Aunque aún no se ha emitido una nota oficial, es un secreto a voces que el mítico Pedro Jova estará al mando del equipo de los Azucareros de Villa Clara en la próxima Serie Nacional en su edición 61.

“El maestro”, como lo llaman muchos de los aficionados, será una de las estrellas que regresen al campo de juego producto de una “operación rescate” que viene diseñando la Comisión Nacional de Béisbol desde que comenzó en esta temporada el proyecto de desarrollo de talentos, cuando llamaron a varias luminarias del pasado para que se encargaran de monitorear y aconsejar a jóvenes figuras en ascenso.

Según algunas conversaciones que ha tenido este reportero con directivos de este deporte, la idea es que algunas de aquellas glorias deportivas que marcaron hitos y tuvieron resultados relevantes en su carrera en funciones de dirección, puedan volver a vestir el uniforme de sus provincias, una acción muy válida para reconocer la labor de esos hombres que dejaron una impronta en nuestros clásicos nacionales y llevaron a lo más alto del podio en un momento determinado a los equipos bajo su mando.

Uno de esos casos es Jova, un hombre excepcional que impactó como jugador en las décadas del 70 y 80 del pasado siglo y que luego llevaría a su Villa Clara natal a conquistar cinco podios al hilo, entre ellos tres coronas consecutivas, toda una hazaña que solo han podido lograr en la historia del béisbol cubano Ramón Carneado con los Industriales de las primeras Series Nacionales e Higinio Vélez al mando de la “Aplanadora” santiaguera.

El natural de La Esperanza fue Novato del Año en la campaña de 1972 y en 17 temporadas compiló para 315 de Ave, algo que ningún otro torpedero de la época pudo hacer, lo que le sirvió para acaparar algunos lideratos en contiendas nacionales e integrar el equipo Cuba en múltiples eventos como titular de la posición, y obtener medallas de oro de en cuatro Campeonatos Mundiales, dos Juegos Panamericanos, tres Copas Intercontinentales, y unos Juegos Panamericanos, entre muchos otros.

Como director hizo que llamarán a su equipo con el sobrenombre de la “Naranja mecánica” al conseguir el primer lugar desde el 1993 al 1995 y luego dos segundos puestos en 1995 y 1996, hasta que fue separado de sus funciones por una de esas injusticias inexplicables que empañan nuestro pasatiempo favorito donde los culpables no tienen nombre ni apellidos.

Su average de 601, producto de 247 victorias en 411 juegos, y su forja en postemporadas de 24-10, demuestra por qué la noticia ha sido tomada con beneplácito por las grandes mayorías que aman este deporte, como aquella vez que regresó al “Sandino” de Santa Clara luego de siete años de ausencia al mando del sotanero equipo de Guantánamo y la afición se levantó para dedicarle una ovación que parecía eterna.

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