Con la amenaza del coronavirus rondando y un pelotero de Industriales que dio positivo a un test rápido, saltan las alarmas y muchos se preguntan ya si es sensato jugar la Serie Nacional 60, en medio de un repunte de casos que vive La Habana, o si al menos, sería factible un nuevo aplazamiento para cuando la situación haya mejorado.

El día de ayer se supo que Osmel Cordero dio positivo a un test rápido, aunque habría que esperar al PCR, pero este hecho hace saltar las preocupaciones sobre una posible suspensión del principal campeonato del país, un alivio deportivo en medio de la falta de deportes en el país.

La Serie Nacional de Béisbol está en peligro, pero no solo por el positivo de Cordero, sino porque en medio de la situación económica del país, esta implica un gasto importante de recursos y de movimientos entre las provincias que Cuba no parece en condiciones de asumir.

Ya la crisis económica había obligado a no celebrar algunos eventos como La Liga Superior de Baloncesto de Cuba, cuyo inicio estaba previsto para el 3 de marzo, pero el Inder informó que quedaba aplazada por las “afectaciones temporales” de combustible que afronta la isla.

Lo mismo ocurrió con el Clásico Nacional de Ruta, inicialmente convocado para comenzar el 18 de febrero, que fue pospuesto para el segundo semestre del presente año, por el “recrudecimiento del bloque económico”.

Ante este escenario, se puede imaginar que la gran mayoría de los recursos estaban destinados a la Serie Nacional, la que más recursos gasta para su concreción, porque implica movimientos interprovinciales largos y estancias en hoteles.

Pero si la crisis económica no fuera suficiente de por sí, lo importante es que la salud de los jugadores también estaría en riesgo ante el coronavirus en medio de un repunte, por más que pudiera suceder que Osmel diera un falso positivo en su prueba de PCR.

Ellos estarían sometidos a desplazamientos entre provincias junto a otro numeroso personal necesario como los árbitros, entrenadores y demás integrantes de los equipos, lo cual ya implica un riesgo importante.

Claro que en este punto se podría argumentar que existen las medidas pertinentes de seguridad, y que otras ligas del mundo de fútbol, NBA y hasta MLB han vuelto a jugar, pero hablamos de condiciones diferentes a las que viven nuestros peloteros, que ni viajan ni se entrenan en las mismas condiciones.

Opciones de organización hay muchas, y quizás hasta se podría barajar reunir a varios equipos en zonas del país y jugar especies de pequeños grupos regionales sin movimiento, o que los limitarían mucho, pero habría que entrar en el desarrollo de otras fórmulas competitivas diferentes a la estructura original de 75 choques.

Pero estaríamos hablando de una carga distinta para los peloteros en el estado anímico, jugando bajo condiciones de estrés, además de la preocupación de estar demasiado tiempo lejos de las familias.

Sea como sea, si se juega la Serie, debería ser sin público, ante la amenazada de un rebrote, por más que la asistencia a nuestros estadios no sea numerosa.

Si no se controla el virus y no mejora la situación, aunque no haya peloteros enfermos, la Serie Nacional peligra por la crisis económica y de salud que azota a Cuba. Los aficionados cubanos siguen en vilo por el destino de un pasatiempo que podría representar un alivio en medio de la pandemia, porque el deporte alegra la vida, pero la realidad es que la Serie parece cerca de un doloroso aplazamiento.

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