La edición número 60 del pasatiempo nacional cubano ha traído más dolores de cabeza que alegrías a organizadores y público que la disfruta.

En un año fuertemente condicionado por la pandemia del coronavirus, y cuando otros deportes profesionales del resto del mundo que cuentan con la infraestructura debida para hacer frente a esa crisis han tenido que reinventarse, se decidió que la pelota se jugara en la Mayor de las Antillas con las mismas condiciones de siempre: pobres.

La presencia del virus ha venido a matar lo poco de espectáculo que quedaba de un deporte que, se suponía en este aniversario cerrado, debía verse diferente, sobre todo por los “nuevos uniformes” que debían responder al cambio de identidad que tanto había deseado el público.

Precisamente, esta fue una de las cosas que dejaron que desear, pues más allá de uniformes nuevos, con una imagen rediseñada, siguieron siendo los mismos: solo que en vez de tener el nombre de las provincias tenían ahora el “mote” del equipo. Esto solo en el caso del traje de home club, pues el de visitador sigue con el mismo formato.

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Conversando con varias personas, sobre todo de la capital, estos dejaron entrever su disgusto por estos cambios, pues ahora Industriales serían los Leones-Industriales- de La Habana, y ahí, como que no juega muy bien la lista con el billete. Claro, ahora dirán que los fanáticos de los Azules “siempre están en lo mismo”, pero asimilarlo es…cuando menos, difícil.

Las transmisiones de los juegos son otra estocada al pecho del “disfrute” del pasatiempo nacional. Por las restricciones de movimiento durante la crisis por el impacto del virus, solo se ha podido televisar a las provincias que tienen equipos remotos, mientras otras han quedado al lado.

Uno de los ejemplos lo describe otro entusiasta del béisbol que “no se explica, con el buen desempeño que había tenido Las Tunas, cómo no los televisaban”. Simplemente, no se puede, no hay manera. Por COVID-19 y quizás hasta por otros recursos logísticos que la agudización de la crisis en Cuba ha dejado en falta.

Los estadios vacíos es otro de los temas. Ya sabemos que por los horarios en los que se juega béisbol en Cuba, llenar un estadio o que haya una comparecencia “respetable”, es muy difícil. Ahora, por obligación, no se puede asistir a los estadios. Y esto no se señala como una deficiencia de la pelota cubana en sí, sino como el proceso que tuvieron que afrontar casi todos los deportes que decidieron hacer sus temporadas en este complicado ciclo 2020-2021, que sabe Dios cuando regrese a la normalidad.

Como mismo es triste jugar a estadio vacío en Cuba, no es tampoco muy agradable la experiencia vivida por ligas foráneas, que también debieron desterrar a la afición de sus predios. Y créanme, que por mucho sonido de público que se recree por el sistema de audio de los estadios, es triste ver jugar a los Yankees, al Liverpool o al Borussia Dortmund sin un alma en las tribunas.

Por cierto, ¿alguien sabe cuánto costará la entrada al estadio una vez que se logre alcanzar la vilipendiada “normalidad”? Porque creo que muy pocos pagarán 10 o 20 pesos por ir a ver algo más que no sea, si acaso, los playoffs.

El centro de la cuestión directamente entonces es el coronavirus y la seguridad de los peloteros. Quienes se imaginaron que el incidente de la pasada Serie Mundial, cuando debieron sacar en el medio del juego 6 a Justin Turner porque dio positivo a la COVID, no sucedería en Cuba, pues ya deben haber cambiado de opinión.

En Cuba, el primer positivo lo dio Liosvanys Pérez Ocampo, un integrante de la reserva de Ciego de Ávila, allá por los finales del mes de octubre. Igualmente, los equipos de Pinar del Río y Holguín debieron entrar en aislamiento al reportarse un caso que al final fue confirmado como falso positivo.

La semana pasada, mientras el equipo Santiago de Cuba no comenzaba la actividad beisbolera en el nuevo año por brotes de coronavirus entre sus filas, dos jugadores del equipo Cienfuegos también eran reportados como positivos.

Sin embargo, y para no perder la costumbre, la nota estridente la puso Industriales, que en un momento llegó a confirmar más de 10 contagios. Héctor Ponce, Juan Xavier Peñalver, Yusniel Rosabal, Roberto Acevedo y Yamil Rivalta fueron solo la punta del iceberg que luego reunió otros seis casos confirmados.

La Comisión entonces tomó la decisión de suspender al equipo por el resto del año, hasta que la situación se normalizara y que se cumpliera con el aislamiento para aplacar el brote, un evento tristísimo para la afición capitalina… y asumimos que más o menos para los detractores de los Azules también.

Y decimos más o menos porque siempre sabemos que, en esa rivalidad que no siempre es tan sana, siempre existe su “poquito” de mala fe.

Recordemos que Guillermo Carmona, cuando los capitalinos viajaron a Santiago, debió quejarse en una conferencia de prensa y exigir respeto para los peloteros, pues se hizo rumor general de que por venir de La Habana (siempre muy afectada por la pandemia), los peloteros iban a propagarla en la Ciudad Héroe.

“Nos miran como si fuéramos otra cosa, como si fuéramos culpables de la pandemia, porque por supuesto venimos de La Habana. No piensan que estos muchachos llevan más de un mes fuera de su casa y alejados de sus familias. Exijo respeto para mis peloteros”, afirmó Carmona en ese entonces.

Por supuesto, tampoco vamos a exonerar a la disciplina individual y colectiva de cada cual, a la hora de protegerse.

Para intentar evitar más problemas, finalmente el Consejo de Dirección del Inder ha aprobado el formato “burbuja” para las fases de cuartos de final y semifinales de la 60 Serie Nacional de Béisbol, como informaba recientemente el sitio Jit.

“Se ratifica que todos los partidos de la postemporada acontecerán a puertas cerradas para evitar aglomeraciones que favorezcan los contagios de COVID-19. Pedimos a los aficionados que disfruten esta etapa cumbre de nuestra campaña beisbolera, pero cumpliendo estrictamente el distanciamiento social y las restantes medidas aprobadas. El Inder y el ICRT llevarán el espectáculo a su casa”, afirman.

Lo demás, lo de siempre. Los juegos tienen problemas, se hacen muchos errores, el descontrol de los lanzadores campea por su respeto y los bateadores siguen haciendo su trabajo mientras la mediocridad de sus contrarios se lo permite.

Para ser la edición 60, esta serie dejará mucho que desear. Y eso que ya la pelota cubana viene dejando deudas con la afición y con la práctica del deporte desde hace tiempo. No obstante, de algo pueden estar seguros: este campeonato, malo que bueno, inolvidable sí va a ser.

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