Durante la primera mitad de la etapa clasificatoria de la serie nacional de béisbol para menores de 23 años, el equipo de Villa Clara ha llamado la atención de aficionados y especialistas. Hundidos en el oscuro hueco de la tabla de posiciones, a estas alturas solo han podido llevarse la victoria en el 20 por ciento de los partidos jugados (4 de 20), a pesar de no presentar guarismos tan alarmantes comparados con otros conjuntos que participan en la contienda.

El punto, es que estamos hablando del equipo subcampeón de la temporada pasada, el mismo que hace un año se llevó la victoria en 27 compromisos de 40 posibles —solo superado por el campeón, Santiago de Cuba—, el equipo que tiene repitiendo a casi la mitad de sus atletas (13), y que, entre todos, produjeron para 292 de average ofensivo en la campaña anterior (574-168).

Su director, el máscara de nuestros equipos nacionales de hace unos años, Ariel Pestano (que repite al mando del sub 23), se ha justificado varias veces ante la prensa con una verborrea que nadie ha podido entender hasta el momento. Pero, ¿qué pasa realmente con el equipo de Villa Clara?

Nepotismo, parece ser la palabra clave, la llave mágica que abre el cofre de las dudas y las interrogantes. Desde el mismo instante que el polémico director decidió que su hijo, de igual nombre, sería el encargado de llevar los arreos de la selección, el malestar y la inconformidad se expandió como un cáncer maligno por las gradas y las peñas deportivas y ha invadido la columna vertebral del conjunto, su psiquis y su engranaje colectivo.

Pestano Jr. —con uno de los promedios ofensivos más bajos del campeonato (.217)— ha cometido cinco pasboles (líder) y solo ha capturado a cinco corredores en 13 intentos. El muchacho ha dejado mal parado a su padre.

El abandono del conjunto del desplazado Jesús Daniel Olivera, un receptor que a todas luces estaba más hecho para esa tarea y que había sido puntal hace un año —.354 de promedio de bateo, tres jonrones y 17 impulsadas—, ha puesto al descubierto las heridas internas de la tropa naranja.

Pestano, reconocido en Cuba por el número 13, está viviendo una pesadilla en su segundo año al frente del Villa Clara sub 23 de béisbol

Hace una semana, el destino, tan irónico y cruel en ocasiones, quiso que el segundo juego de la serie Villa Clara vs La Habana se jugara en Remedios (tierra natal de Jesús Daniel). Se reunió allí una de las mayores concurrencias de esta deprimente serie nacional sub 23 (casi 800 personas). La fanaticada abucheó a su propio equipo provincial provocando, además de la victoria de los azules, el nerviosismo de los Pestano. El más joven cometió una serie de imprecisiones en el partido y el veterano exjugador, hundido en su frustración y dando rienda suelta a los más oscuros rasgos de su compleja personalidad, fue expulsado por bajarse los pantalones frente al árbitro principal y abandonó el partido bajo la rechifla de sus propios parciales.

La escena ilustra parte de lo que ocurre dentro del equipo naranja, explica cómo es posible que ese conjunto batee solo para .231 de average con corredores en circulación (últimos) y solo impulse el 16 por ciento de los que están en posición anotadora (43 de 264). A mitad de torneo, Villa Clara es un equipo roto que marcha en el lugar 14 en promedio ofensivo (.247) y los bateadores anaranjados son, casi, los que más se ponchan (132 veces; lugar 15).

Solo una epidemia psicológica de grandes proporciones puede hacer que un equipo con semejante materia prima tenga un cuerpo de lanzadores abridores al que sus rivales le promedian para .300 y le anotan más de cinco limpias por juego.

Villa Clara es un elenco que tiene, pero no puede responderle a un líder, caprichoso y terco, egocéntrico y ciego, que ha decepcionado a sus parciales con su prepotencia y su nepotismo en el terreno de juego.

El equipo de Villa Clara ya está infectado hasta los tuétanos. La cura no existe o no está disponible. Ya están reservados lugares deshonrosos en las tablas de posiciones y en los libros de records. Esperemos que los encargados de tomar decisiones en el futuro tengan la dignidad y el coraje y cambien lo que debe ser cambiado. Que así sea.