Lejanamente, había escuchado hablar de la versión urbana del clásico baloncesto. Cuando era niño, por mi barrio, en las periferias de La Habana, había una cesta de baloncesto en una esquina de la calle, puesta en una pared. Ahí todos los días se reunían los muchachos a jugar en las tardes. No tenía ni idea de que ese tipo de juego era también competitivo y con reglas específicas.

El 3×3 es el baloncesto de la calle. Así como yo lo veía de niño, como espectador, ahora lo retrato a su más alto nivel en Cuba. La mañana en que tomé estas fotos recordé aquellas esquinas de Guanabacoa, donde jugaban los muchachos del barrio. La competencia era dura y rápida, espectacular para un fotorreportaje.