La temporada es atípica, está amenazada por el coronavirus y tiene menos calidad que antaño, pero un clásico siempre es un clásico: el choque entre Industriales y Santiago de Cuba siempre levantará pasiones en la pelota cubana.

Pese a las horas bajas de nuestro pasatiempo nacional, quizás nunca se añoró más el regreso de la Serie Nacional que en estos tiempos, para traer algo de alegría en tiempos de pandemia, y nada mejor que esta vieja historia de rivalidad para darnos esperanzas: el clásico de la pelota cubana.

Boris Luis Cabrera nos contaba tiempo atrás en estas páginas que cuando aquella fría noche de marzo de 1967 el lanzador de los orientales Manuel Alarcón dejó sin carreras a la ofensiva de los Industriales mientras les recetaba catorce ponches en un estadio Latinoamericano repleto, para cortarles una racha de cuatro títulos consecutivos, pocos imaginaron que estaría naciendo una rivalidad deportiva que perduraría en el tiempo.

“El cobrero”, como era conocido el diestro santiaguero, mandó a cerrar la trocha para que saliera la comparsa del “Cocuyé” y les demostró a todos los provincianos que los capitalinos no eran invencibles y que esos “guajiritos” que habitaban las zonas rurales del país también sabían jugar a la pelota.

Desde entonces, las simpatías de los aficionados por sus equipos favoritos se fueron transformando en pasiones desenfrenadas y alimentadas por regionalismos, orgullos y complejos de inferioridad, provocaron rivalidades clásicas que no han podido borrarse de sus mentes a pesar de cambios sociales o decadencias beisboleras, pasando como una herencia a través de las generaciones.

El equipo Industriales desde aquella noche ha logrado ocho coronas más en nuestros campeonatos domésticos y los santiagueros, nacidos como conjunto después de la división político-administrativa de 1976, también se han sentado ocho veces en lo más alto del podio desde entonces.

Muchas son las historias que se han vivido en los terrenos de juego y en los graderíos de los estadios a lo largo de estas Series Nacionales protagonizadas por estos icónicos equipos en el clásico de la pelota cubana, al punto de convertirse por muchos años en el duelo más esperado de todos, sin importar el lugar que ocupen en ese momento en la tabla de posiciones.

La fanaticada no podrá olvidar nunca aquella final memorable de 1999 cuando los santiagueros se colgaron de los brazos de Norge Luis Vera y Ormani Romero para arrebatarles el título a los Industriales y comenzar una dinastía que duró tres temporadas, ni aquellas tres victorias consecutivas azules del 2006 con Rey Vicente Anglada al frente para llevarse el campeonato ayudados por un espectacular bambinazo de Alexander Malleta y un picheo efectivo de Frank Montieth.

Tampoco se podrá borrar de la memoria la victoria oriental del año siguiente a costa de los capitalinos, otra vez con Vera y Alberto Bicet haciendo de las suyas en el montículo y los bates encendidos de Alexei Bell y Reutilio Hurtado, como tantos otros desafíos fuera de la discusión directa del título donde se escribieron páginas gloriosas que hicieron del béisbol el centro de atención de la mayoría de los habitantes de este país.

Una muestra de que el clásico de la pelota sigue levantando pasiones la encontramos en 2019, cuando bajo la lluvia, con amenaza de suspensión, pero el clásico Industriales-Santiago de Cuba de la pelota cubana despertó la polémica nuevamente, esta vez llegada de la mano de otro clásico, el Barcelona vs Real Madrid de fútbol.

Lo que se pensó imposible para muchos, tiempo atrás, ocurrió y fue tomado casi como un agravio para los seguidores del béisbol cubano: en lugar del desafío entre los dos grandes de Cuba se pudo disfrutar del choque entre los equipos de La Liga, que tiene una fanaticada creciente en la Isla.

“Si a un clásico del deporte nacional Santiago-Industriales tú me lo quitas para ponerme un clásico de fútbol de España ya apaga y vete (…) ¿qué mensaje tú le estas dando a esos muchachos que estan todos los dias entrenando en la Eide y en las escuelas de deporte la pelota? Le estas diciendo que están en el deporte equivocado”, decía un internauta en Facebook.

Contrario a lo que suele ocurrir a veces -el fútbol se trasmite en muchas ocasiones por el canal HD y el Tele Rebelde es destinado al béisbol-, en esa ocasión el balompié copó ambos canales, mientras otras personas continuaban escuchando el enfrentamiento de la Serie Nacional por emisoras de radio.

El debate llegó también a Twitter, hasta las cuentas de periodistas conocidos en la Isla, como Oscar Sánchez, quien dijo que “soy un defensor de mi canal Telerebelde, el de los deportes en #Cuba, de su diversa parrilla, pero no entiendo cómo dieron en vivo el clásico del fútbol español y diferido el de la pelota cubana, que es nuestra propia cultura diferida”.

Lo cierto es que los clásicos, aquellos enfrentamientos marcados en el calendario por miles de personas, son momentos puntuales donde los deportes cobran otra magnitud, y la rivalidad alcanza el máximo nivel.

Son estas las ocasiones las que llevan a pensar que, pese a las dificultades, la emigración y la calidad perdida, la pelota cubana está viva más allá de cualquier transmisión televisiva porque todavía tiene fanáticos que la defienden, incluso ante uno de los espectáculos más grandes del mundo.

Son estos momentos puntuales del año -como el clásico de la pelota cubana o los play off-, pese a los estadios vacíos y la añoranza por la conga, los que llevan a afirmar que el pasatiempo nacional y sus seguidores se merecen más que paños tibios, un cambio profundo, estructural y en todos los niveles -no solo deportivo, sino social-, para que el béisbol cubano vuelva a ser lo que un día fue. Porque, en definitiva, siempre ha sido más que un juego.

Mantente actualizado con Telegram

¿Quieres estar siempre al tanto de la actualidad del deporte cubano? Únete a nuestro canal de Telegram: ¡lleva a Play Off en tu bolsillo! Haz click para seguirnos en: t.me/playoffmagazine