Sangre cubana corre por las venas del adolescente Mikey Torres, quien despunta como una de las futuras estrellas del béisbol en Estados Unidos, pues a su escasa edad, ha sido integrante de las selecciones sub-12 de ese país, campeón panamericano en esta categoría, e integrante también del sub-15.

El jovencito, nacido el 15 de febrero de 2006, es hijo de cubanos emigrantes. Su padre Luis Torres, partió hacia tierras norteamericanas en 1998 con 21 años. Su madre Jenny Torres, tenía solo 9 añitos cuando siguió el camino De ese matrimonio, además de Mikey, nacieron en Miami Jonathan -el hermano mayor- y Samantha, la menor.

Luis es amante del béisbol y fue jugador en categorías escolares en Cuba. Siempre soñó con encaminar a sus hijos en el deporte. El del medio, hasta el momento, le está dando las mayores alegrías a la familia y a los norteños.

Recientemente, Mikey cumplió sus 16 y se está convirtiendo en un jugador con potencialidades que hacen soñar con un futuro en Grandes Ligas. Su padre lo impulsa, pero le pide que disfrute primero, como debería hacer todo chico de su edad.

De los sacrificios y satisfacciones, de los logros, posibilidades y sueños de Mikey habló para Play-Off Magazine su padre villaclareño quien, con sus 45 años, siente enorme orgullo de vivir en EEUU y de que su hijo se abra paso en aquel país.     

¿No haber podido ser pelotero de gran calidad en Cuba fue inspiración para encaminar a su hijo por el béisbol de EEUU?  

Siempre me gustó la pelota, mi papá la jugó siendo niño, después me inculcó ese amor a mí y yo se lo trasmití a mi hijo menor, Mikey. El grande mío no tenía el mismo talento de pequeño, entonces no quise forzarlo. Mikey, desde pequeñito, lo primero que tuvo fue un bate y una pelota plástica, de ahí para acá se inició a jugar en las ligas infantiles. Llevamos la pelota en las venas.

Para mí fue un sueño hecho realidad. En Cuba hay ciertas limitaciones y los padres no tenían el mismo apoyo que se les da en este país. Ahora escucho que los padres cubanos son los que ayudan. Me sentí satisfecho con mi hijo porque a la hora de comprarle los bates, los guantes y uniformes, todo se lo estaba haciendo como si lo estuviera comprando para mí mismo. Tremendo orgullo con él y suerte que tenga ese talento.           

pelotero cubanoamericano Mikey Torres y su padre Luis Torres
Cortesía de la familia Mikey Torres y su padre Luis Torres

Usted fue atleta escolar en Cuba y ahora como padre ha acompañado a su hijo en el tránsito por edades tempranas del béisbol en EEUU.  ¿Cómo ve las dos partes?

Aquí, relativamente, no es tan difícil porque tienen un proceso masivo. Hay parques donde cada uno tiene ligas independientes. Casi todas las comunidades tienen parques de béisbol cercanos donde los niños se pueden iniciar en edades tempranas en la pelota. Por ejemplo, Mikey empezó a jugar a los cinco añitos. Todo fue con muchachitos mayor que él y de ahí pasó a encuentros de diferentes lugares y torneos representando a un equipo. Fue mejorando según pasaba el tiempo y avanzando su nivel.      

Los llamados Travel Team tienen sus coches que practican dos tres y hasta cuatro veces a la semana en dos o tres horas. Con eso da para aprender en el deporte. Si quieres coger el próximo nivel tienes que ir a entrenadores privados y batear, con una persona que le trabaje la técnica y, así mismo, ocurre en el picheo. Los costos son bastante altos, pero es el sacrificio por los hijos y si hay talento, hay que seguir invirtiendo.  

Te encuentras terrenos muy buenos y muy malos. La diferencia grande es que tienen todo para poder desarrollar al muchacho. El hecho de que haya tantos campos de juego te da la posibilidad de que todos se puedan explotar de cierta manera. Unos se desarrollan más temprano y otros más tarde, pero te da el vínculo para poder desarrollarte.

En un año se juegan cerca de 70 u 80 juegos. Para ser niños, es una cantidad alta, te da mucho empuje en el sentido de que aprenden de la manera correcta. Cuando llegan a edades superiores, saben jugar bien a la pelota. 

Es costoso, porque sacrificamos algunas de las cosas para poder darle a Mikey ese entrenamiento que lo pueda poner en los próximos niveles. Es difícil, porque somos simples trabajadores, yo atiendo un almacén de máquinas de refrigeración y mi esposa es contadora. No tenemos compañías, no somos adinerados solo lo ponemos todo en la candela para que el niño salga para adelante. Me satisface hacer el sacrificio porque se ve el resultado del trabajo, entonces el dinero invertido no ha sido en vano.

Yo recuerdo cuando yo era chiquito que en Cuba había guantes, pelotas y bates, a veces escaseaban, pero había. Existía más apoyo de las entidades del gobierno al deporte. Yo llevo muchos años fuera de mi país. Voy a tratar de hablar sin tirar nada por el piso, pero creo que hoy en día el gobierno ha abandonado un poco el apoyo a las edades tempranas de los deportes. Escucho que hay falta de implementos deportivos, no hay casi nada.

Si mi hijo hubiera nacido en Cuba se hubiera desarrollado probablemente, pero me parece que hubiera tomado mucho más tiempo en llegar al nivel que tiene en estos momentos.

Mikey Torres ha representado a Estados Unidos en eventos internacionales en las categorías sub- 12 y sub-15. ¿Cómo ha podido lograrlo?

Una de las mayores cosas que influyeron en él fue que tuvo dos coach cuando se inició: Osmany Santana, ex jardinero de Cienfuegos e Isaul Olivera. Lo ayudaron a entender el juego de pelota y lo básico. Hicieron que le tuviera amor al deporte y no puedo dejar de hablar de ellos dos, eso hay que agradecerlo.   

No ha sido fácil, empezó localmente en la ciudad. Fue eliminándose después de invitarlo de etapas a etapas. Después de ser llamado a la segunda etapa, la calidad fue mejor. Hizo equipo que son regionales. Se hacen torneos en el centro nacional y se escogen los peloteros para la preselección. Estando en la preselección, hacen diferentes ejercicios, juegan entre ellos y finalmente, escogen los 20 mejores.

Hasta donde sé, todos llegan con las mismas oportunidades. No importa de quién sea hijo. No importa que dinero tengan. El ejemplo vivo es mi hijo, que ha sido nómina de este país dos veces. Yo no conozco a nadie a esas alturas del deporte en este país ni doy el dinero tampoco para que lo escojan.

Creo que es una oportunidad justa. Quien más rinde es quien se gana el puesto. Hay veces en las que veo como fanático del deporte, que han esccogido a algunos muchachos en un momento específico que a lo mejor no son mejores que otros, pero es a gusto de los entrenadores. He tenido la dicha de que ha sido de los escogidos siempre.      

¿Cree que su hijo Mikey Torres se convierta en jugador de Grandes Ligas?         

Esa pregunta, es un sueño. Siempre le he dicho que disfrute el momento. Actualmente, está en un momento muy alto de su carrera deportiva, ojalá sea bien larga. Yo jugué pelota, se lo difícil que es ese deporte. Puedes estar ahora mismo arriba y seis meses después paras de batear, cambias cualquier técnica, en fin.

Ahora mismo, está físicamente muy bien. Tiene buen peso para su excelente estatura. Mide 5 pies, 11 pulgadas con 170 libras, no engorda, solo gana músculos, hace muchos ejercicios. Es muy rápido en las 60 yardas. Tiene muy buen brazo zurdo y tira a 92 0 93 millas de los jardines. Se sube a la lomita y tira 89 millas. Los números actuales están por encima de los típicos de su edad, según los técnicos. Tiene tremendo nivel, hay que seguir aumentándolo, mejorando y preparándose en todos los aspectos de juego.

Aquí los scouts profesionales esperan a cuando estas en esas edades porque dicen que es muy temprano, que no vale la pena, porque todavía faltan muchos años para ser elegible. Empiezan a mirar cuando están en grado 11 y 12. Se está desarrollando como outfielder en el center, es muy buen fildeador y juega los demás jardines. En el picheo es ecuánime, con estampa, aunque lo miran como un tremendo bateador y jardinero.  

Algo que lo ayuda es que, en las escuelas, en los grados noveno, décimo, once y doce, juegan juntos. Hacen un equipo y es uno de los torneos más fuertes del momento. Mikey, aunque es uno de los más jovencitos, juega con los de 18 y 19 años, a la par de ellos.         

Es muy temprano para yo decir que va a estar en Grandes Ligas. Estamos contentos porque tiene una universidad ya apalabrada en Miami y quieren que vaya a jugar. Profesional creo que pueda ser. Cuando esté cerca de su graduación de bachillerato, sabremos si en realidad va a tener chance o no. Lo demás es un sueño, todavía es muy jovencito.      

pelotero Mikey Torres
Cortesía de la familia Mikey Torres

¿Cómo le fue a Mikey como integrante de las selecciones nacionales estadounidenses a eventos internacionales en las categorías sub-12 y sub-15?

El primer equipo que hizo fue a unos panamericanos, fue complicado porque lo llevaron siendo lanzador. Cuando llegó a los entrenamientos vieron que era tremendo outfielder. En esa indecisión sufrió porque tuvo pocas oportunidades, pero bateó de 6-3 con dos jonrones en ese panamericano.

Para él fue grande porque estaba representando a su país. Jugaron contra latinos en esos panamericanos y terminaron ganando el primer oro panamericano de la edad sub-12 en la historia de esos juegos para los Estados Unidos. Nunca lo habían ganado.     

Tiene varias fotos con figuras grandes del profesionalismo. Ha jugado con el hijo de Many Ramírez y otros. En el All Star Dream en 2020 estábamos en All Star Games Oklahoma City y uno de los peloteros al frente de los muchachos era Luis González, que tiene ascendencia cubana y se enteró de que era de padres cubanos.

Mi hijo terminó de MVP de ese juego de las estrellas y al próximo año lo volvió a hacer y, básicamente, fue a saludarlo como si lo hubiera conocido de toda la vida. Mikey, desde pequeño, se identifica con Bryce Harper de Philadelphia, incluso le gusta usar el número 34 por él.    

Yo veo a los peloteros de Grandes Ligas que tienen hijos con tremendo talento y saben que no hay que volverse loco porque todo llega a su tiempo. Los ves calmados cuando se ponchan o hacen las cosas mal, es algo normal para ellos. Nosotros queremos que hagan las cosas perfectas. Nosotros los padres que no llegamos a ningún lado nos enfocamos más en todo con preocupación.

Todos esos logros de mi niño lo cogemos para disfrutar a plenitud porque es el resultado de un sacrificio que ha puesto él por el apoyo que le estamos dando nosotros como familia. Le ponemos las herramientas y las aprovecha.  

¿Cómo han podido insertarse en Estados Unidos después de su arribo de Cuba?

Somos cubanos y él nació en Estados Unidos. Hemos acogido este país grandemente. No somos la clásica familia cubana que todos los días come arroz con frijoles y yuca. En la parte culinaria, comemos desde sándwich hasta una hamburguesa. Tratamos de inculcarle el español a él.

Mi esposa vino para acá desde pequeñita con nueve años y domina el inglés perfecto. En la casa se hablan los dos idiomas, es algo extraño. Le gusta hablar más inglés. Tratamos de mantenernos comunicándonos con nuestros hijos en español porque son las raíces nuestras. No es muy difícil convivir con las culturas diferentes.            

Mikey ha ido dos veces a Cuba. Una de las ocasiones fue antes de hacer los equipos sub-12 y sub-15 de Estados Unidos. Estando allá, planificamos un jueguito y jugamos en el estadio de Remedios, donde yo vivía. Muchas personas se quedaron sorprendidas desde aquel entonces por el nivel que tenía. Yo, humildemente, siempre le digo que no se vea superior.

Estaba loco por ir otra vez conmigo hace poco, pero no podía porque estaba en medio de la temporada escolar. Cuando ha ido a Cuba le ha gustado mucho. Va y disfruta porque, de cierta manera, allá el pueblecito de nosotros es muy tranquilo. Tiene libertades que aquí no tiene. Aquí para salir tienes que manejar, si no, no puedes ir a ningún lado. Allá caminando va a todos lados.      

Se parece mucho a mí, es bien jocoso, jodedor y sociable, se le hace todo más fácil. Al final, es cubano, tiene sangre cubana, le gusta Cuba. Habla parecido a nosotros. A veces, cuando quiere, suena que parece un cubanito porque eso está en los genes. Del béisbol cubano tiene esa sangre, con la fuerza que jugamos nosotros que lo dejamos todo en el terreno. Se tira de cabeza y es agresivo.

Hay veces en las que tiende a subestimar a los pícheres, sobre todo, cuando batea y sabe que él es superior y termina luciendo mal, pero tiene muchas virtudes entre ellas la humildad, no le importa los logros que haya tenido y la fama en su categoría y que lo conozca mucha gente aquí. Es tranquilo, no se le meten las cosas en la cabeza, es algo bonito en él.   

¿Cómo valora la pelota en las categorías inferiores de Cuba con respecto a la que ha vivido aquí con su hijo?

Si hubiera sido en los años 90, le hubiera enseñado el béisbol cubano que era de altísimo nivel, pero he visto algunos juegos de ahora y vi hace poco en Cuba un juego de Santiago de Cuba e Industriales y le decía a papi que era increíble que los muchachos de High School de aquí de Miami en la preparatoria y bachillerato tienen más calidad que algunos allá. Eso es chocante para mí, porque yo vine para Estados Unidos en el 98 cuando en Cuba había animales jugando pelota.

En las categorías pequeñas se necesita mucho apoyo y que tengan la misma popularidad de los años del siglo pasado cuando yo era niño, que era lo máximo desde un pueblecito. Tiene que ser desde la raíz y tener todo lo necesario para que se embullen los muchachos. Aquí todo está muy organizado, los muchachos por naturaleza son indisciplinados, pero todo alrededor de ellos funciona y eso los hace responsables con una gota más de disciplina.

¿Las metas inmediatas que se han propuesto?

Una de las cosas es ganar el campeonato del estado de Miami, que es como una provincial en Cuba. Aquí se hace por escuelas y son estatales. Están trabajando duro para eso. Es un equipo muy joven. No creo que lo logren este año. Lo próximo es jugar profesional. Sabe que es difícil y es una carrera larga, pues debe ir mejorando todos los años. En 2025, sería el gran sueño.

Si no llega a ser profesional en los EEUU siempre tiene una escuela que le está pagando sus estudios en una carrera que escoja. Pudieras jugar otra liga profesional en otro país, pero son decisiones que tomaría él. Yo quisiera que jugara pelota en cualquier país del mundo porque es lo que me gusta, pero será él, como adulto, quien decida.  

El hecho de coger la universidad es como un triunfo. El dinero que uno invierte en ellos es mucho más para la escuela. Estoy invirtiendo para vivir el sueño, pero el primer paso importante es que ya tiene la escuela, lo demás sería un extra.      

¿Qué siente, como cubano, al ver a su hijo teniendo un lugar en la historia del béisbol en las categorías escolares estadounidense?

Nunca dejaré de ser cubano. Me hice ciudadano americano hace unos años, pero cuando me preguntan, digo que soy cubano. Yo llevo más años viviendo acá que los que viví en Cuba. No dejaré de serlo nunca, pero, definitivamente, me siento superorgulloso de que uno de mis hijos esté representando al país que me abrió las puertas a una nueva vida.

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