“Jugar al fútbol es para hombres”, es una frase repetida hasta la sociedad que ha escuchado Dianelis Acuña García, una joven jugadora cubana en una sociedad con conductas machistas y pensamientos muchas veces anclados en décadas anteriores.

Dianelis tuvo una niña feliz en la cual, a diferencia de otras niñas, ella prefería patear balones, ver el clásico entre Real Madrid y FC Barcelona, y celebrar cada gol que marcara su jugador favorito, Leonel Messi, pese a cualquier prejuicio que pudiera enfrentar.

“La chiqui”, como le llaman amistades y familiares, comenzó la práctica activa del fútbol en octavo grado, cuando tenía 14 años. “Con frecuencia participaba en las actividades interescuelas y obtenía el primer lugar. Fue entonces cuando los entrenadores Daine Olivera y Reiniel Bonora se interesaron por mí”, cuenta.

Desde ese momento, se unió a los entrenamientos del equipo de su natal Camagüey y poco a poco, el deporte de las multitudes cobró mayor importancia para ella y, aunque “al principio era solo embullo, luego se convirtió en una pasión, una necesidad”.

El amor por el balompié no llegó a ella de manera fortuita, pues en su entorno se sentía una cercanía con el deporte más hermoso del mundo.

“Siempre escuchaba en mi familia hablar de fútbol, principalmente a mi padre. Este, incluso, al igual que mi primo, practicaron el deporte en su infancia. Era religión disfrutar de los partidos en familia, y más si se trataba del equipo blaugrana”, relata.

“Antes de iniciar en el fútbol, nunca había practicado deportes. Pocos saben que estuve en un grupo de baile español, pero no me apasionaba tanto”, recordó Dianelis.

Lamentablemente, en la carrera deportiva de la camagüeyana hubo momentos en los cuales debió enfrentar los prejuicios por practicar un deporte que, de forma tradicional, fue asociado a los hombres durante mucho tiempo.

futbolista cubana Dianelis Acuña
Foto: Daniel Martínez Futbolista cubana Dianelis Acuña. Foto: Daniel Martínez

“Palabras como el fútbol es solo para hombres, las mujeres solo bailan, cantan, etc. También me decían que adoptaría cuerpo de hombre”, expresó con una sonrisa.

Aunque sus compañeras de clases en ningún momento la excluyeron, otras personas cercanas a estas se encargaban de intentar dificultar la amistad con la futbolista.

“Las muchachas siempre se acercaban a mí para preguntarme cómo era el deporte. Sorprendentemente, los que hacían todo lo posible para evitar esas amistades eran los padres ¿En qué siglo viven esos hombres y mujeres, que intentan contagiar a sus hijos con ideales para nada progresistas?”, se pregunta.

Para un deportista, la ayuda de la familia deviene indispensable. En el caso de Dianelis, sintió el impulso de su entorno más cercano y ningún prejuicio por la disciplina que había escogido para labrar su camino. Padre y madre la apoyaban sin crítica alguna.

“Mis padres me apoyaron al cien por ciento desde mis inicios. Con solo 14 años fuimos a discutir el título del Campeonato Nacional con Granma. Hasta allá fue a verme mi papá –ahora recuerda con cierta tristeza- y ese día fallé un penal y los dos lloramos sin consuelo, aunque el resultado final fue positivo, pues Camagüey se coronó campeón”, cuenta.

Tras finalizar el torneo escolar asistió a su primera experiencia con el Equipo Nacional. Las concentraron durante dos meses en La Habana y luego viajaron rumbo a Jamaica, donde después de superar la primera ronda, quedaron en el camino.

Entre otros resultados destacados estuvo el subcampeonato conseguido en la primera categoría, en el cual participaba con solo 15 años. El otro gran suceso resultó el oro en la Primera Copa de Fútbol Femenino, en la cual se coronó con el seleccionado de Centrales.

El fútbol cubano y, en especial, en el sector de las mujeres, no cuenta con todas las condiciones para su adecuado desarrollo y la situación actual atenta contra el desarrollo normal de cualquier atleta. Es difícil elevar el nivel de un deporte al que no se le presta total atención y que no cuenta con todos lo recursos imprescindibles.  

“Al principio no existían muchos problemas para el desarrollo del fútbol en Camagüey. Éramos la provincia más activa. El año entero realizábamos cumpleaños colectivos, actividades recreativas, visitas a sala de video, donde además de ver audiovisuales, también debatíamos”, dice.

“Ahora todo cambió, pues no se le presta atención al fútbol femenino en Cuba y hay problemas con el alojamiento, transporte, comida, etc. Las competencias no son como las de los hombres; al femenino lo concentran 15 días y ya se hizo el campeonato”, añade.

En el caso de Dianelis, la Cultura Física y el deporte ganaron una licenciada, mientras que la Selección Nacional perdió una gran jugadora del mediocampo, pues la joven decidió dar otro rumbo a su vida ante los obstáculos que provocaron la decepción.

“Decidí estudiar la carrera porque me apasiona el deporte en general. Soy amante del béisbol y mis Toros de la Llanura. Decidí dejar el balompié por falta de motivación”, acotó.

Con el título de Licenciada en su poder, dedica sus esfuerzos a enseñar el arte del fútbol a niñas a las cuales les apasiona el deporte. Desde su nuevo puesto, realizó una comparación con lo que existía en su época.

“El fútbol femenino se ha perdido, no existe la cantidad de niñas dispuestas como antes. La atención al deporte es pésima, los materiales de trabajo escasos y la alimentación no permite que los atletas reciban grandes cargas de entrenamiento. Con esas condiciones, solo me resta inculcar valores de amor al balón, al terreno y a su equipo por sobre todas las cosas,” apuntó.

“Ojalá se pudiera recuperar el fútbol femenino en el país, sinceramente. Ver jugar a chicas este deporte con tantas ganas y entrega y es fenomenal”, concluye la exatleta que fuera miembro del seleccionado nacional y que ahora se dedica a impulsar el deporte que ama como entrenadora.

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