En las gélidas tierras de Ontario, Canadá, reposa la ciudad de Vaughan, donde hace unos meses el cubano Orlendis Benítez firmó su primer contrato como profesional. Fueron tres años de incertidumbre.

Varias lesiones, e incluso una operación de apendicitis, dilataron la rúbrica con algún club. Hoy juega con el Vaughan Azzurri. Es uno de los jugadores cubanos que abandonó la selección nacional en el año 2019, durante una jornada de la Liga de Naciones en Canadá.

Resta importancia a las complejidades de entrenar en Cuba; de hacerse futbolista aquí, bajo la complicidad torturante del sol. Ser pulido en la calle tiene eso: forja la entereza. Las dificultades siempre están -matiza-. “Todo se trata de preparación fuerte, esfuerzo, sacrificio”, sentencia.

“Yo era de un barrio marginado”, recapitula. “Había mucho fútbol; eso era lo mejor. El entrenamiento es duro. Mucho sol. Buena exigencia física. Disfruté mucho mi tiempo jugando con La Habana.”.

Quizá en ese carácter de resiliencia haya influido la mano de Orlando Forcade, un hombre capaz de esculpir el talento como pocos. En el estadio Eladio Cid, de Los Pinos, Arroyo Naranjo, era habitual ver los entrenamientos de las categorías infantiles. Orlendis pasó por allí.

“Con él también llegué a La Habana. De esa etapa tengo buenos recuerdos. Ganamos títulos, discutimos campeonatos. Había grandes jugadores. Varios de ellos me ayudaron en mi carrera. Eso siempre lo tengo en la mente”, rememora.

“Las condiciones eran duras, pero uno estaba acostumbrado”, reitera en un sentir de nostalgia palpable en sus palabras.

Fotos: perfil del entrevistado

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Subyugado por un crisol de deportes como el voleibol, el básquet, el beisbol y el hockey, de a poco el “soccer” ha ganado protagonismo en Canadá. Allí existe una liga semiprofesional para la región donde Orlendis reside.

Denominada League 1 Ontario, el torneo está organizado por la Asociación Canadiense de Fútbol (Canada Soccer), Canadian Soccer Business y la Asociación de Fútbol de Ontario. En su portal digital se define como “un trampolín entre el nivel juvenil de alto rendimiento y los niveles de élite amateur y profesional del juego en la provincia más grande de Canadá”.

“Nuestro enfoque principal es exhibir y desarrollar a las futuras estrellas del fútbol de Canadá, así como proporcionar una plataforma importante para que los entrenadores y oficiales de partidos prometedores se muestren a sí mismos”, añade.

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Mayo, 2019. Orlendis Benítez, a sus 21 años, es la revelación de la edición 104 de la Liga Nacional de Fútbol. Termina subcampeón con La Habana, equipo que lava su imagen tras varios años de mediocres actuaciones. Orlendis en ello tiene mucho que ver. Sobresale por su técnica, volcado en los extremos de la cancha. Los rivales marcan con fuerza al número 11. Es un imán para las faltas.

Influido por el fútbol callejero, le gusta encarar a los defensores rivales. Amaga hacia un lado, dribla hacia otro. Se va de muchos. En más de una vez se “echa al hombro” el equipo. Durante la final frente a Santiago de Cuba tuvo una descomunal segunda mitad en el partido de ida.

Los capitalinos caían 2-0 cuando Darbel Noda bajaba de pecho un balón y fulminaba a Nelson Jhonston para descontar. El Estadio Pedro Marrero empezaba a meter presión. La algarabía estremecía el cuerpo de los jugadores. Orlendis generaba espacios, se deshacía de rivales. En una de esas se va en velocidad entre dos defensores y de vaselina, con sangre fría, define ante un meta que salía a achicar el ángulo. Ponía las tablas con lujo incluido.

Finalmente, el título lo conquistan los indómitos santiagueros en el choque de vuelta, pero Orlendis es elegido Jugador Más Valioso de la temporada por el programa televisivo Fútbol X Dentro.

Sin embargo, no es llamado a la Selección Nacional para participar en la Copa Oro de ese año. Raúl Mederos, por aquel entonces DT de los Leones del Caribe, no cuenta con él.

“Esa temporada fue muy buena, una etapa bonita. Pero no me afectó que no me llamaran al Cuba. Yo jugaba para ayudar a mi equipo, no con otra intención”, sostiene Orlendis.

Una burda e infame actuación del equipo cubano en la Copa Oro le costó el puesto a Mederos. La soga siempre revienta por el lado más delgado versa un antiguo refrán. Esta humillación fue tan grande, como esperada. La incapacidad de la Asociación de Fútbol de Cuba (AFC) en aquel entonces de llamar a jugadores contratados en el exterior, la falacia de preparación desarrollada y otros factores, condujeron a tres derrotas en igual número de presentaciones frente a México, Martinica y Canadá, además de encajar 17 goles y no rubricar ninguno.

Asume el cargo Pablo Elier Sánchez. Llega la ansiada convocatoria para la segunda edición de la Liga de Naciones en septiembre de 2019. Orlendis figura en la lista. Vestirá los colores de Cuba por primera vez. Sin embargo, nunca llega a jugar.

“Fue un momento muy importante en mi carrera. Lo guardo en la memoria. Para mi familia y todas las personas que me ayudaban era un reconocimiento. Uno estaba luchando por eso”, sentencia.

“Era mi primer viaje con la selección. Tenía en mente debutar, pero se me dio la ocasión de irme. Un familiar venía a recogerme y no podía hacerlo después del partido. Tuve que tomar la decisión de quedarme antes”, cuenta.

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En su primera campaña como profesional, Orlendis queda campeón con el Vaughan Azzurri junto al su compañero Alejandro Portal. Ambos vienen juntos desde aquella Liga de Naciones de 2019. Los dos tomaron la misma decisión y, como en aquel entonces, hoy comparten vestuarios.

Su club domina plácidamente la competición. Terminan invictos con 18 éxitos y tres empates. Registran 76 goles, de ellos cinco son de Orlendis. Ha conseguido, además, disputar 945 minutos distribuidos en 16 partidos, los mismos que Alejandro.

“Tengo la suerte de compartir la cancha con un amigo. Trato de recordar lo más que puedo mientras jugamos juntos”, cuenta. “Sé que La Habana me lo dio todo. A ellos les debo parte de mi fútbol. Aprecio mucho a los entrenadores que me ayudaron allí. Siempre se tiene presente”.

Sin dudas, una vez firmado por un club, la vida del atleta cambia. ¿Cuán complejo fue este proceso? ¿Qué dificultades enfrentaste en este camino?

Me fue muy difícil. Tuve varias lesiones, una operación de apendicitis. Todo eso me pasó en medio de conversaciones con diferentes clubes. Varios contratos se cayeron por eso.

El nivel de la Liga es bueno. En comparación con Cuba es más organizado. Los mimos terrenos causan eso. Allá los terrenos no están buenas condiciones. Los equipos optan por jugar al pelotazo. Aquí intentan tocar más la pelota. La organización es muy buena. Ahí están los detalles que la hacen ver más profesional.

En Cuba hay muchos jugadores buenos. Aquí también, algunos retirados de la Champions League y de jugar en Europa. Eso le da más visibilidad a la competición, pero no es tanta la diferencia en cuanto al nivel del fútbol.

Fotos: perfil del entrevistado

¿Cómo fue el crecimiento del Orlendis que jugaba con La Habana al contratado en Canadá?

He ganado en movilidad. Los entrenadores han trabajado conmigo en eso. También en tratar de tocar más la pelota. Ese es el cambio que he dado. Me han enseñado a tocar y ocupar mejor los espacios. En eso he cambiado.

¿Mantienes contacto con otros jugadores de Cuba en Canadá? ¿Se reúnen habitualmente?

Tengo comunicación con todos. Los que están aquí y los de allá. Todos los días pregunto por mi equipo de La Habana. Aquí hablo con Alejandro (Portal) y Andy (Baquero). Casi siempre hacemos algo en la casa; algo de comer. Disfrutamos, salimos. Alejandro y yo entrenamos juntos. Eso siempre es bueno: estar en contacto con los hermanos.

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Según datos publicados por el Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación (INDER) más de 800 atletas han emigrado en la última década. El éxodo de entrenadores incluso supera los 2000 casos.

Este no es un fenómeno nuevo, ni siquiera para el fútbol. Mas, sin dudas, somete al emigrado a un proceso convulso de cambios. Como sentencia el propio Orlendis, conduce a “tomar las riendas de mi vida y salir adelante”.

“M vida ha cambiado mucho”, -refiere. “Dejé atrás mi familia. Nunca había vivido solo, alejado de mis padres. Eso significó mucho para mí. Me siento orgulloso. Las cosas han salido bien. Sigo luchando. Es bastante impactante: un nuevo idioma, nuevo estilo de vida. Pero son cosas a las que uno se puede acostumbrar. Cuando tienes cosas por cumplir, metas por lograr, no es tan difícil”.

¿Qué es lo que más extrañas?

Mi familia y amistades. Extraño el fútbol cubano. Muchas cosas se echan de menos. Sobre todo, mi familia y mi niña.

¿Qué fue lo que más trabajo te costó dejar atrás?

Mi familia. Hasta último momento no quería. Mi papá me dijo que sí, que tomara la decisión. Era un paso importante en mi vida. Hoy me siento orgulloso de mi decisión.

¿Conservas algo con valor sentimental que te hayas llevado de Cuba?

Sí, unas pequeñas espinilleras que mi sobrino me dio para jugar el partido contra Canadá.

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Asentado en Ontario, Canadá, Orlendis no le pierde “ni pie ni pisada” al fútbol cubano. Conserva varios amigos aquí.

Lo que hace falta es una mejor organización”, valora al tiempo que recalca la necesidad de “arreglar los terrenos, entregar buenos implementos para jugar”.

Desestima, además, que en Cuba no haya fútbol. “Nivel hay. Los jugadores son buenos. Deberían ponerle más interés a la Liga, promocionarla, transmitir los partidos… que sea una Liga profesional”.

¿Qué crees de las contrataciones de los futbolistas en Cuba? ¿Por qué no probar tú con esa vía?

No sé cómo funciona eso. Pero en el tiempo que estuve ahí, no era así. Tuve par de contratos, uno en República Dominicana y otro en Ecuador. Ninguno se llegó a dar. Para seguir en eso, tomé la decisión aquí.

¿Has cumplido los objetivos que tenías al emigrar?

Sí, pude jugar profesionalmente en Canadá. Ahora la mayor meta sería seguir adelante; hacer una buena liga el año que viene; afianzarme aquí… y a futuro jugar fuera de Canadá, en otra liga profesional.

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