La respiración se ha hecho más acelerada. “Voy subiendo un puerto”, me dice Antuan, quien concedió esta entrevista en un lugar de los Pirineos catalanes, en donde busca su mejor forma para disputar torneos y competencias. Ahora en España, pedalea y lucha por su futuro, aturde sus oídos con música cubana y a veces dice “vale” y “ostia”, pero en las lomas de Las Terrazas, el Esperón, Viñales y muchas otras, está la huella de un joven que, por encima de todo, quiere ser campeón nacional.

“Para amar al ciclismo hay que cogerle el gustico a sufrir”, me dijo Antuan Giral Yañez justo antes de salir en la II etapa de la Maratón Habana-Las Terrazas y creo que no se equivocaba, pues su vida es una amplia muestra de sus palabras.

Acostumbrado a chocar y seguir corriendo, tanto al volante como al manillar, los padres de este cubano nacido en La Habana no podían imaginar que su hijo estaría tan ligado a la adrenalina, el riesgo y la velocidad, al punto de sumar, a sus 21 años, 5 campeonatos nacionales de karting y varios podios como ciclista de montaña.

Esta mezcla ha forjado una notable carrera deportiva y un carácter fuerte para sobreponerse a cualquier obstáculo, y cambiar de disciplina cuando el karting, que lo acompañó desde niño, se “apagó” por problemas con el INDER y la Federación Internacional.  

Eduardo González Martínez | Play-Off Magazine Foto: cuenta de Instagram de Antuan Giral Yañez.

¿Cómo llegas a este deporte y a través de quién?  

Yo era un chiquillo, tenía como 4 años y mi papá era quien competía, pero recuerdo que mi hermana Katy fue la que comenzó a hacer karting en una especie de escuela junto con la gente de motocross. Luego de un tiempo ella pasó a la Federación Nacional de Karting, pero decidió dejar de correr y mi papá comenzó a competir en eventos nacionales y rodeado de ese ambiente, a los 6 años, entré en la categoría de cadete.

¿Cómo recuerdas el vínculo entre tu formación académica y el deporte durante esos primeros años?

Era un niño muy aplicado y disciplinado en la escuela, salía bien en las asignaturas y las profesoras siempre tuvieron el mejor criterio de mí. Pero en la medida en que los compromisos en el karting fueron creciendo, en la escuela mis resultados se vieron afectados. Acostumbrado a estar tras un volante a tan corta edad, estar sentado en una silla sin poder moverme comenzó a ser muy agobiante. Poco a poco fui perdiendo los deseos de estar en la escuela, solo me motivaba estar encima del kart y entrenar.

¿Cuántos años estuviste compitiendo y cuáles fueron algunos de tus principales logros?

Estuve 10 años compitiendo, de los cuales en 5 participé en el campeonato nacional y en todas esas ediciones resulté campeón nacional, dos como cadete, dos como junior y uno en la máxima categoría.

En un deporte que requiere recursos, ¿recuerdas algún problema o alguna experiencia en la que, por cuestiones materiales, no pudieras participar en algún evento?

Con el karting pasamos mucho trabajo, es un deporte muy caro y éramos mi familia y yo tirando contra el mundo y nunca tuvimos patrocinadores. Fui dos veces al NACAM FIA que es el campeonato de América de Karting y las dos veces tuve problemas por este tema. Siempre iba con el peor coche y las dos veces se me terminó rompiendo, en un momento cuando estaba registrando tiempos para estar en el podio. El primer año falló el cable del acelerador y el segundo año una cuestión electrónica. Imagina que en el kart, cada dos carreras, debes cambiar neumáticos y cada neumático oscilaba alrededor de los 300 dólares. A pesar de eso siempre pude disputar títulos, pero eran a partir del sacrificio de mi familia.

¿Cuáles eran las perspectivas que tenías dentro de ese deporte y cuál tu criterio con respecto a la forma en que se organizaban los eventos en Cuba?

En Cuba éramos bastante profesionales. Existían al menos unos 20 pilotos que tenían condiciones para disputar tanto continentales como regionales e incluso, me atrevo a decir que con buenos recursos, se podía pensar hasta en un mundial. Al principio los eventos eran muy buenos, tenían mucho estilo, hasta muchachas modelos con sombrillas en la arrancada. Fue un tiempo en el cual hubo muchos patrocinadores para estas actividades, como Red Bull, Heineken, Citroën, Peugeot y otras marcas radicadas. Luego poco a poco fue menguando, de mi primer campeonato nacional al último cambiaron muchas cosas. Tenía mucha ilusión, había mucha seriedad y constancia a pesar de los problemas económicos tanto por parte de los corredores, como por parte de la federación. Pero las expectativas decrecieron junto a la calidad y rigor de los eventos y tampoco había un salto superior en el futuro.

¿Hasta qué edad competiste y qué razones te motivaron a abandonar el karting?

Competí hasta los 16 años y aclaro, no abandoné el deporte. Comenzaron a existir problemas federativos y de un momento a otro el deporte comenzó a ser ilegal, pues hubo muchos problemas con el INDER y la Federación Internacional y se determinó que no podía practicarse más en Cuba. Estuve un año en la espera de algún evento, pero no existió nada. No lo dejé, el deporte fue el que se apagó. Lo extraño mucho, al final busco la adrenalina y la velocidad. Si existiera la posibilidad de volver a correr, yo diría que sí; si fuera karting como hobbie, pero si fuera algo de más envergadura, estaría dispuesto a dar otro giro en mi vida.

Eduardo González Martínez | Play-Off Magazine Foto: cuenta de Instagram de Antuan Giral Yañez.

¿Cómo llegas al ciclismo?

Llegué al ciclismo de una forma muy curiosa, me compré una bici en ese año de espera del karting para ir haciendo algo físico y no perder la forma. Luego conozco a quien sería mi mejor amigo, Greg Careme, quien hacía BMX (Bicycle motocross) y comenzó a enseñarme trucos y saltos. Mediante él fue que comencé a entrar en el mundillo de las bicis, por el BMX. Luego de un año con la BMX, Greg me comentó sobre el ciclismo de montaña y es cuando conozco a Rafael Arzuaga (Fundador del Club Jíbaro MTB Cuba) quien me prestó una de sus bicis. A partir de la primera salida con el club, Rafa comenzó a ensañarme algunas técnicas de esta modalidad. Todo esto junto a mi padre, quien se fue inclinando poco a poco hacia esta disciplina, pues él había hecho ciclismo de ruta de joven. Pero el hecho que detonó todo fue durante la Titan Tropic de 2015, en la etapa de Viñales-Viñales, cuando vi llegar en sprint a dos competidores, el andaluz José Luis Carrazco y el colombiano Diego Tamayo. Esa imagen fue la que me motivó a entrar en las competencias del ciclismo de montaña, había adrenalina y velocidad otra vez. Por otra parte, ver a Olga Echenique ponerse de líder es otra de esas fotografías que guardo con cariño.

Del karting a la bici de montaña en plena adolescencia, una decisión compleja porque a pesar de que el MTB no es tan costoso como el karting, igual requiere inversiones significativas. ¿Tu familia cómo asumió el cambio?

Mi familia siempre me ha apoyado desde el principio, aunque no comencé con todas las condiciones ni mucho menos, pues inicié con una bici que era un “cacharro”, le partí los pedales y las llantas. Hasta que fui a mi primera carrera en Sanctis Spíritus y mi papá, que en salidas anteriores ya me veía con buenas condiciones, decidió comprarme una bicicleta mejor y pude mutar del karting a la bicicleta. Mi mamá, por otra parte, me ayudaba a la hora de mejorar los componentes y así andaba la familia.

¿Cómo recuerdas ese cambio?

La transición fue fluida, no fue “saltar de palo pa´ rumba”. Un amigo me dice siempre “que el deporte me eligió a mí” y creo que fue así. Me compré una bici por hacer algo saludable y así fue creciendo. En los entrenamientos ese cambio sí fue duro pues en el karting se entrena la preparación física, pero en el ciclismo es mucho más fuerte y sistemática. Reconocí que entrenar seis días en ciclismo es una tarea muy dura, a diferencia del karting donde entrenaba dos o tres. Cuando fui a federarme como ciclista, los funcionarios sonreían porque decían “¿tú eres Antuan Giral, el campeón nacional de karting?” y en ese sentido nunca tuve problema.

En el karting, desde que iniciaste, comenzaron a llover los podios y los campeonatos. ¿Cómo ha sido tu paso por el MTB?

Mi debut fue en la Copa Sanctis Spíritus de BTT, donde con 17 años terminé tercero en el Élite (mayores) y en los años siguientes vinieron dos segundos lugares en este evento y otro en Trinidad. En esa provincia no me he podido coronar. En la Copa Viñales he estado en el podio durante tres años con un tercero, un segundo y uno de campeón. Luego he ganado las copas de Artemisa, Santa Clara y Matanzas, esta última en dos ocasiones. En el Circuito de la Siguaraya del Jardín Botánico Nacional obtuve un tercero en el XCO (Cross Country Olímpico) y primero en le XCE (Cross Country Eliminación) y así han ido las cosas por acá. Como resultados internacionales, el primero fue la Titan Desert, en la que terminé primero en la categoría sub-23, aunque no se premiara y en la Trotamons Bike Race, en la que alcancé el segundo en mi categoría. He corrido varias carreras de nivel UCI como la Cataluña Bike Race o la Andalucía Bike Race y en ambas he tenido muy buenos resultados, pero al ser sub-23 no se premia y no se establece comparativa. En la Tramun UCI obtuve el 6to lugar en una competencia con mucho nivel y se me fue el podio de entre las manos, pero el año que viene volveré con la meta de ganarla.

¿Eres parte del equipo y la federación nacional?

En el 2018 llegué a ser parte de la preselección nacional, y estaba registrando muy buenos números. El camino no sería fácil, algunos no me veían como ciclista por el poco tiempo que llevaba. Decían “que nunca llegaría”, esas fueron las palabras que utilizaron, las que me dejaron sumamente dolido, pero a su vez significó un reto que trato día a día de superar. No obstante, fui como parte de la selección nacional a la Andalucía Bike Race y a partir de allí, decidí estar apartado. Ahora soy parte del equipo de mi provincia, La Habana y así estaré. Me duele no poder llevar la bandera de mi país oficialmente, pero la Federación Nacional me apoya con el reconocimiento y la licencia federativa.

¿Cómo son tus relaciones con la élite del ciclismo cubano?

Tengo muy buenas relaciones con la mayoría, en especial con dos corredores a quienes admiro y aprecio: Leandro Marcos y Yoandry Freire. He tenido la gran oportunidad de que me preparen y de compartir bases de entrenamiento juntos, y dentro del sector masculino son mis referentes, mis ídolos.

¿Cómo influye el entrenador en uno y otro deporte?

Los entrenadores tienen un papel primordial, igualmente existen diferencias entre un deporte y otro. En el karting el entrenador tiene una presencia más emocional y psicológica, desde la transmisión de saberes y experiencias, pero la cuestión física no es muy profunda. Pero en el ciclismo este factor se combina al de tener un conocimiento profundo del atleta, saber ponerte a punto con tu forma física. Estas cuestiones las comprendí en su totalidad a partir de mi vínculo con la marca 101 Percent y mi entrenador Joffre Prunera, a quien agradezco tanto por la exigencia y la calidad con que me ha entrenado en estos tiempos.

¿Cómo ha ido el tema de las decepciones en el ciclismo? ¿Cuál ha sido el punto más crítico en tu carrera?

Como en todo deporte, las decepciones son muchas, lo que la cuestión está en sobreponerse. En el karting perder por algo mecánico era fatal, y como ya te comenté ocurrieron cosas terribles, una de ella me llevó al llanto. En la Andalucía Bike Race de 2018 nunca tuve buenas sensaciones durante toda la carrera, iba mal psicológica y físicamente. Tuve una hipotermia durante la segunda etapa y salí verdaderamente destruido de la carrera. Pero sin duda alguna lo que me ha ocurrido durante toda la crisis de la COVID-19 ha sido una de las más grandes decepciones, crisis…no sé cómo llamarle. Estaba en Cuba entrenando a tope, con mucha intensidad, con objetivos marcados y llegué a España para no poder tocar la bicicleta. Con carencias económicas que me impedían tener un rodillo para entrenar en casa, prácticamente desaparecí de las redes sociales. Todas esas sensaciones me llevaron a pensar en dejar el ciclismo, estuve al borde de vender las bicis, pero por suerte no hubo comprador porque ahora estoy más motivado que nunca.

Salir de Cuba tan joven, afrontar una nueva vida: ¿qué razones te motivaron a ir a España?

Mi objetivo era llegar a Europa y España por el idioma y la gente. En todo el continente hay mucha calidad competitiva, posibilidades de formar parte de un equipo profesional y participar de un calendario de eventos de alta calidad. Comencé a venir gracias a los chicos de Podium que me invitaron a correr la Titan Desert junto a Olga Echenique, luego vine con el equipo nacional, y en el 2019 vine a través de Pinyi Bicis y Tannus Tires, equipo para el que corro actualmente.

¿Qué diferencias hay con respecto a Cuba?

Como ciclista, no importa donde estés, pero el roce competitivo es necesario, una carrera es una carrera donde quiera que la corras. En Cuba hay muchísimo potencial para poder competir en cualquier lugar, pero aquí he crecido como persona, el hecho de vivir solo me ha impuesto una seriedad en mis horarios. He contado con la ayuda de algunos amigos como Carles Pinyol, pero ser responsable de mis actos sin la ayuda directa de mi familia me ha llevado a madurar mucho.

Cuando cuelgas el maillot del entrenamiento, ¿qué pasa con la vida de Antuan?

Siempre entreno entre 3 y 4 horas diarias, y cuando no lo hago siempre estoy practicando otros deportes como skate board o barranquismo. Por otra parte, me encanta la mecánica de las bicis y de autos y junto a Carles Pinyol jefe de Pinyi Bicis, he podido aprender mucho en ese sentido. Me cuesta no tener un hobbie que no sea vinculado al deporte, la música me atrae también, pero esa es otra historia. Me gusta mucho conducir automóviles, agarrar un carro y salir a la carretera abierta. Pero el ciclismo es un deporte muy sacrificado y en esta fase te deja muy poco rato libre.

¿Y las relaciones amorosas?

Respecto al amor, he tenido que sufrir un poco, pues me separan muchos kilómetros de la persona que más me ha impactado en la vida. Ella vive en Panamá y es uno de los aspectos incompletos que tengo hasta el momento.

¿Eres feliz?

Siento que estoy avanzando mucho como ciclista y como persona, que cada vez estoy más cerca de mi sueño de llegar a ser profesional, porque me encantaría poder vivir de esto que me apasiona, el ciclismo. Hay días en los que me levanto extrañando a la familia, amigos, antiguos hábitos; ahora mismo mi hermanito pequeño está creciendo y no he podido estar junto a él, forma parte del sacrificio. Por otra parte, estar aquí en otra cultura requiere una fase de adaptación, pero me alegra hacer nuevos amigos y tener nuevos círculos en los cuales compartir. Pero, salvo a lo que te comenté anteriormente, soy feliz.

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