Sustituir a Edgar Davids fue lo primero que hizo cuando estrenó la camiseta de Holanda, hace ya 15 años. El peso de la responsabilidad no le amilanó, y demostró que había llegado a la Orange para ser uno de los más grandes.

Wesley Sneijder se retiró días atrás ante Perú, a sus 34 años. Lo último que dijo fue que a la selección “no la iba a olvidar nunca en su vida”. A pesar de la poca repercusión, por no ser Buffón o Robben, toda la Johann Cruyyf Arena de Ámsterdam se levantó a darle el adiós.

Buscar los inicios de este hombre no es difícil. Aunque empezó en el Utrecht cuando aún se le conocía como DOS, rápidamente dio el salto al Ajax, histórico europeo, que lo acogería durante los siguientes cinco años, y para quienes convertiría 59 goles en todas las competencias.

Wesley Snider vistió una camiseta hecha con retazos de todas las camisetas con las que había defendido los colores de la selección nacional holandesa. Foto: sneijder10official.

Wesley Snider vistió una camiseta hecha con retazos de todas las camisetas con las que había defendido los colores de la selección nacional holandesa. Foto: sneijder10official.

La hegemonía holandesa del PSV Heindhoven impidió que Wesley y su Ajax brillaran más, con un equipo para nada despreciable, donde destacaban jóvenes futbolistas como Rafael Van der Vaart, Christian Chivu, Zlatan Ibrahimovic o Andy van der Meyde.

La Naranja Mecánica

Luego de un Campeonato Mundial en 2006 en el cual Holanda fue eliminada -en un duelo de patadas y tarjetas frente a Portugal conocido como la “Batalla de Núremberg”-, en que el joven jugador no pudo perforar las redes una sola vez en sus cuatro apariciones, llegó el Real Madrid a su vida.

Sin embargo, y como pasó con esa generación de holandeses que arribaron al club merengue por la puerta ancha, el pequeño jugador debió marcharse por la puerta trasera, sin mucho ruido, preocupado y algo más que maltrecho. Par de lesiones más la llegada de Cristiano Ronaldo y Kaká apresuraron su salida hacia el Inter de Jose Mourinho, por 16 millones de euros.

“Lo que ha pasado conmigo es una cosa muy rara. El míster dice que cuenta conmigo pero hay gente en el club que no cuenta. Es algo muy fuerte lo de este equipo”, dijo. Fue tratado muy mal en aquellos días e insistió en que estaba contento de llegar al Internazionale.

El 2010 fue un año de ensueño: con el Inter ganaría el triplete y con Holanda caería en la final de la Copa del Mundo ante la maravillosa España de Vicente del Bosque. Fue nominado entre los 23 del balón de Oro, incluido en el Once Ideal de la FIFA, y fue uno de los máximos anotadores del torneo. Sin embargo, no ganó nada. Lionel Messi, inexplicablemente, se alzó con los dos galardones que pudieron ser del holandés.

Las lesiones aparecieron más seguidas en su carrera, coincidiendo de paso con el inicio de la crisis del Inter, que no levantaba cabeza. Incluso en 2013, solo disputó cinco partidos de Liga debido a sus dolencias. Su sentencia estaba firmada: al finalizar la temporada se fue al Galatassaray.

No obstante, regresó por sus fueros en 2014, para la Copa del Mundo de Brasil, donde volvió a ser uno de los referentes de la Naranja Mecánica de Louis van Gaal. Fue el único que repitió en el once ideal del Mundial y ayudó a su equipo con un gol en el camino hacia las semifinales, en la cual cayeron ante Argentina en penales. Obtendría la medalla de bronce después, cuando los holandeses golearon a los anfitriones, muy desmoralizados tras el abrumador 7-1 que les propinara el campeón, Alemania.

Convirtió 31 goles con la selección, en 132 desafíos. En su despedida lució una prenda sui géneris, una camiseta hecha con retazos de todas las camisetas con las que había defendido los colores de la selección nacional holandesa. La pieza estaba rematada con las banderas de Brasil y Holanda que adornaron el uniforme anaranjado durante el Mundial de 2010, cuando le dio el tiro de gracia con su gol de cabeza a los sudamericanos.

Quincy Promes, jugador del Sevilla, medianamente conocido, tuvo que hacer entonces lo que Sneijder una vez: sustituir a un grande. Mientras Wesley se alejaba de la cancha, cada uno de sus compañeros se acercaron a darle un abrazo. El último fue Ronald Koeman, el entrenador. “Se acabó, es todo. Mi último partido… con la camiseta naranja”, dijo Sneijder. “Todo tiene su final”.