Foto: MARC SEROTA/GETTY IMAGES

Nadie sabe hasta dónde hubiera llegado el cubano José Fernández en Grandes Ligas, si un accidente de bote no hubiera cortado su vida cuando apenas comenzaba a despegar en el mejor béisbol del mundo.

El Balserito cumpliría este 31 de julio 28 años, y si especulamos, estaría en el pináculo de su carrera, como líder desde el montículo de la armada cubana en MLB, y si hubiera seguido con su prometedora carrera, quién sabe si fuera uno de los mejores lanzadores de la Gran Carpa.

Pero el corto tiempo que vivió en MLB fue suficiente para deslumbrar a los aficionados y especialistas, quienes veían en él a un potencial Salón de la Fama, por su rendimiento y el carácter de líder que poseía.

El reportero de MLB.com, Joe Frisaro, compiló una lista con los cinco mejores lanzadores derechos en la historia de los Marlins, con José Fernández como primera elección.

“La interrogante que surge al pensar en el legado del serpentinero cubano es qué tan lejos hubiera llegado. El abridor falleció a los 24 años tras un accidente náutico el 25 de septiembre del 2016 — una semana después de su última apertura en las Grandes Ligas, que el lanzallamas calificó como su mejor presentación en las Mayores. Ponchó a 12 en ocho entradas — la salida más larga de su carrera — en una victoria por 1-0 sobre los Nacionales el 20 de septiembre”, escribe Frisaro.

Fernández debutó un 7 de abril de 2013 cuando chocaron los Marlins de Miami y los Mets de Nueva York, en la casa de lo últimos, y el estreno del fenómeno cubano no podía ser más que espectacular. Durante 5 entradas de labor toleró solo una anotación, apenas dio un boleto, aceptó 3 hits y repartió ocho ponches: récord de ponches para un lanzador debutante de los Marlins en su historia.

Esa temporada fue de otra galaxia, al lograr 12 victorias y 6 derrotas, con un promedio de 2.19, y sumando 187 ponches en 172 innings y dos tercios de actuación. Por si fuera poco, se ganó un puesto en el All Star y fue elegido Rookie del año de la Liga Nacional, apartado en el cual dejó en el camino a su compatriota Yasiel Puig, otro show mediático que atraía todas las miradas.

Su debut fue aún más impresionante, si tenemos en cuenta que los Marlins perdieron 100 desafíos: José ganó 12 y perdió seis en un equipo que sufrió 100 derrotas.

Hablamos de un poderoso serpentinero, que apenas jugó cuatros temporadas, lo cual da más brillo a esta selección. En ese tiempo, fue Novato del Año de la Liga Nacional en el 2013 y dos veces convocado al Juego de Estrellas.

“Tras su llegada de Cuba, Fernández inmediatamente se convirtió en una sensación en el estado de la Florida y llamó la atención de la Gran Carpa. Su arsenal era eléctrico y cada vez que lanzaba, lo hacía con gran emoción y energía”.

Para más señas, en cuatro campañas, dejó registro de 38-17 con un equipo perdedor, y un excelente promedio de carreras limpias de 2.58. Su tasa de ponches fue de 11,2 por cada nueve innings, contra apenas 2,7 bases por bolas.

“Tenía una gran alegría en el terreno. Los otros muchachos decían lo mismo cuando él lanzaba. Aunque te enfadaban algunas de las cosas que hacía, lucía como uno de los niños de Pequeñas Ligas o algo por el estilo. Ésa era la alegría con que José jugaba y la pasión que sentía cuando estaba en el terreno”, dijo Don Mattingly, tras la muerte de Fernández.

En su casa, el enorme Marlins Park, había pocos capaz de derrotarlo. Tanto fue así que, en 42 aperturas como local, obtuvo resultados fenomenales: 29-2 y su promedio era galáctico, con 1.49. Solo existía una palabra para resumirlo: fenomenal.

José se despidió con una campaña fenomenal, en la cual logró 16 victorias, perdió 8 juegos, lanzó para 2.86 y regaló 253 ponches en 182.1 innings de actuación.

En su última salida, pocos días antes de morir a los 24 años tras un accidente náutico el 25 de septiembre del 2016, José selló su leyenda con 12 ponches en ocho entradas — la salida más larga de su carrera —, y su equipo logró la victoria 1-0 sobre los Nacionales. Se despidió del montículo tal como empezó, con todo el talento que llevaba en su brazo.

«Todos sabemos el impacto que tuvo en las Grandes Ligas, todas las cosas buenas que él (hizo) como cubano, como emigrante. Creo que fue el sueño de todo cubano de llegar a Estados Unidos, triunfar y tener el sueño americano y hacer lo que más le gustaba, que era jugar al béisbol. Una cosa increíble», dijo sobre el su amigo, también cubano y estrella de MLB, Aledmys Díaz.

Fernández fue una estrella truncada cuando empezaba a tejer su leyenda. Su último juego fue una joya de pícheo que, vista desde la distancia, parece ahora una despedida. Cumpliría 28 años.

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