La gran mayoría de los canales del mundo tienen una cartelera que usan para anunciar sus transmisiones y para que sus televidentes sepan cuándo van a colocar los contenidos. Es una forma de facilitarle al consumidor, al cliente, información básica para que ellos pueden organizarse para estar delante del TV a la hora exacta. Por supuesto, esta cartelera debe ser precisa y confiable, porque si no, le genera un problema al usuario.

Nada de esto podemos decir de la de Tele Rebelde, el canal de los deportes en Cuba, que parece más bien hecha para cumplir, para llenar un espacio en determinado sitio web o espacio promocional de la televisión.

En jornadas recientes y con motivo de la Champions, se generó un revuelo tremendo en redes sociales. Resulta que aparecía promocionada en la cartelera, a las 3 p.m. de este martes, el duelo de vuelta de octavos de final entre la Juventus de Turín y el Porto. Esto significaba que la Copa de Europa regresaba a nuestras pantallas después de estar ausente durante toda esta temporada. Muchos usuarios, por supuesto, mostraron su alegría, pero mezclada con cierta incredulidad y por eso preguntaban a fuentes externas al canal por confirmación.

¿Cómo puede ser posible que estas sean más confiables en precisar información en la programación que su propia cartelera? La respuesta la encontramos en que, horas más tarde, la cuenta de Facebook del canal en un comentario a un post, no en una publicación propia, desmentía su propia planificación.

Si esto fuera un hecho aislado no existiera la desconfianza alrededor de lo que coloca el sitio web del ICRT o las redes sociales del canal, pero el problema está en que sucede con demasiada frecuencia y para colmo, las vías para comunicarse con sus usuarios son pocas y mal utilizadas.

Para hacer una cartelera lo primero es planificar. Hay que saber qué eventos hay, qué derechos tenemos, sus horarios, con qué otro torneo coincide y qué posibilidades tenemos o no de colocarlo. Una programación no se hace de un día para otro, y mucho menos se debe anunciar, sin tener seguridad, algo que es complejo que se pueda colocar. 

¿Cuánta organización hay en un canal en el que falla la elaboración de la cartelera, en el que se envía un documento al sitio web del ICRT con un fallo inmenso y en el que parece que todo se hace de un día para el otro? ¿Cuánta organización puede haber si no se sabe ni lo que se va a poner al siguiente día en un horario determinado? ¿Cuánto se respeta al televidente si estos fallos son comunes, si las disculpas no son por los canales institucionales o nunca llegan?

Estas son algunas de las preguntas que nos hacemos los que estamos del otro lado de la pantalla esperando por un producto de calidad; esperando poder disfrutar a la hora exacta lo anunciado. Ya se sabe que nuestra televisión tiene pocos recursos y muchas dificultades, pero eso no la exime de hacer un buen trabajo.

La cartelera no precisa de un gran presupuesto, solo necesita planificación, coherencia y ganas de trabajar. Ser un canal público no da coartada para la irresponsabilidad con la audiencia, no da derecho a hacer un trabajo improvisado. No puede ser que la cartelera y la programación se hagan solo para cumplir con una carga laboral y no pensando en los usuarios.

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