ayudan a aportar nada diferente. Solo .138 batea la tanda que Miguel Borroto se cansó de cambiar en los desafíos de fogueo, con nueve hits en 65 turnos.

El line up se ha visto maniatado por hombres de “experiencia”, como le ha dado ahora la prensa por calificar a los lanzadores rivales (porque los nuestros parece que no son experimentados), que con mejor velocidad que los caribeños y por supuesto, muchos más recursos a la hora de lanzar, les han obligado a tragarse la friolera de 21 ponches, a la vez que solo les han regalado tres boletos de libre tránsito.

Según cierto análisis expuesto en la narración oficial del partido de ayer, los cubanos le hacen swing al 85% de los lanzamientos en zona mala, confundiendo agresividad en el cajón con indisciplina táctica y un poco más. Porque… seamos honestos: ¿hace cuánto un bateador cubano no ve en nuestra pelota una slider veloz, una buena sinker, una bola de nudillos o un tenedor? Golosos se van tras esos envíos, como infante en chocolatería.

Entre Cepeda, el Grillo, Despaigne y Gracial, tienen 16 de los 21 strike-outs de Cuba. Y repito: es realmente difícil hacer algo decente cuando el grueso de la tanda ofensiva se está tomando todos los ponches.

Otro detalle: la desesperación. En el juego contra Australia, William Saavedra fue traído desde la banca, con bases llenas en la décima entrada con el objetivo de dar un fly a los jardines que trajera la de la victoria. Un hombre curtido como él, de los que mejor bateó en los topes previos al torneo (lo hizo para .353, de 17-6), le fue al primer lanzamiento, por demás alto (alto no, enorme) de un pitcher acabado de llegar, a los que normalmente, se les deja lanzar un poco, al menos hasta que marquen un strike. Eso es ABC de la pelota.

Mención especial: Yordanis Samón. Lo mejor que tiene Cuba con el madero ahora mismo. No por gusto es el segundo de los bateadores en el Premier, con .667, de 6-4, casi la mitad de todos los hits del equipo en el torneo. El otro con más de un inatrapable, es Roel Santos.

¿Los legionarios? Bien gracias. Si bien Despaigne encendió la mecha ayer y fue artífice de las dos primeras de Cuba, está bateando muy mal, para solo .125. ¿Gracial? Todavía no da un hit el “MVP de la Serie de Japón”, como ahora le llaman todos. Eso sí, logró dar el fly que, en jugada atropellada, le dio el éxito a Cuba.

El rival de esta madrugada (el juego es a las 5:00 AM, hora de Cuba), por arriba, es muy superior a los dos anteriores que ha enfrentado nuestro equipo. A pesar de no batear mucho, Corea nos saca 100 puntos de average colectivo (.238), lanza para 0.50 y fildea 1000.

Para nadie es un secreto que los juegos se ganan bateando. Con estos números de Cuba y el nivel de los serpentineros coreanos, autores de 24 ponches en 18 entradas, repito la pregunta del inicio: ¿podremos contra Corea?

No soy bueno haciendo cálculos a primera vista, pero todo indica que esta madrugada, podría acabar el camino de Cuba. No obstante, y para utilizar esa frase manida que tanto nos gusta, la última palabra la tiene el terreno. Veremos si la hacemos nuestra.