El Victoria de Girón acogió la nueva entrega de la semifinal vespertina en la pelota cubana entre Las Tunas y Matanzas, que llegaba empatada a la Atenas de Cuba y salió favorable a los locales, que ya acarician la final de la 59 Serie Nacional.

Los de casa habían perdido en teoría a su posible abridor, Yamichel González y tampoco contarían con la presencia de su mánager Armando Ferrer, sancionado después de la dicusión de marras del domingo.

Ante este supuesto entuerto, decidieron echar mano a Yosvani Torres, un otrora grande de los equipos Cuba, ya bastante alejado de lo que una vez fue, aunque bien capaz de presentarse intransitable en un juego de este calibre. Ojo: este año le batearon para .316, aunque supo mantenerse por debajo de las tres limpias por juego.

Como oponente, Yander Guevara. Lanzador cumplidor con Ciego de Ávila y cuando lo piden de refuerzo, con una máxima que llega a veces a las 88 millas, además de entrar y salir de lesiones en las últimas campañas. Es uno de los clásicos lanzadores de los que se dice que “no tiene nada en la bola”, pero camina.

Viendo a estos dos serpentineros, el vaticinio era para una ofensiva destapada, toda vez que el bullpen tampoco parecía tener exponentes de lujo para amarrar una rebelión rival. No obstante, el marcador de 5×3 final favorable a Matanzas, volvió a mostrar que esta parece ser la semifinal más equilibrada de las dos.

Fue un juego donde los mentores empezaron tratando de marcar las carreras por el librito, utilizando al máximo jugadas como los sacrificios para adelantar hombres, robo de bases y pisa y corre, que combinados con algún que otro indiscutible, trajeron las primeras rayas a la pizarra.

Elogio en este aspecto para Pablo Civil, quien con el objetivo de fabricar sus primeras anotaciones puso muy bien a jugar la velocidad en función de la ofensiva, mandando al robo a sus jugadores en dos ocasiones en la misma entrada, factor que posibilitó ubicar hombres en tercera y segunda, que al momento serían remolcados por cohete de Danel Castro.

En este aspecto, sería bueno que otros mánagers tomaran el ejemplo. Hemos pasado de ser una pelota que cuando más se bateaba, también se contaba con excelentes robadores de bases, aún cuando podría parecer que por la ofensiva de largo metraje existente no era algo tan necesario. Atención, no nos referimos a cuando habia bate de aluminio y pelota viva. Hablamos de tiempos no muy lejanos, cuando Enrique Díaz y Eduardo Paret campeaban por su respeto, compartiendo grama con Cepeda, Yulieski o Kendry Morales, entre otros.

Hoy, con una disminución ofensiva notable, con líderes jonroneros que apenas pican cerca de los 20 cuadrangulares en 90 juegos o más (si clasifican a los play off), el robo de base está casi en deshuso. Corredores rápidos hay. Y son malos robadores, como el caso de César Prieto esta campaña. ¿Será que hemos dejado de entrenarlo? Ahí dejo la interrogante.

Regresando al juego, parece justo decir que puede haber despertado el gigante dormido que es la ofensiva de Matanzas, sumándose de a poco hombres claves como Yurisbel Gracial o Jefferson Delgado al barraje artillero de los yumurinos.

Dentro de esto, es justo hablar de Gracial, quien se ha ido ajustando y ha comenzado a hacerse sentir dentro del lineup de Ferrer, levantando poco a poco sus números y brillando con su seguridad defensiva ante sus parciales, quienes demandan precisamente esto del MVP de Japón, ante un pitcheo rival que nada tiene que ver con el que ve allá o en eventos internacionales.

Nuevamente, atención: esto no quiere decir que se vayan a olvidar sus pésimos momentos en 2019 en la arena internacional, pues cuando tuvo la responsabilidad de guiar a Cuba, poco o nada hizo. No obstante, si ayuda significativamente en las aspiraciones de su equipo y se tira el Cuba encima para el preolímpico de Arizona, puede ser estemos a mano de una vez.

La otra cara de la moneda es Arruebarrena. Sigue con un rendimiento muy pobre al bate, sin conectar con la efectividad que de él se espera. Igual, su seguridad con el guante en el campo corto, lo hace indispensable. Como diríamos en el argot popular: “juega muy fácil”.

Otro de los puntos clave hoy fue Noelvis Entenza. Quien vio al Entenza de Industriales y vio al de Matanzas este año, diría que no es el mismo. Y en este juego salió en una de sus mejores versiones, guapo, ponchador, sin temor, recordando por momentos a aquel Entenza de Cienfuegos. Esta actitud ante la potente batería tunera, le valió acreditarse el éxito.

El relevo de Yamichel volvió a ser exquisito. Solo queda una duda: cuando llegó en el octavo, con dos en base, ¿el bateador en turno no pudo dejarlo lanzar? En vez de esto se fue con el primer envío y liquidó las posibilidades tuneras. Aunque entre al medio, es alguien que viene frío, después de dos días de inactividad. Hacerle swing al primer disparo, es pecado mortal. Y no es la primera vez que pasa.

La otra cara de la moneda fueron los relevos de Santiesteban y Cruz. El primero fue bateado con libertad, víctima de los incogibles bien colocados hacia la banda contraria y el segundo siguió fiel a su tendencia a aceptar muchos hits en las entradas que releva, aunque luego se recompone. Para la ocasión de hoy, muy tarde.

Los matanceros entonces volvieron a remontar y ahora, en su casa, donde han sido practicamente imbatibles (30 ganados y 15 perdidos) buscarán poner punto final a un rival al que dominaron durante toda la campaña. Y al parecer, podrían eliminar.

Lo mejor: Civil y la velocidad en función de la ofensiva. El relevo de Noelvis Entenza y la aparente resurrección de Gracial.

Lo peor: los relevistas de Las Tunas, otra vez perdiendo el juego.

Lo curioso: El árbitro de home comenzó el juego con un pulover que claramente tenía un logo de Pepsi Cola en el hombro derecho. Luego de tres entradas, el logo en su manga apareció burdamente cubierto con una tira de esparadrapo. ¿Desconcentraba a alguien o lo habrán “regañado”?