Cuando la CONCACAF oficializó —mediante un comunicado en su web— la descalificación de Cuba de la Copa Oro, el malestar no se hizo esperar. Jugadores, aficionados y periodistas, reflejaron consternados su parecer ante esta decisión. A un lado habían quedado los principios del juego limpio que tanto pregona FIFA: la selección cubana había sido eliminada sin siquiera tener la oportunidad de competir.

“Desafortunadamente, debido a problemas en su viaje relacionados con el Covid-19 y sus visas, y el régimen de pruebas del Covid-19 requerido, el partido de esta noche contra Guyana Francesa no se llevará a cabo… Guyana Francesa avanzará a la siguiente ronda de las preliminares y se enfrentará a Trinidad y Tobago el martes 6 de julio de 2021”, informó el ente rector del fútbol en la región.

Con este comunicado, quedaba prácticamente descartada la posibilidad de encontrar soluciones y entonces el debate se centró en la búsqueda de culpables. Una tarea que —todavía hoy— se antoja precipitada, teniendo en cuenta que solo hemos escuchado la versión de una sola de las partes involucradas.

Es que la Comisión Nacional de Fútbol, en comunicado emitido en JIT (órgano oficial del Ministerio de Deportes de en la Isla), expresó que “la selección cubana de fútbol no pudo viajar a Florida para participar en la Copa de Oro porque el Gobierno de Estados Unidos no otorgó las visas correspondientes”.

Si bien es cierto que despojar de toda culpa al riguroso procedimiento implementado por Estados Unidos para el otorgamiento de visas a cubanos sería negar la realidad, asumir que estos son los únicos responsables de que hoy la selección nacional se encuentre descalificada del torneo sería, cuando menos, ingenuo.

Y es que ya la dirección del fútbol cubano acumula tan largo historial de fracasos a nivel de gestión, que resulta difícil intentar comprender lo sucedido sin que la suspicacia no nos haga “aguantar el swing” antes de “irnos con la de trapo”.

No es la primera vez que una selección de la isla se ve envuelta en situaciones límites para la obtención del visado a los Estados Unidos. El ejemplo más sonado ocurrió en 2015, cuando Los Leones del Caribe debieron disputar su primer partido de la Copa Oro sin el entrenador y varios jugadores.

Ahora, por la actual situación de salud que atraviesa el mundo, no era difícil prever que el proceso sería más complejo, y un directivo debe ser previsor. ¿Pudo haberse solicitado antes la entrevista? ¿Cómo es posible que un mes por tierras centroamericanas no fuera suficiente para obtener el visado? ¿Acaso el presidente de la AFC, aun teniendo cargos dentro de CONCACAF, no pudo intervenir cuando la situación comenzó a ser crítica? ¿Fueron negadas las visas a todos los miembros de la delegación o solo a aquellos que no tienen nada que ver con lo estrictamente deportivo?

Son muchas las preguntas que deben ser respondidas antes de asumir como una verdad absoluta la versión que hasta ahora conocemos. La última respuesta estará en nosotros mismos, en lo que elegimos creer o no. Lo que siempre será un error es construir nuestra verdad sin escuchar a todas las partes involucradas. La Asociación de Fútbol de Cuba ya ofreció su versión de los hechos, ahora el balón está en cancha de la Embajada de los Estados Unidos en Nicaragua.   

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