El equipo de pesas cubano volvió a dejar una buena imagen en su paso por los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Esta vez, la protagonista fue Marina Rodríguez, quien se acercó a sus mejores marcas e igualó el puesto conseguido por ella en la cita estival de Río 2016.

La cubana arrancó en el grupo A de los 64 kg. Entre las ocho integrantes que comenzaron junta a ella, la antillana llegó con el acumulado más discreto, igualada con  la turca Nuray Levent. En tanto, su arranque con 95 kg era el de menor peso y su envión (118) solo superaba a dos rivales.

Así comenzó su camino en la capital nipona, con poco  favoritismo, pero con las esperanzas de volver a entrar entre las ocho mejores del campeonato.

Su primer levantamiento fue en el arranque, cuando dejó extendidos sus brazos con el peso de 95 kg. Con el primer intento superado, Marina Rodríguez, colocó 98 kg a la palanqueta, pero se le hizo esquivo. Minutos después regresó y con total entereza superó la marca, logrando las tres luces blancas de los jueces.

La forzuda criolla quedó como la peor ubicada entre las pesistas del grupo en la modalidad de arranque. El resto de las contendientes, mínimo, alcanzó los 100 kg, lo que provocó que acudiera al envión con muy pocas posibilidades de mejorar el octavo lugar de los Juegos anteriores.

Rodríguez solicitó 118 kg para comenzar el envión, su evento más fuerte. Con ese peso, la cubana lució cómoda y agregó 5 kg más la palanqueta. En su segundo intento, con una cifra que se acercaba a sus mejores registros, Marina no tuvo muchos problemas para elevar el hierro, aparentemente. Resulta que los jueces detectaron un fallo en sus movimientos, que condicionó su decisión de invalidar el intento.

A Marina, después de reclamar el veredicto de los árbitros, le tocó lidiar con la injusticia, regresando al área de levantamiento con el mismo peso. Entonces, volvió a iniciar los movimientos, con la misma limpieza que la vez anterior, pero en esa ocasión con un poco de molestia. Así, con una mirada recia, impotente por no gritarle al mundo su frustración estiró sus brazos con la seguridad suficiente para recibir el aprobado de los árbitros.

Como lució la cubana, estoy seguro que podía levantar los 125 kg, cifra que de seguro hubiese solicitado, de fluir todo como lo planeado. De haberlo conseguido, se pudo haber adjudicado el séptimo puesto. Pero no fue así, la realidad fue diferente, consiguió 221 kg en el total y solo le alcanzó para el octavo lugar, cumpliendo con el pronóstico pre-competencia y alcanzando el segundo diploma de las pesas en Tokio.

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