Hace ya algunos meses, en el programa televisivo Bola Viva, hablé sobre la necesidad de buscar técnicos extranjeros que estuvieran actualizados en los sistemas de entrenamiento, técnicas y estrategias que se usan en el beisbol moderno. De manera evidente, los que ponemos en práctica están totalmente desactualizados.

En aquel momento, no fueron pocos los que se ofendieron con este planteamiento y dijeron que no necesitábamos que nadie nos enseñara a jugar beisbol. Desgraciadamente, la vida me dio la razón de la peor manera posible.

Perdimos el torneo de beisbol de los Juegos Centroamericanos y del Caribe ante conjuntos formados por jugadores de quinta categoría, quienes no tienen contrato para jugar en ningún equipo serio y no son del interés de nadie.

Se ha dicho que las novenas del Caribe son muy fuertes, pero recordemos que no fue el caso de Barranquilla. Es muy notable que nuestros atletas, vencidos en esta ocasión por unos “viejos gordos”, jugaran de tú a tú cinco meses antes con versiones mucho mejores de nuestros rivales en la Serie del Caribe. Entonces, ¿qué pasó?

La respuesta es sencilla: nuestros expertos idearon un absurdo sistema de entrenamiento, acompañado de una más absurda Serie Especial. Esto dio lugar a que los peloteros se agotaran física y mentalmente, que perdieran el deseo de jugar y lucieran tan indefensos como en Barranquilla.

Con estupor veíamos como nuestras autoridades deportivas (no solo beisboleras), llamaban a no preocuparse porque nuestro equipo luciera mal en la gira de preparación contra Colombia y a Venezuela y el enfrentamiento con los universitarios norteamericanos, como ocurrió también con la selección B en el torneo de Holanda. Ellos, irresponsablemente, inflaron la calidad de nuestros contrarios. A esto se unió la gran presión ejercida sobre los atletas, cuando se declaró que tenían que ganar de todas formas.

Hace años que me sorprende nuestro sistema de entrenamiento para la Serie Nacional. No tenemos que copiar todo lo que se hace en MLB y otras ligas. No obstante, si hay métodos suyos que deberían ser analizados y estudiados por nuestros entrenadores.

En Grandes Ligas, con excepción de quienes participan en las ligas de invierno y los jóvenes prospectos que disputan una liga de un mes en Arizona, los jugadores descansan entre cuatro y cinco meses. Después, entrenan entre cinco y siete semanas para jugar 162 partidos, con la excepción de lanzadores y receptores, quienes se incorporan en febrero en vez del primero de marzo, como hacen los demás.

En la primera semana hacen ejercicios e inmediatamente después comienzan a topar con otros conjuntos. Los regulares comienzan jugando tres entradas y aumentan gradualmente hasta el comienzo de la temporada, en la cual solo descansan de dos a tres días por mes.

¿Por qué nuestros equipos tienen que entrenar tres o cuatro meses para una Serie Nacional en la cual juegan entre 45 y 90 partidos, con descanso dos veces a la semana? Debemos encontrar a alguien que nos ayude, o mandar a nuestros especialistas a que se pongan al día con los sistemas de entrenamiento. Atentos: nuestros peloteros podrían ser sometidos a la misma tortura el próximo año.