Cuando a principios de los sesenta del pasado siglo se hizo evidente hacia dónde enfilaba el país, muchos creyeron que los días del tenis en Cuba estaban contados. Deporte propio de las élites y con un origen francamente aristocrático, era de esperar que no tuviese lugar en la nueva sociedad y pasara a engrosar las memorias del subdesarrollo. A fin de cuentas, el golf, otro popular pasatiempo entre las clases altas, también había sido —por entonces— suprimido y denostado públicamente por Fidel Castro.

Sin embargo, para sorpresa de muchos, el llamado deporte blanco no corrió la misma suerte, y si bien nunca se encontró entre las prioridades del INDER cuando de asignar presupuesto se trataba, no llegó a sufrir mayores afectaciones por la falta de recursos, en especial gracias a la ayuda que —hasta hoy— brinda la Federación Internacional de dicho deporte.

Además de México, Cuba es el único país de la región que ha estado en el grupo mundial de la Copa Davis y en niveles altos de la Copa Federación, pero en los últimos tiempos rara vez hemos oído alguna referencia a tenistas nacionales en la prensa deportiva.

En la Cuba de hoy todo aficionado al deporte tiene por lo menos una idea de quien es Roger Federer, Novak Djokovic o Rafael Nadal; pero a muy pocos les suenan los nombres de Yusleydis Smith, Yamilé Fors, Osmel Rivera u Omar Hernández, atletas que encabezan el tenis cubano en la actualidad. De igual manera, pero por diferentes razones, es desconocido Reynaldo “Rey” Garrido, quien fuera uno de los mejores tenistas que ha visto el país y ganador del Canadian Open en 1959, pero cuyo historial deportivo en la Isla fue evaporado cuando decidió emigrar a Estados Unidos en 1964.

También ausente de las menciones oficiales, aunque algo más conocido, es el nombre de Mario Iván Tabares, mejor tenista cubano de todos los tiempos y quien se repartiera con Juan Antonio Pino todos los campeonatos nacionales entre 1988 y 1993, llegando por esos mismos años a codearse ambos con la élite internacional hasta incluirse en el Grupo Mundial y situándose entre los 150 primeros en el ranking de la Asociación de Tenistas Profesionales (ATP).

Yusleydis Smith, actual líder entre las féminas cubanas. FOTO: Marcel Villa

Aquella fue, sin dudas, la época dorada del tenis cubano. Una época que terminaría con la partida de Tabares en 1995 —también en dirección Norte— y el inesperado retiro de Pino unos cuatro años después.

Hoy, según palabras de Wilfredo Henry, jefe de entrenadores del equipo nacional, el Tenis en Cuba se encuentra en uno de los peores momentos de su historia. Así, en gran medida, por la frecuente emigración de deportistas y entrenadores, entre otras causas.

Aunque de acuerdo con las estimaciones de la Federación Cubana de Tenis, existen en la Isla unos 2000 jugadores con aspiraciones competitivas bajo la guía de entrenadores muy bien calificados, en ocasiones se siente la falta, en especial en las provincias, de los recursos necesarios para una correcta preparación.

En las competencias juveniles los tenistas cubanos aún tienen buenos resultados, pero a partir de entonces —si es que no deciden probar suerte en otros lares— empiezan a estancarse. Su evolución no se concreta, pues permanecen en casa cuando debieran estar compitiendo en eventos de carácter internacional, medio imprescindible para adquirir experiencia y ascender posiciones en el ranking.

“Hoy tenemos atletas muy buenos, pero carecen de un desarrollo competitivo amplio, y eso en el tenis es fatal”, nos explica Henry, remarcando la importancia de participar en, al menos, unas 25 competiciones al año. Tal es la cantidad necesaria para que un tenista logre desarrollarse a plenitud, pero los cubanos apenas participan en dos eventos anuales, como promedio.

Wilfredo Henry, Jefe de Entrenadores del equipo nacional de tenis. FOTO: MArcel Villa.

Mas, si bien podemos hablar de un declive desde finales de los noventa, la situación actual presagia un resurgimiento del tenis en la mayor de las Antillas.

En el 2017, por primera vez en 7 años, la selección cubana jugó un torneo profesional. “Los muchachos mostraron un buen nivel, alcanzaron puntos y eso es una buena muestra”, nos cuenta optimista Wilfredo Henry, quien acto seguido remarca el talento de sus jugadores al hacer énfasis en su falta de fogueo a nivel internacional.

Hoy, jóvenes promesas como Osmel Rivera (único jugador cubano incluido en el ranking de la ATP) y Yusleydis Smith (campeona nacional en repetidas ocasiones), se proyectan como las principales figuras con las cuales, en los venideros Juegos Centroamericanos, el equipo espera obtener dos medallas de bronce, siendo especialmente dura la competencia entre las damas.

De igual manera vale destacar la ayuda recibida por Kids on the Ball, una organización estadounidense sin ánimo de lucro que, en el marco brindado por el acercamiento —ahora estancado— entre los gobiernos de Cuba y Estados Unidos, donó el pasado año unos 750.000 dólares materializados en todo un contenedor de equipamiento deportivo; así como en la providencial rehabilitación de las canchas del Centro Nacional de Tenis. Al día de hoy esta ONG, que desde hace algún tiempo venía ayudando al desarrollo de esta disciplina en la Isla, se ha visto obligada a distanciarse a causa del enfriamiento de las relaciones entre ambos países.

Sin embargo, es harto sabido que un deporte de alto rendimiento no puede depender de la caridad de personas e instituciones, tampoco de funcionarios bien intencionados. Las donaciones, debido a su carácter esporádico, solo tienen un efecto temporal; si bien pueden ser muy generosas, no alcanzan a cubrir el monto necesario para garantizar unas condiciones óptimas a los atletas.

La entrada en escena de patrocinadores que brinden al tenis un financiamiento sostenido es una opción a la que, actualmente, está abierta la Federación Cubana. Pero en cualquier caso tal patrocinio estaría centralizado en la institución y en ningún caso en atletas específicos. Dicho sea de paso, este último tipo de ofertas no han faltado en los últimos tiempos.

Centro Nacional de entrenamiento de tenis de campo. FOTO: Marcel Villa.

De materializarse dejarían de ser comunes las situaciones generadas por la falta de recursos, tales como el mal estado de las instalaciones o la imposibilidad de asistir en el año a más de dos torneos fuera del país, lo cual impide a los jugadores asegurarse un lugar en las competiciones importantes al no poder sumar los puntos requeridos, puntos que a su vez resultan imprescindibles para despertar el interés de alguna empresa dispuesta a invertir en ellos.

Ciertamente se abren nuevas opciones para el tenis en Cuba como parte de la apertura implementada por el INDER, aunque no es suficiente. Hoy la ayuda por parte de ONG´s como Kids on the Ball se ha visto dificultada, pero sí se mantiene el apoyo de la Federación Internacional y contamos con buenos entrenadores y talentos. Solo faltaría entonces un último empujón —inherente a una mayor apertura— que permita a nuestros tenistas acceder a los niveles que, por su calidad, les corresponde, para una vez allí consigan proyectarse en todo su potencial.