La pregunta que formulamos tiene una respuesta muy fácil para el aficionado, ante la pobre actuación del béisbol cubano en los últimos eventos internacionales, incluidas las categorías inferiores.

Además, en la Serie Nacional sub 23 se detectan serias dificultades en los tres aspectos primordiales del juego, bateo, defensa y picheo. También, se ven la mayoría de los estadios en malas condiciones, muchos de ellos sin luces.

En los torneos nacionales y provinciales, desde menores hasta los juveniles, se juega muy poco. Nuestros lanzadores no mejoran su control. Los mánagers sacrifican a sus mejores bateadores de forma injustificada, no saben organizar una rotación de picheo, no tienen idea de qué es un cerrador y no son capaces de anunciar quién será su primer relevo.

Si se tiene en cuenta estos aspectos, podríamos afirmar que sí hay una crisis, pero al analizar otras aristas podemos llegar a otras conclusiones.

Dicha crisis está dada, en primer lugar, por el éxodo de algunos de nuestros mejores jugadores. Súmese también la fuga delos mejores prospectos de las categorías inferiores, muchos de ellos sin debutar en la Serie Nacional.

La situación actual de nuestro deporte nacional, por tanto, no puede ser vista en blanco y negro: tiene muchos matices.

En las Grandes Ligas hay gran cantidad de cubanos en la actualidad, una situación sin precedentes en nuestra historia. Supera, incluso, a la época en que no existían limitaciones políticas.

Además, hay que recordar a quienes participan en Japón, en las ligas invernales del Caribe, Europa y donde quiera que se juegue pelota en este mundo.

¿Qué nos pasó en Barranquilla?

La mayoría de estos atletas exitosos que triunfan en el exterior se formaron aquí, en nuestras academias y torneos domésticos. Como ejemplo de esa formación están los jóvenes de quince años que fueron, dos veces consecutivas, campeones mundiales.

A partir de esa edad comienzan a esfumarse. La mayor parte abandona el país, pero muchos de quienes se quedan dejan de entrenar sistemáticamente o caen en manos de entrenadores desfasados y desinteresados, quienes no los ayudan.

Los genes beisboleros están en nuestra sangre. Fíjense ahora mismo en la MLB, con destacados toleteros como J.D Martínez y Nolan Arenado, hijos de padres cubanos.

Este fenómeno no es privativo del béisbol, y ocurre en campos como la medicina, la actuación y con profesionales de todo tipo, quienes abandonan el país en masa por razones similares. El Ballet Nacional de Cuba pierde a sus mejores bailarines jóvenes año tras año, por ejemplo.

Entonces, ¿está en crisis el béisbol cubano?

La pelota que se juega dentro de Cuba, sí está en crisis. Pero de manera general, nuestro béisbol no lo está, porque sigue introduciendo atletas de calidad al máximo nivel mundial del deporte.

¿Tienen solución los problemas que mencionamos? Actualmente, no la hay. Los jugadores siguen emigrando, básicamente, en busca de una mejoría económica. Además, no solo depende de los avances que se pueden tener si se toman medidas internas.

La solución más importante requiere de un respaldo económico que no parece encontrarse en manos de nuestros dirigentes deportivos. Una alternativa pudiera ser que los equipos tengan patrocinadores, algo que no parece aceptable para nuestra dirección. Además, se necesitaría la consabida y necesaria mejoría de las relaciones con Estados Unidos, lo cual tampoco se antoja posible, al menos por el momento.

Estas soluciones permitirían desarrollar los torneos de verano con dieciséis equipos, y uno invernal con cuatro o seis conjuntos, que jugarían desde octubre hasta febrero. En este último competirían los mejores peloteros de la liga de verano, y quienes estén insertados en el circuito estadounidense, fundamentalmente en las ligas menores. Además, aquí las novenas podrían intercambiar jugadores y traer extranjeros.