Los dirigentes del béisbol cubano han vuelto a retroceder varios años al aferrarse una vez más a inconcebibles parámetros como el “patriotismo” para conformar un equipo nacional que partirá, nada más y nada menos, que a un evento de categoría mundial.

Otra vez, como si no hubieran aprendido nada, quienes dirigen el pasatiempo nacional demuestran que no están muy alejados de las posturas que rigen al país en sentido general, pues en vísperas de conformar el equipo cubano categoría sub-23 que participará en la III Copa Mundial en México, el mandamás de la novena esgrimió un aspecto que se tuvo en cuenta para conformar la nómina, y que ha dejado a más de uno con la boca abierta.

Eriel Sánchez dejó bien claro en sus declaraciones a Cubadebate que, más allá del rendimiento o la calidad deportiva –la disciplina también es una categoría muy válida-, dos notables talentos del béisbol antillano habrían sido dejados fuera del grupo previo por algún problema con su “patriotismo”, a todas luces una arcaica justificación que suena a décadas pasadas, aunque se trate de un “fantasma” que nunca se ha ido del todo y que está más vivo que nunca.

Interrogado sobre el hecho de que los aficionados se han alarmado al no ver a jóvenes como Yosimar Cousín o Yunior Tur con el grupo, entre sus justificaciones, Eriel se escudó en una palabra suelta entre tantas, que no constituye un detalle menor por su enorme significado simbólico.

“Lo que puedo decir sobre eso es que para confeccionar selecciones nacionales que representen a nuestro país en un evento internacional, hay muchos parámetros que medir. No solo es mirar para cuanto bateó, para cuanto lanzó, o para cuanto fildeó, hay otros aspectos como la disciplina, el patriotismo, etc. He dicho en otras entrevistas que es inconcebible que no estén ellos por su nombre y resultados, pero que revisen entonces los otros parámetros y miren en que fallaron, en que se equivocaron, y que aspectos son los que no cumplen para estar aquí”, afirma el capataz del equipo cubano que asistirá a la III Copa Mundial en México.

El expelotero no definió cual sería el “patriotismo” o los niveles de este abierto, indefinido y dúctil concepto que toma como punta de lanza para la selección.

Cabría pensar cuál es el rasero o instrumento utilizado para medir el “amor” a la patria de Tur y Cousín. Incluso, podríamos especular sobre las supuestas “faltas” de los talentosos peloteros antillanos, que han sido condenados por un sustantivo abstracto o mejor, quizás por no pensar como alguien les exige que lo hagan.

Mientras sea el patriotismo –una palabra de fácil adaptación a intereses personales y sometido al influjo de la ideología-, un parámetro usado para conformar un equipo de cualquier deporte, el béisbol cubano seguirá sin lo que debería ser: un juego de todos, un camino de reconciliación.

La pelota cubana vuelve a chocar con la misma piedra, refuerza sus parámetros excluyentes y vuelve a demostrar que nunca ha dejado de ser un instrumento político para alimentar el “patriotismo” que, según algunos, al parecer le falta a Cousín y Tur.

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