Tanto tiempo después, todavía muchos suspiran por las Morenas del Caribe, aquellas espléndidas jugadoras que marcaron época. Mirando la televisión, en ocasiones siento nostalgia de aquellos años en que el equipo femenino de voli acaparaba titulares, pero de aquellas gloriosas épocas, tan solo quedan recuerdos como el de Río 2007, su último gran triunfo.

Los Panamericanos de Río de Janeiro 2007 no solo marcaron un antes y un después en el voleibol femenino cubano, sino que también lo hicieron con el deporte de la Isla en general. Aquellos juegos multideportivos fueron los últimos que vieron subir a la cima del podio de premiaciones a una generación dorada de las Morenas del Caribe.

En un partido final de espectáculo, en el cual las cubanas lograron vencer a las anfitrionas brasileñas y enmudecer el Maracanacinho, los recuerdos no faltan. Aquel equipo escribió historia al protagonizar, sin dudas, uno de los mejores eventos de aquellos Panamericanos.

El partido traía morbo y picante. Brasil y Cuba han sido históricamente dos selecciones que derrochan talento sobre el taraflex, pero también sacaban chispas entre ellas. Por parte de las auriverdes, el plato para cobrar venganza de lo ocurrido en Atenas 2004 estaba servido y como dicen que “se sirve fría”, Brasil las tenía todas consigo. Sin embargo, cancha por medio estaban las Morenas que intentaban continuar la tradición ganadora y por demás, bailar en casa del trompo.

La catedral del voleibol en el Gigante Sudamericano albergaba más de 12 000 aficionados quienes, a pura garganta, no dejaban de corear el nombre de su nación. A pesar de tanto estruendo en el graderío, las entonces alumnas del profesor Ñico Perdomo tenían un solo objetivo: la victoria.

Brasil estaba con todas sus piezas. Hella Souza “Fofao”, Paula Pequeno, Sheila Castro, Jacquelin Carvalho, Sassá, Thaiza Menézes, entre otras. Mientras Cuba iba de la mano de Yumilka Ruiz, Nancy Carrillo, Rosir Calderón, Zoila Barros, Kenia Carcacés, Daimí Ramírez, Yumilka Ruiz, Yanelis Santos, Yusidey Sillié, entre otras. En los banquillos, Ñico Perdomo de una lado y Jose Roberto Guimaraes del otro.

El duelo final comenzó con las brasileñas golpeando primero en un disputado primer set 27-25. Después Cuba ripostaría en el segundo parcial 25-22 y Brasil devolvería el golpe con idéntico marcador para poner el partido en punto de mate. Sin embargo, ni el guion de la telenovela brasileña más dramática narraría lo que sucedería ese día en el Maracanazinho.

El cuarto set fue sin dudas de infarto. Brasil y Cuba disertaban de voleibol sobre el Taraflex mostrando uno de los mejores partidos de la historia de los Juegos Panamericanos. Entre defensas de campo increíbles, remates de leyenda y un público encendido, Cuba logró llevarse el parcial con tanteador de 32-30. La mesa quedaba servida para el Tie Break.

No podía ser más dramático aquel final. El intercambio de golpes entre ambas escuadras era de locos. Sheila Castro y Paula Pequeno castigaban la cancha cubana, mientras que Yumilka, Nancy y Kenia devolvían los golpes por las Morenas del Caribe. El duelo se puso más tenso que nunca en los finales, pues Brasil tuvo la puntilla en sus manos en par de ocasiones, pues llegó a tener el marcador a su favor de 14-12. Pero Cuba tenía otros planes.

Las alumnas de Ñico Perdomo defendieron la cancha como leonas y atacaron con mayor efectividad que las locales. Las cubanitas no solo empataron el set, sino que se pusieron delante y cuando el marcador se ubicaba 16-15, se disputó una serie de acciones defensivas de impacto que culminaron con un remate de poca altura de Yanelis Santos que silenciaría el Maracanazinho.

El aforo de más de 12 mil aficionados enmudeció y tan solo se escuchaba el festejo de las antillanas enfundadas en un gigante abrazo y lágrimas de alegría. Net de por medio el panorama era distinto: las caras de impotencia de Fofao y las incansables protestas de Jose Roberto Guimaraes por ese último balón no tenían fin.

Aquel partido trascendió más allá de la cancha. En la conferencia de prensa el elenco brasileño descargó toda su impotencia en la sala de prensa, sobre todo Guimaraes. “Estoy seguro de que esa última pelota fue afuera, porque cayó muy cerca de mí, pero quien decidió fue el árbitro”, fueron las palabras del técnico brasileño, quien además agregó, “esa fue una pelota de suerte para Cuba”.

La histórica Fofao también se mostró dolida ante la derrota y dejó una frase para recordar ante la prensa. “Esta no es la mayor decepción de mi vida, pero sí la mayor frustración”, manifestó la estelar jugadora sudamericana.

Aquellos Panamericanos de Río 2007 pasaron a la historia como el último éxito del voleibol femenino cubano en juegos múltiples. Con el pasar de los años, la hegemonía de las Morenas del Caribe se fue diluyendo en el tiempo y hoy desgraciadamente no son ni la sombra de lo que un día fueron. Eso sí, de nuestras mentes nunca escaparán aquellas valerosas mujeres que nos hicieron latir el corazón más deprisa de lo normal.

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