¿Cuánto aguanta un deporte con semejante sangría de talento? Mejor, la pregunta sería: ¿qué significa para el béisbol cubano que en 2019 haya perdido más de 100 jugadores de distintos niveles, muchos en edades de formación?

Los números son una estocada profunda para el pasatiempo nacional de la Isla. Según Francys Romero en Diario de Cuba, en 2019 abandonaron Cuba unos 106 peloteros -de acuerdo con su cuenta personal- como muestra de que el éxodo de talento es indetenible, por más que se hayan roto los acuerdos con MLB establecidos en 2018, y que presagiaban un futuro feliz.

Pero quizás uno de los elementos más preocupantes de lo que expone Romero, especialista en el béisbol cubano y su emigración, es la edad con la cual deciden emprender la aventura: el promedio de este poco más de un centenar es de 17.8 años.

¿Qué significa esto? Que cada vez se van a menor edad, y muchos sin apenas debutar en la Serie Nacional. De esta manera, la máxima categoría ve cómo se pierde la cantera que debería nutrirla con sangra joven, y como terminan escalando, en repetidas ocasiones, otros con menos calidad.

En muchos casos, se marchan sin jugar en la Serie, aunque unos 28, el 26.4 por ciento, actuaron al menos una temporada, y no llegan a madurar en el otro poderoso campeonato de la Isla.

Ya no esperan a formarse o tener como vitrina el equipo nacional de mayores, como hicieron tiempo atrás Yulieski Gurriel, Aroldis Chapman, José Dariel Abreu o Yoenis Céspedes, quienes deslumbraban a los scouts de las organizaciones de MLB, que los miraban insistentemente.

Una gran parte de la nueva hornada prefiere pulirse en el exterior, ponerse en manos de otros preparadores, y no miran a la Serie Nacional como el lugar soñado para demostrar su valía y hacer méritos para vestir el uniforme de las cuatro letras.

Las categorías inferiores de la pelota cubana siguen produciendo buen talento, con condiciones una gran parte de ellos, pero estos -o sus padres-, no quieren seguir esperando por la política de contratación de las autoridades beisboleras cubanas.

“La tendencia de salida entre peloteros de 15 a 17 es una realidad manifiesta. Los cazatalentos desechan cada vez más frecuentemente edades superiores a los 22 años. El mercado ha variado los métodos de búsqueda y es por esto que los patrones del éxodo han mantenido el descenso de las edades”, explica Romero.

Las mismas investigaciones de Francys, recuerdan que esto no es, ni remotamente, una situación nueva. En un trabajo de junio de 2017, del periodista de ESPN Scott Eden, se citaba como desde 2014 hasta ese momento, cerca de 349 peloteros habían emigrado de la Isla.

“Hubo 54 deserciones en 2014; una explosión muy comprobable se produjo en 2015, con 184 peloteros, y más de 100 desde entonces. Casi 10 peloteros por mes vuelan de la isla. Más peloteros han dejado Cuba desde 2014 que en los otros años combinados en los cuales la isla ha estado bajo los designios de Fidel y Raúl Castro, o sea, más de medio siglo”, explicaba entonces.

En 2015 se fueron nombres prometedores, entre los 16 a 18 años, como Adrián Morejón, Lázaro Armenteros, Miguel Vargas, Omar Estévez y Yusniel Díaz. Solo seis jugadores rebasaban la edad de los 30 años entonces.

Cada mes nos sorprende la noticia de que uno u otro talento salió buscando MLB o el béisbol profesional. Para los fanáticos, es cada vez más frecuente que los nombres cambien regularmente, y que las promesas se queden en solo eso: promesas cuyos nombres escucharon alguna vez.

Oscar Luis Colás, el pregonado lanzador-bateador santiaguero que intervino en tierras niponas, ya no reside en Cuba, pues no le fue suficiente la propuesta de Japón y se lanzó a perseguir MLB.

Yoelkis Céspedes, el hermano menor de Yoenis, también dejó el país. Su nombre resuena por estos días, pues el granmense encabeza los mejores prospectos internacionales de 2020.

Pero lo destacado es que, según el listado de publicado por MLB.com, el granmense está rankeado número uno, en una compilación que también coloca a otros cuatro cubanos en posiciones cimeras entre los 20 mejores, como son Pedro León (sexto); Yiddi Cappe (noveno); Dyan Jorge (18); Norge Carlos Vera (20).

Esta lista reafirma los números expuestos por Romero y las conclusiones que extraemos de ellas: todavía existe calidad en la pelota cubana, y la partida será, cada vez, más temprana.

En este caso, por ejemplo, Yoelkis es el mayor de todos, y solo llega a los 22 años de vida. León apenas ostenta 21, mientras Yiddi Cappe es un torpedero espigado de apenas 17 años, igual que Jorge, quien fue capaz de correr las 60 yardas en menos de seis segundos.

Allá en la Gran Carpa, ya hay una generación haciéndose un nombre, de menor edad que los Céspedes, Gurriel o Abreu, como son Yoan Moncada, Jorge Soler, o uno que incluso no ha debutado, como Luis Robert Moirán. Pero detrás le sigue una camada imberbe, que pinta un futuro promisorio para Cuba en MLB.

Dentro de la Isla, los decisores del béisbol cubano intentan revivirlo. Realizaron meses atrás una consulta popular para intentar hallar respuestas a sus dificultades, la cual apenas tuvo unos cientos de respuestas por correo electrónicos y unos más de 3000 participantes.

Incluso, para alimentar a su equipo nacional y a la estrategia de contratación en ligas internacionales con peloteros de calidad, se envían a los distintos territorios listados preliminares de peloteros considerados como talentos, llamados a integrarse al Centro de Entrenamiento 2020-2024.

En cuanto a las contrataciones, hay acercamientos con Japón, en donde han sido firmados talentos y otros experimentados de renombre. Mientras, con México también hay escaramuzas, pero no es suficiente. Es poco para los cientos de peloteros en formación y sus padres, quienes ven en sus hijos posibilidades de destacarse en el mundo profesional.

Hay preguntas que no tienen respuestas todavía: ¿quién detiene el éxodo?, ¿cómo convertir otros destinos en apetecibles?, ¿cómo garantizar suficientes contratos para los peloteros en otras ligas?

Para la pelota cubana parece un partido imposible de remontar. La emigración no se detendrá en las condiciones actuales, porque además de la libertad para decidir su destino, ninguna de las competencias a las cuales pueden acceder los atletas bajo el amparo de la federación tiene el brillo, renombre y calidad que aquella con que sueñan todos estos jóvenes, donde se juega el mejor béisbol del mundo: Grandes Ligas.

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