Quien estaba en la portería me presumió sus tatuajes tribales de abakuá, mientras detenía balones y jugaba con los pies descalzos sobre la hierba mojada de la zona rural de Guanabacoa. Desde que saqué la cámara de mi mochila el partido se puso duro. Era quizás la primera vez que los retrataban jugando. Primero me preguntaron para quién eran las fotos y yo les conté que trabajaba para Play-Off Magazine, una revista digital de deporte cubano. La emoción se les vio en los ojos.

Era un cinco pa’ cinco y de portería figuraban dos varas de madera de unos metros. El portero jugaba con los pies y podía detener el balón con las manos solo en ocasiones. El bote no estaba definido. La habilidad y el talento se hacían notar. La rapidez con la que se movían sobre el pasto mojado era increíble. Hay una buena cantera futbolística por esos parajes. Al terminar, me despedí. Tenía mis fotos y ellos la ilusión de salir al mundo.