El Real Madrid agregó otra hoja para el catálogo de remontadas épicas en el Bernabéu con una victoria de esas que cimientan su leyenda futbolera y disputará la final de la UEFA Champions League contra el Liverpool.   

Se vio ganador el Manchester City cuando anotó un gol en el minuto 73 y puso el global de la eliminatoria cinco goles por tres, pero el rey de Europa tenía otros planes para una noche mágica de las que casi siempre se escenifican en la capital española.

El partido transcurría por caminos menos emotivos que el de ida, con un City prudente, menos expansivo y dominador, como si no quisiera provocar a la bestia en su templo sagrado, hasta que cayó el gol de Riyad Mahrez en lo que parecía ya el ocaso del partido.

Por espacio de más de 70 minutos, el equipo de Guardiola fue pura cautela, un movimiento soso del balón sin la fluidez acostumbrada y algunos disparos peligrosos sacados por el portero blanco, y del otro lado, Madrid amagaba con embestidas repentinas y con Benzema que no estaba en su mejor jornada.

Pero se transformó el City por un espacio corto del choque con la entrada İlkay Gündoğan, con un Bernardo espectacular, y tras una preciosa jugada culminada por Mahrez, puso distancia en el marcador.

Después, tuvo en par de ocasiones el segundo gol cerca que hubiera matado la eliminatoria -o no, porque con los blancos nunca se sabe-, pero el Manchester no entendió que entraba en territorio del Real Madrid.

Sostenido hasta entonces por Thibaut Courtois, con un Vinícius Júnior contenido, un par de “chiquillos” como Rodrygo y Eduardo Camavinga se encargaron de liderar el arreón blanco que, apenas en dos minutos (90 y 90+1), le dio la vuelta, puso la pizarra 2-1, empató la eliminatoria y mandó el juego al tiempo extra, con dos tantos del primero.

Aunque quedaban 30 minutos por delante, se olía que el alargue era casi una formalidad, con un Madrid con la moral henchida, un City desvencijado y un Guardiola hundido que no atinaba a encontrar explicación.

Un penalti transformado en el 95 con sangre fría por un Benzema que apareció cuando lo necesitaban después de un partido fuera de los focos -hasta que asistió a Rodrigo para el primer gol blanco-, fue todo lo que necesitaron los locales para completar el milagro y citarse en la final con Liverpool.

Ante la pizarra definitiva que reflejaba el 3-1, el City aprendió, por las malas, que al Madrid no se le da por muerto, porque cuando no sobra el fútbol, el estado de ánimo lo lleva a completar sus resurrecciones ya habituales, aupado y jalonado por un estadio místico.

Sin más explicaciones, el Real les enseñó a los aspirantes que así se gana en la Champions League.    

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