Como golpes de boxeo o ponches en el béisbol, la pelota cubana recibe otra triste noticia cuando ha pasado muy poco de la despedida de Cheíto Rodríguez: la muerte del recordado lanzador Gregorio Américo Pérez Valdés, conocido con el mote de “Mano Negra”.

Bajo este apodo, se hizo célebre en el béisbol cubano entre la década de los años 60 y principios de los 80 del pasado siglo, primero como pícher con los equipos camagüeyanos y luego con Las Tunas.

Gregorio Pérez nació en 1941 en el poblado de Guayabal, perteneciente al hoy municipio tunero de Amancio, y como refiere el Periódico 26, de Las Tunas, “no fueron pocos los ilustres toleteros de la época que sufrieron el embrujo de sus envíos, siempre escurridizos, con la potencia de sus 90 millas por hora, indescifrables cada vez que utilizaba uno de los sinkers más dominantes de la historia de la pelota nacional”.

“Algunos, como Félix Isasi, han reconocido que fue el lanzador más complicado que enfrentaron en una era de enormes figuras del montículo. No por gusto ocupa el noveno puesto entre los serpentineros más efectivos en series nacionales (2,18) y posee la tercera mejor frecuencia de boletos con al menos 750 entradas lanzadas (1,82), solo por detrás del camagüeyano Luis Campillo (1,37) y del pinareño Orestes González (1,81)”, añadió el colega Dubler R. Vázquez Colomé.

Mano Negra pasó por equipos como Granjeros camagüeyanos, Oriente, Mineros y Cafetaleros, pero terminó con Las Tunas. Tuvo destacados números, pues lideró la IX Serie Nacional, con 12 victorias; así como la I Serie Selectiva, con 1,04 limpias por encuentro, y pasó de las 100 victorias en serie nacionales.

Fue este el mismo hombre que, confesó, que le gustaba “ponchar a los jerarcas: (Antonio) Muñoz, Cheíto (Pedro José Rodríguez), Pedro Chávez”,y que contó a Periódico 26 una inolvidable anécdota con el mismísimo Cheíto Rodríguez, a quien Cuba perdió hace poco tiempo.

Gregorio Pérez
Foto: Dúbler R. Vázquez Colomé Foto: Dúbler R. Vázquez Colomé

“Yo tiraba un tremendo sinker y ese lanzamiento jamás me lo habían levantado. Bueno, pues a Cheíto le tiré uno que casi da contra el piso la primera vez que nos enfrentamos y me la sacó por arriba del techo del left field. Le dio la vuelta al cuadro riéndose y brincó encima de home. Y yo nada más mirándolo y pensando: ‘No te apures, que la tuya llega también’.

“Como a los 15 días volvimos a encontrarnos. Estaba ganando 3×2 en el noveno inning, con dos outs y corredor en tercera. Él no estaba ese día de regular y lo trajeron de emergente. ‘Esta es la mía, te llegó tu hora, cabrón’ (risas). Y empezamos ahí ‘fajaos’, hasta que lo metí en 3 y 2. Entonces me viré como tres veces a tercera, empecé a demorarme a propósito, a sacar el pie hasta que salió Pedrito Pérez a protestarle al árbitro.

“Vi que ya se estaba desesperando y pensé: ‘Ya te tengo donde quería’. Entonces el cácher me pide recta, yo sabía ya que era eso lo que le iba a tirar, pero le dije que no como cinco veces hasta que Cheíto, molesto, pidió tiempo. Se estaría preguntando cuántos lanzamientos yo tenía para haber dicho que no tantas veces… y ahí le puse con todo lo que tenía, lo más duro que podía tirar. Le hizo swing al sonido de la mascota y yo le grité: “Bueno, papa, estamos en paz”.

Adiós a otro grande, Gregorio Pérez.

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