Los cuatro gringos estuvieron haciendo fotos de hombres en los puchimboles hasta que ella subió a tirar golpes. Antes ella hacía calentamiento y ninguno había advertido su delgadez ni sus millones de trenzas; no la habían retratado porque andaban buscando boxeo y no les pareció atractivo que esta mujer con las manos vendadas encajara piñazos en el aire.

Hay guantes de varias categorías alrededor del ring. Los puchimboles cuelgan del techo o de perchas de hierro. Un tipo flaco lanza puñetazos desordenados; otro culebrea entre golpes que no existen. En la misma calle de La Habana Vieja están este gimnasio, Jesús Montané, y el Rafael Trejo, mucho más vistoso.

Al ring se llega por una escalera más o menos tambaleándose. Para entrar hay que arquearse entre dos cuerdas. El suelo es de lona blanca y blanda pero los pies notan varios tablones que sobresalen y son un peligro. Ella bromea con que aquí es mejor que no te noqueen porque, si sucede, capaz que mueras entre el golpe del puño y el golpe en los tablones cuando caigas.

Arriba ella comienza la rutina de desplazamientos rápidos y combinaciones contra las manoplas del entrenador, que le rompe la guardia o se le escapa por el cuadrilátero. Los cuatro gringos se han estacionado en las esquinas del ring.

Ella, guantes de diez onzas de peso, las trenzas recogidas a la espalda, lleva tiempo practicando con hombres. Él, 53 años, musculoso, fue subcampeón mundial de peso welter en Rumanía 1985 y lleva 23 años de coaching. Ella rota y se faja y a veces descansa contra las cuerdas. Recta izquierda– recta derecha– gancho; gancho izquierdo– gancho derecho– recta. El entrenador Radamés Castillo explica que le enseña la filosofía vieja del boxeo, sobre todo lo que él llama golpe perfecto: el puño que apunta al hombro de donde sale, gira en el aire y choca en el contrario. Dice que lo demás son manotazos. Y que ella es tremenda boxeadora, sobre todo por sus piernas.

Idamelys Moreno, boxeadora cubana
Hansel Leyva | Play-Off Magazine Idamelys Moreno, boxeadora cubana. Foto: Hansel Leyva.

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Idamelys Moreno tenía 12 años cuando pisó la Escuela de Iniciación Deportiva. Era 2004 y Cuba había iniciado una campaña promocional para los Juegos Olímpicos de Atenas. La televisión, cada diez minutos, pasaba un videoclip donde Niurka Reyes y Augusto Enríquez entonaban “el mensaje emotivo del atleta que va a luchar por su bandera, por su patria y a ganar una medalla”. Una vez en Atenas/ puede ser que consiga/ lo que tanto me ha hecho soñar, repetía el estribillo.

Mientras, ella empezaba en atletismo. Se había pasado la niñez corriendo lo mismo para la escuela que para comprar pan que para echar carreritas con su madre. Le gustaba correr y el salto largo y quedarse despierta con su padre para ver el boxeo, que Cuba dominaba con bestias como Yuriorkis Gamboa y Guillermo Rigondeaux, tanto que de los nueve oros que el país consiguió en Atenas, cinco fueron de boxeo.

Idamelys seguía los combates y se entraba a piñazos con toda la EIDE, lo mismo con hembras que con varones. Y seguía corriendo. En sexto grado saltó 5.80 metros e hizo récord nacional para esa edad en unos juegos escolares. “Pero llegó un momento en que supe que no iba a lograr más nada”. Cambió el atletismo por lucha libre y la lucha libre por fútbol.

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El Comité Olímpico Internacional anunció en 2009 la admisión del boxeo femenino a partir de los Juegos de Londres 2012. Con cambios mínimos en el pesaje, las 11 divisiones masculinas fueron bajadas a diez y se incluyeron tres para mujeres: peso mosca (48–51 kg), liviano (60 kg) y medio (69–75 kg). El reglamento obliga a utilizar protector bucal, de senos (especie de brasier de silicona) y de pelvis (calzón de vinil o cuero). Camiseta, botines ordinarios y short. Sin casco. Con guantes de ocho onzas para los pesos mosca y liviano, y de diez para peso medio. En olimpiadas pelean cuatro asaltos de dos minutos.

“No tenemos intención de participar en ningún torneo internacional, porque consideramos esta modalidad no apropiada”, afirmó José Barrientos, entonces presidente de la Federación Cubana de Boxeo.

En el Excel Exhibition Centre of London la inglesa Nicola Adams, de peso mosca, obtuvo el primer título olímpico de boxeo femenino, y Reino Unido terminó en primer puesto en el medallero con 3–1–1. Cuba acabó tercera con dos oros y dos bronces.

Dos meses antes de las olimpiadas en Río de Janeiro, en junio de 2016, el nuevo presidente de la FCB, Alberto Puig de la Barca, dijo que estaba en estudio la posibilidad de que el país enviara boxeadoras a “próximos eventos internacionales”, y que no había “un sistema organizado” para el desarrollo de esta disciplina, sino algunas “individualidades” con “potencialidades”.

Idamelys Moreno, boxeadora cubana
Eduardo González Martínez | Play-Off Magazine Idamelys Moreno, boxeadora cubana. Foto: Hansel Leyva.

En la Escuela Superior de Perfeccionamiento Atlético de La Habana había una docena de mujeres preparándose. Era, la mayoría, taekwondocas esperanzadas por la posibilidad de que las autorizaran a boxear. Estaban a la espera de una reunión entre no se sabe quiénes, donde supuestamente les darían el sí definitivo.

Idamelys, aburrida del fútbol, pasó una mañana frente al gimnasio donde entrenaban, entró con una amiga, se dieron unos guantazos y le gustó.

“Llegó un día a la casa con esa historia. A mí me dio miedo. Le dije: Niña, ¿de dónde salió esa idea?”. Idalmis Téllez, madre de Idamelys, es maestra de Física y sabe que el gusto por los combates le viene a Idamelys de su padre, que fue judoca; aún así no hay forma de que se acostumbre. “No me gusta verla recibir golpes. Me duele mucho”, dice y se acomoda los espejuelos. “Pero cuando ella elige un camino es difícil hacerla cambiar de opinión. No me quedó más remedio que apoyarla”.

Ochenta y seis mujeres compitieron en Río de Janeiro. La reunión en La Habana concluyó que no aprobarían nada, y que, por ende, aquellas muchachas ya no podían entrenar en la ESPA. Los Domadores de Cuba, sin Domadoras, terminaron segundos con tres medallas de oro y tres de bronce, seguidos por Francia con 2–2–2. Estelle Mossely (peso liviano) y Sarah Ourahmoune (mosca) ganaron oro y plata para los galos.

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No podía dormir la noche antes. Yo decía: Esa va a acabar conmigo. Habíamos entrenado un poco juntas, pero yo estaba en 51 kilos y ella pesaba mucho más que yo. Además, yo no estaba técnicamente bien. Ella era parte de un equipo de España que vino aquí a medirse. Eran cinco hombres y cinco mujeres. Estuvieron entrenando con nosotros y terminamos con un tope extraoficial, en un ring que inventaron en la calle, en San Miguel del Padrón, porque las mujeres no podemos pelear en ninguna institución del Estado. Yo estaba muy nerviosa porque nada más había hecho sparring, y también por el público: había mucha gente que fue uniéndose. Pero después que suena la campana a una se le acaba el susto. Es hacer lo que sabes y lo que no sabes, y tratar de dar y que no te den. Mi combate no fue difícil. La muchacha no tenía tanta calidad. Yo tampoco, yo llevaba un año y pico peleando nada más. Me acuerdo de que iba a tirar un gancho y no pude. Yo en la mente decía: Voy a tirar un gancho, pero cuando fui a hacerlo no pude. Tiré rectas, y traté de esquivar lo más posible. Son tres asaltos de adrenalina pura en ese cuadradito. El primero casi siempre es de reconocimiento: estudiar al contrario: si es más fuerte, si tiene más empuje, si no se cansa. Después los entrenadores te gritan: Pasa la mano de atrás, tira swing, tira un gancho. Lo que se les ocurra. Si tú pudieras hacer todo lo que te gritan desde afuera, todo el mundo ganara. Y cuando te sientas en el descanso te dicen: Estuvo bien, pero esto está mal y esto está mal. Porque el entrenador está observando y te guía: Ya no tires más esto o aquello, que no está siendo efectivo. Yo creo que me dieron más de lo que di, pero di. Al final nos levantaron la mano a las dos. No había ganadores ni perdedores. De todos modos me bajé molesta conmigo misma. Cuando tú ves que te caen a golpes es cuando te das cuenta de que estás mal. Y bueno, a todos los que participamos nos dieron una medalla. Esos eran buenos tiempos, una se pedía medir con mujeres. Yo con la de 48 y con la 60, la 60 con la 75, y así. Pero ahora no queda nadie. Ninguna quería estar toda la vida esperando una respuesta. Han pasado cuatro años. Todavía estuvieran esperando.

En un mueble en la sala de su casa cuelgan cuatro medallas: oro de salto largo, bronce en lucha, oro en fútbol y esta: lo único que ha ganado boxeando.

Idamelys Moreno, boxeadora cubana
Eduardo González Martínez | Play-Off Magazine Idamelys Moreno, boxeadora cubana. Foto: Hansel Leyva.

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Después de que las sacaron de la ESPA, Idamelys estuvo trabajando como maestra de Educación Física y empezó licenciatura en Deportes en un curso sabatino. Emilio Correa Bayeux, bicampeón panamericano de peso medio, les resolvió para que continuaran en el Rafael Trejo. “Ellas pueden aportar más gloria al deporte cubano. Las veo con buena perspectiva, con cualidades y tienen potencial”, dijo Emilio. A esas alturas apenas quedaban dos o tres dispuestas.

Nelsy Torres venía del equipo nacional de pesas y empezó a boxear en 2014, con 17 años. Como Idamelys, estuvo ejercitándose en el Trejo mientras las demás muchachas lo dejaban porque tenían niños o porque se cansaban de la espera. En julio pasado Nelsy emigró a México y encontró un panorama distinto por completo: mucho nivel, mucho rigor, duelos todos los días, competencias entre escuelas cada fin de semana. Su primera contrincante tenía 60 peleas de experiencia; Nelsy tenía los sparrings del Trejo y poco más. “En el segundo round no podía más. Aquello se me hizo eterno”.

“De esta pelea he aprendido que tengo que trabajar más la resistencia. Ya me verán. Si no pierdes no puedes disfrutar las victorias”, publicó entonces en Facebook.

En octubre participó en el Boxing Golden Gloves, uno de los torneos amateur más importantes del mundo. Obtuvo plata.

Su récord actual: tres triunfos y dos derrotas.

Su peso actual: 50 kg.

–Aquí me hago llamar La Domadora. Y subiré al ring siempre con mi bandera, aunque en Cuba no importen las boxeadoras.

Nelsy dice que Idamelys es buena. Que podría tener buenos resultados.

Eduardo González Martínez | Play-Off Magazine Idamelys Moreno, boxeadora cubana. Foto: Hansel Leyva.

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–Claro que me da envidia. Yo podía haberme ido con ella, pero no quise. Tenía otros planes.

A Idamelys le preocupa el tiempo. Con 27 años casi ningún deportista se siente tan bien físicamente. En un país con el nivel de México le tomaría un año llegar a la calidad suficiente, y al menos otro año ganar algo. En Cuba, aunque come lo aparece y entrena más o menos como puede, es solo cuestión de que lo permitan para que ella gane, por lo menos, un título nacional. Por eso se levanta a las nueve cada mañana y llega al gimnasio sobre las 11. A veces el Trejo, a veces el Jesús Montané. Un día hace pesas, corre al siguiente. Y hace mucho sparring. Siempre con hombres. En su cuarto hay fotos donde combate con Cristian Martínez, que es cinco veces campeón nacional, o con el propio Correa. Y hay un retrato grande de Muhammad Alí.

–¿Hasta cuándo piensas seguir intentándolo?

–Yo decía 2020, ahora digo 2024.

El COI informó en junio pasado que el número de plazas para boxeadoras en Tokio 2020 aumentaría a cien, que competirán en cinco divisiones: 51, 57, 60, 69 y 75 kg. También que rebajaban a 186 el cupo de hombres, que hasta el momento era de 250, y a ocho la cantidad de divisiones. Según su informe sobre igualdad de género el Comité pretende alcanzar la paridad total entre ambos sexos para los Juegos de 2024.

Con tal presión, que lo acepten en Cuba es prácticamente cuestión de tiempo.

“Está en proceso de análisis por la dirección del país y tenemos que esperar, pero es necesario”, dijo sobre el tema Rolando Aceval, jefe del colectivo de entrenadores de los Domadores. “Yo apoyo la entrada de las chicas. Como mismo se suben a un tractor o a un avión, como mismo cogen un fusil, pienso que tienen derecho al boxeo”.

–Y si para esa fecha no lo aprueban empezaría otra lucha por ser entrenadora, que tampoco se puede. Si no me han dejado ser atleta, y no me dejan ser entrenadora, no sé qué voy a ser.