La verdad: yo no he visto un solo juego de la Serie Nacional Sub 23. Y apostaría a que usted tampoco, a no ser que se cuente en el reducido grupo de los que tienen familiares o amigos involucrados en el campeonato. Porque la cuenta es muy sencilla. Si la Serie Nacional de Béisbol va de mal en peor, ¿qué quedará para los otros? Si donde supuestamente juega lo mejor de lo mejor la vida está patas arriba, ¿qué podemos esperar del nivel inferior? Son muchas cosas las que no andan bien. Un montón. Habría que cambiar todo lo que puede ser cambiado para que la pelota resucite, y no aparecen luces optimistas ni señales de aliento en el camino. Manda el inmovilismo. (Se altera la estructura, se introducen logos y mascotas, pero la filosofía es la misma).

Ilustración Beisbol

Ilustración: Javier Guillén

No sirven los estadios. Hay unos hoyos como cráteres delante de las tablas de lanzar, irregularidades mil en los jardines, y la hierba tiene esa cara mustia de los agonizantes. El Latino, la otrora catedral, es tan solo un anciano con andamios. Los uniformes son mayoritariamente feos, ajenos al más elemental criterio estético. Y los trofeos de campeones parecen sacados del almacén de antigüedades del viejo Charles Dickens. (Alguien, un pelotero estelar, me dijo en su momento: “Tuve pena de levantar aquello”). Seguimos. El arbitraje es deficiente –cualquier otro calificativo sonaría temeroso, eufemístico o hipócrita. Cada umpire tiene una zona propia, en las bases las pifias salen a centavo la docena, y encima no se respira autoridad bastante para, al menos, controlar los desafíos. ¿Y la prensa del béisbol? De esa prensa prefiero no decir, porque con eso digo todo sin tener que decir nada. Total, usted ya sabe… Ese contaminado ambiente enferma al espectáculo más grande de este pueblo. Lo arrincona, lo postra, lo condena sin otro mazo ni más toga que una persistente actitud equivocada que es capaz de generar errores como los 16 equipos en contienda o la prevalencia del interés “team Cuba” sobre el interés “Serie Nacional”. Yo voy a hacerle unas preguntas, y si usted tiene más de treinta años sé que va a contestarlas con nostalgia. ¿Se acuerda del ambiente que reinaba en los estadios? ¿Recuerda las narraciones de Héctor y Eddy? ¿Se le ha olvidado aquella puja hermosa entre Industriales y Santiago? ¿No recuerda ese modo tan suyo en que hacían la pelota los Marquetti y Pedro Jova, los Víctor Mesa y Casanova? ¿Será que alguien puede seguir impasible ante un periódico que dice “Esta noche, Alarcón versus Hurtado” o “Mañana, El Duque contra Arrojo”? La Serie Nacional de Béisbol se nos está muriendo de desidia. El talento se larga a borbotones, pero lo más terrible es que en lo interno aparecen personajes empeñados en darle el balazo definitivo al pasatiempo. Eso mismo, Rubén: hace falta una carga para matar decisores.