El final cubano del IV Clásico Mundial de Béisbol no se escribió el 15 de marzo de 2017. Ese final se había cocinado unos años antes—décadas—cuando la parsimonia y la tozudez de los federativos nacionales del béisbol, se volvió el instrumento justo de la demagogia. Los cambios de cara, solo han sido eso, maquillaje contra los «ataques» de aficionados y valentías esporádicas de la prensa. Las debacles en el béisbol de Cuba han sido constantes, los cambios menos. No esperemos varíe ahora porque Holanda—sí otra vez Holanda—le haya anotado tamaña paliza a la hoja de ruta criolla.

Ahora, ¿por qué tolerar llegar al día en que Holanda abusara de esa manera de un team Cuba, que aparentemente es ese de la grama del Tokyo Dome, aunque no lo es? ¿Cómo llegamos hasta aquí? En agosto de 2016 se esfumaba en el aeropuerto de París, un José Adolis García, al que le habían picado parte del pastel que significa en Cuba la Liga Japonesa. Es la noticia que todos piden que le llegue, ante una malograda Serie Nacional, que se juega a la una de la tarde, en estadios vacíos y con prospectos (no tan prospectos) y descartes (sí tan descartes). Pero Adolis no vaciló en su objetivo, aunque esa, era una jugada cantada. El avileño no era el primero, ni sería el último de una larga lista de cubanos que le apuestan al béisbol de la Gran Carpa, por probarse, por comodidad, por sueños. El día en que lo entendamos así, se habrá caído parte de la máscara que todavía en el siglo XXI nos debate entre «traidores» y acusadores de plastilina. Hay mucha demagogia en el béisbol, y eso que la «política no cabe en la azucarera».

Nunca sabremos si José Abreu, Leonys Martín o Yasmani Tomás habrían desvalijado a la Holanda de Balentien o descolocado los envíos submarinos de Makita, pero lo que sí estaba escrito es que esta Cuba—donde Alfredo Despaigne está un escalón por encima del resto—terminaría avergonzada.

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Jonrón de Alfredo Despaige. FOTO: Ricardo López Hevia

Con el equipo más mediocre que se ha llevado a un Clásico Mundial, solo podría pretenderse pasar de la primera ronda apostándole todo al partido contra Australia. Era una aspiración realista. Lo sabían Higinio Vélez, Carlos Martí y hasta el que ordeña vacas en una finca de Niquero. Eso, con la suerte de que la arrancada se dio en la zona asiática y no en la americana, como le corresponde. Si no, dos victorias y cuatro derrotas, sería el suceso plausible. Sí, a ese lamentable estado donde no se ambiciona demasiado, se ha llegado en la pelota cubana, otrora respetable en la arena internacional. Pero la culpa no es de aquellos 28, que presumiblemente inferiores, salieron al Tokyo Dome.

Por estos días, el Comisionado de las Grandes Ligas del Béisbol de Estados Unidos, RobManfred, le soltó una papa caliente a la Federación. Dijo que para (el Clásico de) 2021, Cuba tendría la posibilidad de convocar o no a los jugadores nacidos en la Isla que se desempeñan en las Mayores. Visto y comprobado por enésima ocasión, que la Isla con lo mejor de su liguilla no puede ni en una Serie del Caribe, espero que para entonces no nos continúen obligando a odiar nuestra esencia. Cuba es béisbol, pero no ese de scores lastimeros ante una novena de Europa o del Medio Oriente. ¡Habrase visto semejante anomalía!

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FOTO: Ricardo López Hevia

Quedan cuatro años y negociaciones. Espero que no los mismos rostros, ni la misma interrogante del principio. La bola ha picado todo el tiempo en zona buena, que ningún árbitro de raya, les diga lo contrario.