Poco o nada se ha visto en los principales medios de comunicación oficiales cubanos sobre una de las grandes actuaciones del deporte de la Isla en 2019: el triunfo de Yoandy Leal, Robertlandy Simón y Osmany Juantorena con el equipo italiano Lube Civitanova en el Mundial de Clubes de voleibol masculino que terminó en ese país sudamericano este domingo.

Escaso eco ha tenido el éxito de los tres cubanos en dicho certamen, una actuación increíble si se tiene en cuenta que fueron piezas claves en el logro del conjunto italiano, que alcanzó su tercera corona en estas lides.

Si acaso Robertlandy Simón, incorporado nuevamente a la selección nacional cubana, mereció una mención en el Noticiero de Televisión, al parecer como el único cubano que jugó y ganó la final, cuando en realidad fueron los tres artífices, con Leal y Juantorena cargando el peso de los campeones, gracias a marcar 20 puntos cada uno en la discusión de la corona.

De puntillas pasó durante el rendimiento de los antillanos que incluso tuvieron presencia en el Todos Estrellas: Juantorena fue uno de los mejores auxiliares y Simón uno de los mejores centrales.

Para muchos, Leal debió ser el MVP del torneo. Por eso, en un gesto deportivo destacable que dejó perplejos a los aficionados, Bruno Rezende -ganador de ese lauro- llamó a Yoandy Leal al podio y le entregó el trofeo de MVP, como reconocimiento a quien debió ser considerado Más Valioso, por su aporte en la competencia y en la final contra el Sada Cruzeiro.

Los de la Isla dejaron marcas en la historia del voleibol mundial en esta ocasión. Leal, quien ahora juega por Brasil, terminó líder anotador del evento gracias a 65 puntos repartidos en 46 ataques, cinco bloqueos y 14 aces, al tiempo que Juantorena, nacionalizado italiano, se convirtió en el primer jugador con 5 títulos en estas lides, y dejó un envidiable porcentaje en ataque de 58.6 por ciento.

Leal defiende ya los colores de Brasil mientras Juantorena lo hace por Italia. Otro grande, Wilfredo León, compite por Polonia. Cuba pudiera tener, como se ha dicho muchas veces, un equipo nacional muy fuerte si hubiera actuado a tiempo para atraer nuevamente a estos colosos. Mientras, debemos conformarnos solo con el superlativo aporte de Simón.

Un olvido prolongado

Pese a que el desempeño de ciertos deportistas emigrados cubanos ha ganado más espacios en los últimos tiempos en medios oficiales de la Isla, lo cierto es que situaciones como estas tienen muchos precedentes, con la poca mención a resultados destacados de algunos que emigraron de forma legal o ilegal del país, o con referencias a sus personas en términos polémicos.

Quizá uno de los más recurrentes al hablar sobre estas cuestiones sea el caso que envolvió al presentador de la Mesa Redonda, Randy Alonso, en agosto de 2016, cuando llamó “excubano” a Orlando Ortega, el vallista que competía por España y que obtuvo medalla de plata en los Juegos Olímpicos.

Aquello generó muchos comentarios y criterios contrapuestos en redes sociales, que giraron en torno al calificativo expuesto por Alonso y al gesto de Ortega, quien rechazó la bandera cubana para su celebración.

Las omisiones, por supuesto, no llegan solamente de los medios, sino también de parte del Inder y las federaciones de los distintos deportes que obvian la convocatoria a sus filas de muchos atletas en varias disciplinas.

Así ocurre, por ejemplo, en el fútbol, porque el cubano cuyo contrato profesional no se efectúe bajo autorización y amparo del Inder, pierde el derecho de representar a su país, en un claro acto discriminatorio.

Las palabras del Director Jurídico del INDER, Ramiro Domínguez, en entrevista concedida al colega Eduardo Grenier, dejaron clara la forma de actuar de muchos de estos directivos, cuando expuso el motivo de la no convocatoria de estos cubanos.

“Pudiera suceder —declaró Domínguez— que entre nuestros jugadores y los que supuestamente se incorporarían, provenientes del exterior, surgiesen diferencias al interno del elenco, marcadas por la ideología que puedan tener unos y otros. Esas diferencias pueden atentar contra la armonía y el buen desempeño como equipo.” Y nuevamente, surgió la polémica.

Lo ocurrido en esta ocasión con el voleibol no hizo más que recordar que el debate en torno a los deportistas cubanos emigrados quizás no termine nunca. Los fanáticos no renunciarán a sus deportistas, sin importar los “olvidos” u “omisiones”, porque bajo la bandera que lleguen estos éxitos, son triunfos cubanos también.