Probablemente muchos no conozcan los antecedentes de lo que hoy conocemos como Serie del Caribe, esa fiesta del béisbol latinoamericano que cada febrero se celebra desde hace más de medio siglo.

Sépase que de las Series del Caribe, surgió el proyecto de la Serie Interamericana, iniciativa del empresario venezolano Jesús Corao con el patrocinio de la empresa Cerveza Caracas, allá por el año 1946 y que fue apoyado por Cuba con la participación de una participación de una selección de estrellas en el evento creado por Corao.

Si bien Cuba fue firmante y fundadora de las Series del Caribe, antes del surgimiento del emblemático certamen también se incluyó entre los pioneros que decidieron unir las principales ligas profesionales de béisbol en nuestra área geográfica.

Pero, ¿cómo fue aquella primera Interamericana antes de la hoy conocida Serie del Caribe?

En 1946 el béisbol estaba a punto de convertirse en un amplio sistema organizado alrededor de las Grandes Ligas, y en ese mismo año ocurrió la inauguración del Estadio del Cerro y el conflicto económico-deportivo entra la MLB contra la Liga Mexicana de los hermanos Pasquel.

Para entonces ya en Cuba se vivían ciertas escisiones en el profesionalismo: con sanciones a los contratados en México, otras sedes y circuitos como el estadio La Tropical, y las ligas de Verano, la Nacional y la de la Federación. Por ello, en 1946, ante la invitación de Venezuela, la Liga Cubana —la del Cerro— acudió con sus estrellas a la competencia.

Joseito Rodríguez estuvo al frente de la plantilla de estrellas cubanas en la Serie Interamericana de 1946. FOTO: Cortesía del autor.

Joseíto Rodríguez, el destacado manager y ex jugador de Almendares, fue el encargado de armar una selección de estrellas inscrita como All Cubans, y como era obligatorio viajar por ferrocarril a Camagüey (pues únicamente desde allí volaba la aerolínea holandesa KLM hacia Sudamérica), hicieron en esa ciudad un tope de preparación contra el reciente campeón de la Liga de Verano: el equipo profesional de Camagüey.

El balance del match favoreció a los locales, por lo que Joseíto optó por reforzar con cinco jugadores agramontinos: Amado Ibáñez (campo corto), Pablo García (jardinero), Adolfo Cabrera (primera base), Lino Donoso (lanzador) y Valeriano “Lilo” Fano (jardinero).

Como parte de los All Cubans hicieron también el viaje otros destacados jugadores como Leonardo Goicochea, Armenio Torres, Orlando “Tango” Suárez, Gilberto Castillo, Armando “Indio” Jiménez, Octavio Rubert, Oscar Garmendía, Luis Suárez, Mario Díaz, Héctor Aragón y Asistónico Correoso.

Es oportuno alertar que este All Cubans ha causado cierta confusión entre los investigadores y cronistas, porque en los años 20 hubo otro equipo cubano con igual nombre haciendo giras por Estados Unidos.

Los partidos —realizados en Venezuela— comenzaron el 18 de octubre y terminaron el 13 de noviembre de 1946, con los All Cubans ganadores del trofeo ante Sultanes de Monterrey (México), Cervecería Caracas (los futuros Leones) y el Bushwick Brooklyn de Estados Unidos. Pero, más allá del triunfo cubano, el evento marcó hitos en la historia deportiva venezolana.

Según los investigadores Javier González y Carlos Figueroa en su libro Venezuela-Cuba 80 años de rivalidad beisbolera (1934-2014), durante eñl torneo ocurrió el estreno del sistema de iluminación artificial en el estadio Cerveza Caracas, de San Agustín, sede del primer desafío nocturno en la tierra de Bolívar. Era el 22 octubre y la nómina de Brooklyn ganó 7×6 a los cubanos. Como dato adicional, estas fueron las primeras confrontaciones entre un club profesional venezolano contra otros similares del área geográfica.

Además, Cuba y Venezuela aportaron a su rivalidad amateur existente, la de los profesionales cuando, con pitcheo combinado del espirituano Rubert y el puertopadrense Correoso, los All Cubans vencieron 5×3.

La representación cubana repitió su presencia en la Interamericana con sendos trofeos en 1947 y 1948, y tras un año sabático Venezuela terminó con la historia de estas lides al coronarse en 1950.

Sin embargo, la trascendencia del evento, fue mucho más allá de lo deportivo. Fue tal el éxito inicial que despertó esta experiencia de unir selecciones de diferentes países en la Interamericana, que hombres de negocios como los también venezolanos Oscar “Negro” Prieto y Pablo Morales concibieron una idea más ambiciosa con la convocatoria de los equipos campeones de las ligas invernales de la región geográfica: la génesis de lo conocemos hoy como Serie del Caribe.

Para institucionalizar la Serie se formó en 1948 la Confederación de Béisbol del Caribe, y el proyecto de Prieto y Morales fue aceptado con gran optimismo por Cuba, Puerto Rico, Panamá y, por supuesto, Venezuela, las naciones integrantes del primer acuerdo.

El convenio de las Series del Caribe sería firmado en otra reunión en La Habana, acordándose efectuarlas en sede rotativas siempre en febrero. El resto ha sido contado cientos de veces: La Habana acogió la primera edición en 1949 y con el título de Almendares los equipos cubanos iniciaron la hegemonía que los llevó a copar siete de las 12 primeras ediciones, seguidos por las plantillas de Puerto Rico con cuatro y Panamá con una, cuando en 1960 se suspendió temporalmente por la ausencia de Cuba, cuestión que no cambió tras la eliminación en la Isla del béisbol profesional.

No cabe duda de que la Serie del Caribe terminó por tragarse a la Interamericana, pero lo cierto es que ambas competencias coincidieron por dos años: en 1949 y 1950. Pero el mayor poder económico y la espectacularidad de medir a los campeones de las ligas invernales hicieron sucumbir a la Serie Interamericana.

Esa fue la síntesis de un casi olvidado evento, sin el cual no podríamos entender otro mucho más grande y popular, nutrido por México y que celebra, en los últimos cinco años, la reincorporación de Cuba tras décadas, tras la desaparición de su deporte profesional e instauración de las Series Nacionales.